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Opinión: ‘Antifujimorismo’, ¿odio y venganza?

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El último domingo 31, el constitucionalista Luis Castillo Córdova escribió un artículo en el suplemento Semana del diario El Tiempo de Piura en el que defendió el indulto otorgado al exdictador Alberto Fujimori. Castillo escribió lo siguiente: “la liberación del expresidente Fujimori ayudará a erradicar el antifujimorismo. Y no porque se espere que el expresidente haga política, sino porque su liberación generará un espacio de discusión pública en el que se pondrá de manifiesto que el antifujimorismo irracional basado en el odio y la venganza, ha representado y representa hoy un lastre que ha impedido e impide que los peruanos nos unamos realmente”.

Expresiones tan tajantes de uno de los abogados más reconocidos en Piura —y que da cátedra de argumentación jurídica— nos lleva a buscar en el texto los argumentos que sustenten sus afirmaciones. Pero en lugar de ello, encontramos que el autor califica al antifujimorismo de “visceral” y de “oposición insana”. “Con ese antifujimorismo hemos perdido y seguiremos perdiendo todos”, agrega el constitucionalista.

¿A qué llama Castillo antifujimorismo radical? No lo dice. ¿A qué llama odio y venganza? Tampoco lo dice. ¿Cómo la liberación de Alberto Fujimori ayudaría a erradicar el antifujimorismo? No hay sustento. ¿Por qué cree que es visceral e insano oponerse a que un delincuente cumpla su condena? Ni un argumento.

Lo cierto es que el mal llamado “antifujimorismo” es en realidad la vocación patriota de defender la democracia y la dignidad nacional. Los demócratas, debería saberlo Castillo, defienden el Estado de Derecho y las instituciones públicas, y rechazan a quienes las desprecian o despreciaron. Los demócratas velan por el cumplimiento de las leyes y la Constitución, siempre y cuando sean justas. Los demócratas entienden que se puede discrepar y discutir (y protestar) y abrir el debate, pero jamás amparar la infiltración de ideas nocivas.

El fujimorismo concebía y concibe el poder sin control y sin fiscalización: lo hicieron desde 1992 y lo hacen ahora. Su legado cree que la política es una vía para evadir la justicia a través de la inmunidad: lo demuestran sus congresistas. Defender a Fujimori es defender la farsa y el engaño, avalar la impunidad, desdeñar los derechos humanos y minimizar los actos de corrupción.

Es por ello que su salida de la cárcel supone una afrenta a la moralidad, y su pedido de perdón por “defraudar” a los peruanos es una completa burla. El indulto nos deja como un país indigno (con un Estado débil), donde importa más el beneficio propio que el bien colectivo, pues hubo mentiras de por medio, verdades ocultas y pactos a escondidas. Además, el supuesto arrepentimiento de Fujimori leyendo un papel y tergiversando la realidad es el típico discurso al que ya nos tienen acostumbrados.

Contra Fujimori no hay odio ni encono ni venganza ni irracionalidad. Hay reproche hacia sus actos, desprecio a sus delitos, rechazo hacia su régimen que tanto daño hizo. Es decir, hay afán de justicia y defensa de la democracia, en procura de una convivencia pacífica y un Estado de Derecho. Porque solo la memoria con justicia —sin olvido, sin indiferencia—puede abrir la senda del perdón y la reconciliación. Y eso, Dr Castillo, no es ser ‘anti’: es ser ‘pro’.

Carlos Chunga
Comunicador, periodista y corrector de estilo. Le interesa la política y la historia, actualmente prepara una tesis sobre editoriales.
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