EDITORIAL

Editorial: Somos cholos, seámoslo siempre

La discriminación es uno de los vicios más profundos de la sociedad peruana. Es un desvalor que debe ser atacado para lograr la convivencia pacífica de todos; nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, condición económica, orientación sexual, etc. No por deplorable, sin embargo, este vicio deja de ser visible en casi todos los ámbitos de nuestro país, incluida la prensa. El día de ayer, El Comercio publicó un editorial titulado Cholitos de Harvard, a raíz de la visita de la ex candidata Verónika Mendoza a dicha casa de estudios.

El título hace alusión principalmente a dos cosas: a algunos de los políticos peruanos que han dictado alguna conferencia en la Universidad de Harvard, a quienes acusa de dar un doble discurso o discurso lejano a sus convicciones reales; y al término cholo, con el que se identifica la mayoría de peruanos, aunque en muchos casos se utiliza de forma degradante. Que el decano de la prensa peruana, ya entrado en el siglo XXI, decida promover en sus páginas algunos de los peores estereotipos del siglo XIX ya de por sí sorprende; que decida hacerlo por medio de su editorial es motivo para la indignación.

El editorial relaciona falazmente el término “cholo” con lo tonto o lo ingenuo. Más allá de que el discurso de algunos políticos haya carecido de credibilidad, no existe motivo alguno para tildarlos con un concepto que, en realidad, nos debería representar como peruanos. National Geographic reveló hace algunos días que el 68% de los peruanos son de raza indígena y solo un 25% lo son nórdicos o mediterráneos. Cholos somos, y eso no está relacionado con la mentira, sino al revés, es algo que nos une con nuestra Historia. La discriminación, directa o indirecta, no tiene fundamentos. Es inaceptable que el El Comercio publique un editorial cuyo título y contenido de cierre es discriminatorio y degrada nuestra identidad.

Una democracia fuerte requiere de espacios abiertos donde los distintos cortes políticos se enfrenten. Los espacios abiertos de la Universidad de Harvard fortalecen los principios democráticos. Es por eso que el cierre del editorial, que suelta la idea de un auditorio engatusado, que ha sido “agarrado de cholito”, como si esto fuera equivalente a ser “agarrado de tonto”, es inaceptable. Basta con ver el video de la presentación para ver que quienes asistieron, en varios casos, hicieron preguntas críticas  y cuestionaron a la candidata de manera educada, pero firme—algo que dista mucho de la imagen que busca pintar el editorial. El comportamiento de El Comercio es criticable: Confunde, sea por ignorancia o por malicia, invitar a un candidato a exponer sus ideas con brindarle su respaldo. O quizá la explicación se encuentre en que el editorial parece estar guiado por un odio visceral contra la izquierda.

A la izquierda peruana hay mucho que criticarle, como bien lo ha demostrado el congresista Justiniano Apaza esta semana al no reconocer el heroísmo de los comandos Chavín de Huántar. Esta crítica, sin embargo, debe hacerse con argumentos y sin fanatismos. La democracia necesita de debates. Hubiese sido mejor enfocar el editorial en el discurso del candidato criticado; apelar a la discriminación racial es y siempre será inaceptable, más aún si se trata de un diario como El Comercio, que pretende ser liberal pero repetidamente cae en los estereotipos más elitistas y cavernarios.

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