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Mariana Enríquez: ” A los chicos les gustan los youtubers y no me horrorizo por eso”

Las cosas que perdimos en el fuego (Anagrama, 2016) fue considerado uno de los mejores libros de cuentos publicados en español el año pasado y se lanza en febrero en EE.UU. Un estupendo volumen de relatos escalofriantes. Pudimos conversar con su autora el mes pasado en el marco de Hay Festival de Arequipa. Aquí la entrevista.

Si bien, ya habías publicado en distintas editoriales de la región, como Montacerdos, UDP y Santuario, la ventaja de hacerlo en Anagrama, es  su distribución y la posibilidad de poder llegar a un mayor número de  lectores. Eso me lleva a preguntarte ¿Qué diferencias has encontrado en la lectura de los cuentos de Las cosas que perdimos en el fuego en países como España y Argentina? ¿Qué es lo que más llama la atención?

Bueno en Argentina es diferente porque tengo varios libros antes, entonces ya me conocen. En Argentina pasé de Planeta a Anagrama. Entonces, es diferente la lectura porque es más local y entienden muchísimo más las referencias políticas, geográficas, etc. Me parece que la lectura en España tiene mucho que ver con cierta “falta de respeto mía” con el cuento, porque son cuentos no muy convencionales ya que tiene muchas tangentes y cuestiones que yo creo que pertenecen a las del cuento moderno. Luego, el género es mezclado y eso es una cosa que se hace muchísimo en la literatura anglosajona, pero no asi la literatura en castellano, lo que por supuesto llama la atención. Y no porque yo sea original, pues estoy tomando un modelo que todavía no se está traduciendo en un sentido más profundo, es decir, pensando cómo están trabajando estos escritores el terror con sus terrores cotidianos y sociales y tratar de hacer lo mismo con los nuestros.

Eso y el tema de las mujeres en primer plano, son las cosas que a los lectores de otros países les llaman un poco más la atención. En Argentina es diferente porque tienen las cuestiones más obvias y pasan desapercibidas.

 

Pasando al tema del horror social, siempre se menciona a Argentina al momento de explicar distintas formas de caer en una catástrofe económica. A veces da más miedo que te llegue una carta mencionando el pago de una deuda  que la aparición de un fantasma y es por eso que el tema económico tiene una relación directa en el bienestar social e individual. Pienso en eventos que se mencionan en tu libro como la época de la paridad dólar-peso en el tercer cuento ¿Cómo ves el traslado de dicho contexto social al plano personal, en la literatura?

Bueno, en primer lugar está el hecho de no pensar a futuro, casi nunca. Ello habla sobre cómo va mutando el carácter nacional, en esta especie de imposibilidad de proyectar a largo plazo. Ese es el problema más importante porque es una cuestión de incertidumbre. A mí no me parece que sea necesariamente catastrófico, pues es muy distinta la  Argentina de los diarios y la Argentina de la crisis. Entonces, uno viaja a Argentina y dice que no es para tanto. Es un país con clase media, que sostiene su educación pública, que sostiene su salud pública. Es un país que tiene sus problemas pero que se sostiene y funciona. Además, es un país un poco neurótico. Así que en lo personal se traduce con neurosis, o sea con bastante ansiedad en no poder proyectarse al futuro, en pensar que siempre el futuro va a ser peor. A mí no me pasa porque yo no tengo esa personalidad y mentalidad como la del argentino de Buenos Aires, que cuando viene la crisis migra, pero nunca migra hacia el interior del país o a un país vecino sino a Europa porque hay un desprendimiento con respecto de América Latina que me parece por un lado muy nocivo y por otro muy evidente. Por ejemplo, yo no conozco ningún argentino que haya decidido irse a vivir a Brasil. Y no hablo de la Argentina de clase alta que se va a hacer su doctorado en Standford, me refiero a argentinos de clase media que les fue mal en su negocio y se van a Madrid.

Ahora que mencionas el tema de poner las mujeres en el primer plano, hace poco hubo en  distintas ciudades latinoamericana marchas con la consigna “Ni Una Menos”, en contra  del machismo arraigado en nuestros países, vigente de forma explícita con tantos feminicidios, pero que también se da de forma subliminal en el día a día ¿Cuál es tu visión de este tema en Argentina? ¿Cómo se está desarrollando

Bueno, en Argentina se dio como una toma de conciencia. Considero que toda movilización espontánea  de la gente provoca un choque cultural de alguna manera. A mí no me parece que la opresión machista en Argentina sea muy terrible. No lo es de hecho. Pero hay cuestiones culturales que llega un momento en que las relaciones entre los géneros no soportan más. Y no estoy hablando acá de violencia doméstica, machista, la cuestión de los feminicidios, que es otro problema y es el que hizo surgir estas marchas.

El problema cultural es el más profundo por la cuestión de que una mujer cosmopolita del 2016 que se hace cargo de sus hijos, trabaja y tiene relaciones con el afuera ya casi totalmente igualitarias en un montón de sentido, no soporta más cierto tipo de dominación que es anacrónica y que se volvió muy violenta en ese sentido porque ya no hay la cuestión machista de pensar que tu esposa es una especie de “propiedad tuya” porque esto en la realidad ya no existe más porque muchas veces por una cuestión de las economías entre países, son las mujeres las que están sosteniendo económicamente los hogares o están solas con sus hijos. Entonces, ya esa cuestión no existe más porque hay una especie de rebelión hacia una situación que está anacrónica y perimida de hecho.

Hablando de una condición de igualdad, yo me considero una feminista radical en el sentido de que a mí me gustaría que hubiera mujeres manejando buses, manejando taxis, etc. Me gustaría que en el mundo del trabajo se note claramente la presencia de la mujer y que no haya especialidades como el trabajo para hombres y mujeres. Para mí esto último me parece una frontera  que hay que cruzar mundialmente. Me parece que es un paso más por dar y salir de esa zona de comodidad de las mujeres. Las últimas marchas me parecen importantes porque se agregó a la marcha una huelga de mujeres y lo que ocurre con eso es que claro, no se nota mucho, porque aún son los varones los que mueven la economía del día a día. Entonces, ahí te das cuenta de una limitación y  se demuestra esa desigualdad.

O sea crees que en el plano económico todavía hay mucho por trabajar

Claramente sí. Durante siglos negociamos los hombres y las mujeres la vida junta y creo que eventualmente se va a seguir negociando. Me parece que todo lo demás se puede conversar y cuando no se puede conversar está la ley.

Hay una atmósfera de abandono e indiferencia que es lo que me ha sorprendido en tu libro. En el primer cuento el hecho que todos vean al niño abandonado y  pasen indiferentes me parece escalofriante, sobre todo porque es una situación cotidiana que ocurre en toda Latinoamérica y que ejemplifica la desigualdad existente y la inacción frente a ella. En países como Argentina, Chile o Perú hay una supuesta “prosperidad económica” que no termina llegando a todos. ¿Cómo ves esta situación? ¿Crees que la literatura está abordando esta desigualdad?

Bueno, yo creo que la literatura argentina es una literatura sumamente política y sociológica así que siempre se están pensando en estas cuestiones. El tema es que a veces es más sorprendente y diferente pensarlas desde el género. En Argentina también hay una tradición de novela policial que también trabaja las cuestiones sociales. Creo que la literatura argentina es una de las más políticas, incluso exageradamente pues se ha leído muchísimo la literatura argentina desde ese punto de vista. Por ejemplo Casa Tomada de Cortázar es cuento que siempre se pensó como un cuento de la llegada del Peronismo con la diferencia de que no hay ningún indicio sobre eso porque es un cuento fantástico donde hay dos hermanos que se van moviendo dentro de una cosa porque la van ocupando y creo que Cortázar nunca lo dijo tampoco. Es una imposición de sentido de ese texto porque en general los sentidos que se buscan a los textos son políticos y la literatura en su mayor parte está relacionado con lo político. Cosa que es interesante porque es una identidad de la literatura y no me molesta ir en contra de eso. Me parece que las literaturas nacionales tienen identidades y que hay un montón de escritores que escapan a esas identidades de alguna manera y eso está bien. Son identidades nacionales de lo literario y no un imaginario que tiene que ver eso. El imaginario argentino es terriblemente político, es un país terriblemente político donde el discurso que circula entre la gente es constantemente político, muchísimo más que en otros lugares, donde polemizar sobre política en el diario no es un problema. Realmente es una cosa muy presente en la comunicación diaria, entonces es imposible que no esté en la literatura.

Yo creo que  hay política en tu libro a través de la relación de poder de los individuos con los personajes y eso me parece muy valioso.   

Lo digo en ese sentido que digamos, o sea los grandes teóricos argentinos literarios como Ricardo Piglia por ejemplo. Piglia es un hombre que pensó toda la tradición literaria argentina desde la política, desde Esteban Echeverría hasta los contemporáneos. Pero no como una política en un aspecto partidario sino de cómo pensamos la cosa pública y la relación con la desigualdad, con la marginación, con los grandes mitos políticos de Argentina, con la violencia política, etc. Existe la literatura que siempre trabajó el peronismo o los años 70, pero  siempre hubo un pequeño porcentaje que reaccionó en contra de eso, lo cual es normal. Igual es una literatura netamente así.

A mí el realismo me aburre. O sea me gusta leerlo pero escribirlo no. Pero sí me interesa política y todo, porque bueno fui formada en esa literatura, soy argentina y es un poco inevitable. Entonces, lo uno a mi interés literario los cuales son los géneros fantásticos y de horror.

Asumo que parte de la construcción de los personajes adolescentes en tu libro debió partir de una cuestión personal, pero sin entender esto como algo necesariamente biográfico. ¿Al momento de hacer estos cuentos hubo otra forma de documentarte sobre este aspecto? ¿Qué es lo más difícil de asumir la voz de un joven?

Es complicado. Tengo un poco de memoria afectiva propia de jóvenes que no tienden a ser jóvenes tan contemporáneos, es decir,  no son jóvenes que tienen 18  ahora sino 18 en los noventa y así. Me interesa la cultura joven, me interesa la música pop sin que me guste tanto y en general hay cosas que me gustan muchísimo y otras no.

Me gusta estar en contacto, estar enterada, no me horrorizo. A los chicos les gustan los youtubers y no me horrorizo por eso. Trato de ver lo que me interesa. Puede  que no me guste la postura o que no la entienda. Teníamos cosas cuando éramos jóvenes que resultaban inentendibles porque son formas. Y me gusta tener un oído con eso, no tanto con jóvenes reales porque en la literatura tampoco hace falta el joven real, pero  de alguna forma  ver que referencias manejan, ver qué les gusta, entre otras cosas. La adolescencia me parece una edad muy cercana a la literatura y muy intensa de la vida en particular que me gusta mucho trabajar literariamente. Cierto atrevimiento de esa edad, cierta inconsciencia de edad, ciertos amores irracionales de esa edad, me parece que son hechos irrepetibles y están muy cercanas a la literatura. Por ejemplo, a un joven los puedes poner a hacer cualquier cosa como personaje en cambio un adulto tiene problemas. Entonces me interesa mucho ver lo que pasa y particularmente no lo uso mucho, solo en un cuento. Últimamente me  está interesando mucho la cuestión de la comunicación digital. La cuestión de internet para una escritora de género, es un mundo de una profundidad de sentidos que particularmente me gusta. El terror y la violencia que contiene…es como si fuera un mundo nuevo. Otra realidad dentro de la realidad de los átomos. Me parece un nuevo mundo explorar totalmente fascinante.

 

Luciano Lamberti, eldestacado escritor argentino, te entrevistó hace poco, interesándome mucho las preguntas y respuestas de la misma.  Tienen un autor en común con él: Stephen King.  Su literatura ha ido posicionándose  a través de los años, más allá de los prejuicios de ser popular. Cuéntanos sobre tu relación con este escritor. ¿Hay otros escritores anglosajones que te interesen?

Bueno, soy fan de Stephen King, lo fui de toda la vida y me parece uno de los escritores más importantes del mundo. Es un escritor que entendió mucho el hecho de trabajar con lo social y político. Sus novelas son novelas realistas norteamericanas, novelas de pueblo chico donde ingresa lo sobrenatural. Él lo entendió en los años setenta y me parece que hubo una miopía durante 20 años al no comprender el trabajo que estaba haciendo, solamente por una cuestión de ser un escritor terriblemente popular como suele ser el género y que no tenía una pretensión estilística muy marcada, que para mí sí la tiene pero no tan literaria como se pretendía. También me gustan escritores anglosajones, ingleses como M. John Harrison. Me parece que es el tipo vivo  que trabaja de manera más interesante el tema de la ciudad. Él trabaja Londres pero es un tipo que yo lo leí mucho para trabajar Buenos Aires, o sea para entender los lugares que tienen una carga particular que tiene que ver con su historia, arquitectura y clima. Por supuesto, tienes Londres que es una ciudad más vieja y muchísimo más literaturizada. Pero con lo que Harrison hace con Inglaterra y con Londres en particular como clima, no me cabe duda que es un tipo brillante.

Después me gustan escritores con un sentido más amplio que no son específicamente literarios, Neil Gaiman por ejemplo. Es un tipo que empieza como guionista de cómic y de novela gráfica. El autor de Sandman. Ahora se dedica a trabajar con “literatura juvenil”, pero con temas que son más oscuros de lo predecible para un escritor juvenil.

También Alan Moore que es otro escritor que viene del cómic. “Watchmen”,” Desde el infierno”,”V de vendetta” que me vuelven loca. Me parece que es otro escritor sumamente político. Watchmen es loquísimo porque es un comic político de súper héroes, es rarísimo lo que hace en su momento, porque es una cosa de mezclar el género. Toda esa generación que creció junto al thatcherismo británico me parece muy interesante y de alguna manera un poco parecida remotamente a cuestiones de la generación argentina, o sea los hijos del estado de bienestar destruido, El de Alfonsín fue gobierno muy breve, pero después de la dictadura se fue desmantelando un estado de bienestar argentino que duro poco desde el peronismo hasta un poco posterior. Pero los que reciben el golpazo en el neoliberal…me parece que hay una especie de aire de familia muy distante pero reconocible. Paradójicamente fuimos a la guerra juntos.

Después hay escritoras mujeres que me interesan mucho. Por ejemplo, Kelly Link quien es una cuentista brillante. También una escritora inglesa llamada Helen Oyeyemi que trabaja con mitologías, muy extraña también pero es muy literaria.

¿Cómo ha cambiado la industria cultural con el neoliberalismo en Argentina? ¿Cómo se mueve el mercado literario hoy en día en Argentina?

A mí me parece que el mercado literario argentino está súper bien.

¿Una crítica de repente con respeto a cómo han cambiado los suplementos culturales?

Hay dos situaciones diferentes.El mercado literario argentino, no sé cuán grande o pequeño es, pero lo que sí sé es que hay más de cien editoriales independientes que en este momento, con el nuevo gobierno de Macri y a pesar que solo tiene un año, es posible que les empiece a ir un poco peor porque los costos son mayores, porque hay más inflación y porque hay un montón de problemas que supuestamente los gobiernos liberales iban a disminuir pero aumentaron (risas). Pero bueno hay más de 100 editoriales y son pesadas, en el sentido de que son editoriales que publican cosas muy importantes y hacen ediciones muy importantes que exportan y que son editoriales que exclusivamente en lo literario pueden competir con casi cualquier editorial del mundo.

Eterna Cadencia es una editorial a la antigua, en el sentido que el dueño es un librero de mucho dinero. Un tipo que puede publicar la obra completa de Rulfo o una selección de cuentos clásicos extraordinarios pero a la vez tiene un gran ojo para escritores como Lina Meruane. Que publica en Argentina a Maximiliano Barrientos, uno de los mejores escritores latinoamericanos, sino el mejor. Tiene un gran ojo para esas cosas. Adiana Hidalgo que es otra editorial muy clásica y que tiene un proyecto claramente literario de tratar de publicar la mayor cantidad de literatura brasileña posible porque Brasil es un país cuya literatura es muy poco traducida y no  conocemos mucho. Hay editoriales independientes de diferentes estilos.”Adriana Hidalgo” y “Eterna cadencia” de dos personas  que trabajan a la antigua. Pero después tienes a editoriales como Mansalva también., con un catálogo extraordinario, que le publican novelas a Fito Páez por ejemplo, tienen a María Moreno, publican a escritores extranjeros o libros de arte. Tienes a las editoriales grandes, que funcionan como monstruos y tienen buenos e interesantes editores, con bastante cuidado. Igual son editoriales con una línea comercial , pues la mayoría de libros que publican no necesariamente están vinculado al aspecto literario. Lo que si debo destacar es cómo las editoriales independientes funcionan como una especie de semillero de autores para las más grandes muchas veces.

Hay presentaciones y conversatorios sobre libros todas las noches, y no solamente en Buenos Aires. Córdoba es un polo muy importante. Tiene una editorial extraordinaria que se llama Caballo Negro, que publica escritores ya famosos como Elvio Gandolfo. Rosario tiene muchas editoriales interesantes y es  uno de los centros más importantes de poesía. Hay una editorial en El Chacho, una de las provincias más pobres, llamada Mulita  que está haciendo un trabajo muy importante con escritores jóvenes, entre los que están Virginia Feinmann, la hija de José Pablo Feinmann que a lo mejor conocés. Hay producción en provincias. No hay quietud.

Ahora, con la crítica lo que ocurre es diverso. Hay un marco que ocurre con la crisis de los medios gráficos: los diarios. Y dentro de los diarios, además de la pauperización, está el problema de los muchísimos despidos, entre otros. Es un sector que está en crisis, un poco por la crisis económica de Argentina, pero otro poco porque a nivel mundial, es un sector que está cambiando. Se está  dejando de leer el diario en papel, pasando a leerse en formato digital. Es un problema para una generación de periodistas que tienen un pie en ambos mundos. Cada vez se paga menos.

Igual opino que el periodismo va a estabilizarse. La cantidad de noticias e información “basura” que se deriva de informarse exclusivamente a nivel digital y los problemas de ello, como en la victoria de Trump, van a llevar a jerarquizar la información que esté bien hecha, que tenga territorio. Es un momento de transición. Y en este momento de transición, el periodismo y la crítica cultural, es lo que va cayendo primero. Porque son como los sectores fríos, los de menos “clics”. Es así que hay menos secciones en los diarios. Van desapareciendo o cambiando.

Lo que se privilegia ahora es la entrevista al escritor. En esta reconversión, me parece que la crítica está más relegada a ciertas revistas culturales que tienen circulación académica. Es así que se aleja del sector periodístico, más vinculado a la difusión y divulgación que al debate o la discusión.

La música. ¿Qué representa para ti? Una vez mencionaste que no había mucha influencia del cine en tus libros, pero sí de la música. Algunos de tus cuentos se pueden leer como una ópera tenebrosa por ejemplo.

Yo soy muy fanática de Nick Cave, lo cual es casi obvio. Soy muy rockera y me gusta mucho el punk. Me gusta mucho David Bowie, me gusta mucho Iggy Pop. Me gustan cosas nuevas también como Lana del Rey, una cosa medio decadente y hollywoodense. No me gusta mucho el rock argentino aunque Spinetta sí. Me interesa más incluso la música folklórica. Me gusta mucho los Rolling Stones. Soy ultrafan de Bruce Springteen. Estoy entre lo melancólico y lo rockero, y alguna vez una cosa más pesada. Algo de  heavy metal de vez en cuando.

La última pregunta. ¿Qué libro de Stephen King le recomendarías a alguien que nunca lo haya leído?

Cementerio de animales. Se van a morir de miedo.


Entrevista a cargo de: Sebastián Uribe.

Transcripción: Alejandro Alva

Sebastián Uribe
24 años. Economista de la Universidad de Piura y administrador de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Estuvo en el curso de Economía del BCR. Ha publicado reseñas en El Dominical, El Roommate y Solo Tempestad. Su blog personal es “Un perro romántico”. En la actualidad anda buscando espacio para sus libros.
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