ECONOMÍA

No se trata de religión: ¡Se trata de desarrollo!

Diplomacy Pakistan

El pasado sábado 01 de julio se realizó la decimosexta marcha por el orgullo LGBTI en nuestro país. Miles de simpatizantes, se unieron en un solo colectivo y a una sola voz reafirmaron la necesidad de construir una sociedad con igualdad de derechos para todos. Sin embargo, como es usual en nuestra cotidianidad, no faltaron los detractores a la iniciativa. Saltaron argumentos relativos a lo contra natura que representa la unión entre personas del mismo sexo, el estrago y “mal ejemplo” que se les da a las poblaciones jóvenes y las sanciones divinas asociadas. Todo, enmarcado en un pseudo-sistema de valores impuesto a lo largo de nuestra historia republicana por el conservadurismo religioso.

En economía, desde tiempos de Adam Smith hasta la actualidad, el rol de la religión ha merecido un capítulo aparte en el desarrollo de las naciones. Tal es el caso, que el así llamado padre de la economía describió la necesidad de separar al Estado de la religión en un intento por generar pluralidad y libre competencia de credos en la sociedad (McCleary, 2008). Douglas North (1990) fue más explícito y resaltó la existencia de leyes informales, como la religión, que regulan el comportamiento de la sociedad e inclusive forman instituciones formales como proyectos de ley y hasta constituciones.

Esta situación, nos vuelve víctimas del conservadurismo religioso. Investigaciones internacionales encuentran que la religión prevalece en países más desiguales y con menor inversión educativa. Aquellos lugares con mayor desigualdad en la distribución del ingreso -mayor coeficiente de Gini– son significativamente más religiosos (Barber, 2012). Para Latinoamérica, la alta religiosidad en países como Colombia, Brasil y Perú ha generado que mantengan un coeficiente de Gini de 53.5, 49.7 y 45.3 (CIA, 2014).

Además, se ha comprobado una alta correlación entre religiosidad y gasto fiscal. Así, mientras más creyentes en alguna fe existan, mayor será la satisfacción por realizar acciones altruistas y donaciones voluntarias. Entonces, hay una menor preferencia por el pago de impuestos, por lo que países más religiosos tienen un Estado de menor tamaño. Esto implicaría una menor distribución de bienes y servicios, así como de gastos en bienes públicos y programas sociales  (Orman, 2010).

Por otro lado, la aversión de los líderes religiosos conservadores a la igualdad de género ha implicado barreras que fortalecen al patriarcado. Hay que considerar, por ejemplo, los aún limitados derechos de la mujer en varios países de descendencia musulmana, hindú y, aunque en menor grado, cristiana y judía. La baja representatividad de la mujer en puestos políticos o de decisión empresarial y los retrasos en brindarles oportunidades de educación, no garantizan el desarrollo de las naciones (Barro & McCleary, 2003).

No obstante, todo esto también es parte de nuestra realidad. Mientras nuestros derechos sigan siendo provistos por un sistema de valores basado a creencias religiosas y no mediante leyes que involucren dignidad y justicia, jamás serán garantizados. Aparentemente, en el Perú, cuando termine la religión, recién se podrá hacer política.

Fuente: Latuff, 2012


Fuentes:
  • North, D. (1990). Institutions, Institutional Change and Economic Performance. Cambridge University press.
  • McCleary, R. M. (Abril de 2008). Religion and Economic Development . 45-57.
  • Barber, N. (6 de Octubre de 2012). Why Religion Opposes Female Rights. Huffington Post.
  • Orman, C. (2010). Religion, Income Inequality, and the Size of the Government. Journal of Economic Literature.
  • CIA. (2014). World Factbook. Obtenido de World Factbook: https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/rankorder/2172rank.html
  • Barro, R. J., & McCleary, R. (2003). Religion and Economic Growth. American Sociological Review, 760-781.
  • La República. (1 de Julio de 2017). Marcha del Orgullo Gay: Miles de personas llenaron la plaza San Martín [VIDEO]. La República.

 

Alberto Saldarriaga
Wanna be Economista de la UP. Con gran interés en el trabajo de consultoría e investigación de políticas sociales que garanticen un desarrollo económico sostenible, según la coyuntura y entorno de cada país. Además, me considero un melómano, cinéfilo y apreciador del arte.
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