EDITORIAL

Editorial: ¿Qué los indultos no se negocian?

El indulto a Alberto Fujimori por parte del presidente Kuczynski (PPK) en la víspera de la Navidad es un hecho funesto para el Perú. Y hablamos del país antes que del presidente mismo, dejando de lado por un momento su falta de cálculo político, porque durante toda la crisis de las últimas semanas PPK ha demostrado que, antes que el Perú, lo que mas le importa es su propio bienestar y supervivencia. Solo eso explica este indulto irregular, dado al filo de la Nochebuena, en un comportamiento propio del delincuente que aprovecha la distracción de las fiestas para cometer sus fechorías.

Una cosa debe quedar muy clara: Lo más reprehensible no es el indulto en sí mismo, más allá de las posiciones encontradas que el mismo ha despertado desde hace más de un lustro. Lo que resulta inadmisible, y por lo que el presidente deberá responder ante la Historia, es el uso de ese instrumento como un activo para la negociación política. Una cosa es conceder un indulto humanitario, de forma transparente y de acuerdo a lo que dicta la ley, y otra es hacerlo fruto de un trueque, escupiendo sobre la justicia al tratarse de delitos tan severos como lo del señor Fujimori. Este comportamiento de PPK envilece la política peruana y nos hace tocar fondo como sociedad.

Nadie señala que la política sea igual a la ética, pero eso no significa que nuestros políticos no deban comportarse de manera ética. Insistir en lo contrario no es realpolitik sino cinismo. Mientras asistimos durante diez días al espectáculo de un presidente que se defendía señalando que no se podía realizar una “vacancia express”, este mismo tramaba, a puertas cerradas y tras bambalinas, un “indulto express”. La incoherencia, pero sobre todo la mentira—esa misma a la que el presidente parece ser acostumbrado y que lo hizo peligrar en el cargo—son flagrantes.  PPK no ha traicionado solamente a los votantes, antifujimoristas en su mayoría, que lo pusieron en Palacio sino también a los valores republicanos que él pretendía encarnar.

Si quizá algo bueno se puede encontrar en medio de esta calamidad moral es que las caretas de muchos de nuestros políticos comenzarán a caerse. Ese ya ha sido el caso del congresista y ministro Carlos Bruce, quien en un tuit ya señaló que “los demócratas no tenemos porque [sic] ser crueles con los dictadores”, cosa que no tendría nada de malo si no fuera porque Bruce omite convenientemente señalar como su compasión lo beneficia tremendamente. Ha quedado claro entonces que para algunos integrantes es más importante proteger su cuota de poder que hacer lo correcto. Esto, desde luego, no es ninguna sorpresa, pero cabe al menos celebrar que a estas personas podremos ahora identificarlas con nombre y apellido.

En estas fiestas nuestros pensamientos residen con las victimas de los latrocinios y abusos del fujimorato. Ellos ahora no sólo cargan con el dolor de sus pérdidas, sino también con el insulto de haber sido utilizados como instrumentos de negociación por parte del señor Kuczynski, a quien el rol de presidente de todos los peruanos le ha quedado muy grande. Comprendemos a quienes salen a marchar a las calles. PPK no se merece el cargo que ocupa, y como señaló alguna vez Piglia, él debería recordar que “la Presidencia es como la montaña rusa. Con la cara que uno pone cuando lo sueltan cuesta abajo, con esa cara se queda uno para siempre.”

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