ECONOMÍA

Otra mirada hacia la violencia e inseguridad

El sesgo mediático de enfatizar lo negativo es habitual al reportar crisis o problemas de la sociedad. Es así como hemos estamos acostumbrados a ver escenas de violencia, peleas y matanza en los noticieros matutinos todos los días.  Tal sesgo genera percepciones tendenciales en la población, sin embargo, no es el único factor por el cual, la percepción de la inseguridad y violencia en el país había aumentado hasta hace unos meses.

Sin embargo, en la última semana, el Ministro del Interior, Carlos Basombrío, aseguró que la inseguridad dejó de ser la principal preocupación del país según cifras del INEI. Así, la corrupción, se ha vuelto para los peruanos el principal problema de la nación, con 48,1%.

¿Será esto debido a la magnitud de casos de corrupción que se han descubierto en los últimos meses y el énfasis mediático en ello?

Hay quienes argumentan que está sucediendo todo lo contrario y que la violencia (así como la corrupción) en el mundo ha disminuido. Steven Pinker, famoso psicólogo experimental de la Universidad de Harvard,  argumenta tres razones principales por las cuales la percepción sobre la violencia e inseguridad ha cambiado por más que se haya reducido a lo largo de la historia humana. El presente artículo busca entender, bajo el enfoque de Pinker, las razones por las cuales los peruanos tienen una percepción, o visión, pesimista sobre la violencia y ahora, sobre el nuevo problema de moda: la corrupción.

La sobreexageración de los problemas de la sociedad según Pinker

Bajo este contexto, la primera razón por la que la impresión de las personas no corresponde con las proporciones reales de dicha violencia es que ha existido un cambio en nuestra “sensibilidad” ante la violencia (y a la corrupción). Además está comprobado que la mente humana tiende a calcular la probabilidad de un acontecimiento a partir de la facilidad con que puede recoger ejemplos (Pinker, 2011, pág. 20). Ahora con el incremento de noticias y mayor difusión de la corrupción que existe por los medios, la información es mayor y como está mal visto es más fácil que las personas lo recuerden y comenten sobre ello.

Lo segunda razón, que va aunada con la primera, es que hemos experimentado cambios en nuestra “moralidad”, la cual antes justificaba actos violentos debido a motivos religiosos o a costumbres locales (inclusive por cuestiones de honor o entretenimiento). En general, hoy se repudia pero no siempre fue así. Lo que dice Pinker al respecto es que “la psicología moral distorsiona nuestro sentido y percepción del peligro”. Hemos desarrollado una intolerancia creciente hacia demostraciones de fuerza en la vida cotidiana (Pinker, 2011, pág. 59). Por esa razón, dada nuestra aversión hacia temas relacionados a la violencia se tiende a exagerar más su gravedad al día de hoy. De igual manera, este enfoque puede ser aplicado a la corrupción.

Una tercera razón consiste en que vemos lo bajo que puede caer nuestra conducta, pero no lo alto de nuestros estándares (Pinker, 2011, pág. 20). Esto ocurre porque es difícil comparar el presente con el pasado, en especial porque no tenemos información tan verídica con exactitud de cuantas personas fueron violentadas. Haciendo un análisis de los acontecimientos de nuestra historia se puede evidenciar que desde el periodo de la colonización hemos tenido varios agravios contra nuestra libertad. La inquisición española en el virreinato, la trata de esclavos con la llegada de la colonización, la gran cantidad de estados autocráticos que hemos tenido y la guerra civil liderada por sendero luminoso ocurrida hace una década. Asimismo, existen muchos casos de corrupción que evidentemente, por el mismo hecho que la mayoría de años republicanos han sido gobiernos autoritarios, nunca salieron a la luz ni hay como medir cuanta corrupción hubo.

Así, en líneas generales se ha reducido la violencia (sobre todo colectiva) y es un fenómeno que debemos entender para continuarlo. Respecto a la corrupción no hay forma de saber si es mayor o menor, sin embargo el solo hecho que cause sensibilidad a la población y repudio hacia los corruptos es un avance como sociedad. Cuando uno se hace consciente del declive de la violencia y empieza a tener una consciencia moral, el mundo comienza a tomar otro aspecto. El presente parece menos siniestro. Evidentemente persisten tensiones, pero estamos en vías de poder solucionarlo si es que seguimos con la tendencia que hemos estado teniendo en los últimos años: repudiar el estado autocrático, no incentivar guerras civiles, no volver a la esclavitud y repudiar todo tipo de maltrato al ser humano y acto de corrupción.


Fuentes:
  • Pinker, S. (2011). Los ángeles que llevamos dentro( El declive de la violencia y sus implicaciones). New York: Viking.
Camila Alegría
Estudiante de Economía de la Universidad del Pacífico con interés en temas de desarrollo de potencial humano, educación, políticas públicas y relaciones internacionales. Encantada con viajar y conocer nuevas culturas, en especial, nuevas formas de pensar e idiosincrasias.
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