DEPORTES

Opinión: Yo estuve en la Bombonera en el 69

En el fútbol todo es clara poesía, luz de sol, viento viril y panorama…

Juan Parra del Diego _ Loa del Fútbol

Muchos recordarán la vez que Perú eliminó a Argentina y clasificó al mundial México 70. Las expectativas eran grandes. La alegría y los nervios de igual manera. Pero, ¿cómo eran las previas del partido?

Lamentablemente se vivía una situación violenta en las calles de Buenos Aires. El argentino miraba con furia asesina al peruano y no existía esa unión de las naciones que trae el fútbol. Había envidia, rencores innecesarios y por supuesto la típica picardía y criollada que caracteriza a los países latinoamericanos.

Esa tarde del domingo 31 de agosto de 1969, la Bombonera rugía como un monstruo. Rostros empapados de sudor, botellas de vidrio esparcidas en el campo y más de 60,000 hinchas argentinos con el torso desnudo y con el polo en la frente saltaban y emitían un impotente grito. Pero no era el único grito que estremecía a la ciudad, ya que en la tribuna de oriente el batallón peruano alzaba la flamante bandera y gritaba con orgullo el nombre de su nación.

Mi padre estaba en las filas de ese ejército y recuerda que, en el palco a su costado, un furioso y entusiasmado ex jugador de la selección nacional gritaba como loco. Era Alberto Toto Terry lanzando lisuras a la hinchada argentina y dando instrucciones a los jugadores peruanos.

El ruido se intensifico cuando Challe, “el niño terrible”, le dio un pelotazo en la cabeza al jugador argentino Juan Carlos Rulli. Asimismo, por orden del entrenador Didi, Perico León se rompió el short para ganar tiempo y enfurecer más a los argentinos.

A los 18 minutos del segundo tiempo, Cachito Ramirez marcó el primer gol. Luego llegaría el empate por un penal ejecutado por Albretch a los 34 minutos. Por la radio el locutor peruano Augusto Ferrando exclamaba la frase: “¡No nos ganan! ¡Juro que no nos ganan!”. Y solo dos minutos después, Cachito se apoderó del balón y corrió hacia el arco de Cejas metiendo un gol inolvidable.

Faltando 9 minutos, Rendo se llevó a medio equipo peruano y metió el gol del empate. El momento era dramático. La hinchada argentina tiraba monedas a la cabeza de los jugadores peruanos y faltando un minuto para que acabe el encuentro, un árbitro chileno anuló un gol argentino por un clarísimo fuera de juego. Y así sonó el pitazo final y Perú clasificó al mundial. De pronto reinaron los aplausos, los festejos y las lágrimas de emoción.

Después de la celebración, se tuvo que jugar otro partido, pero ahora el escenario sería en el exterior de la Bombonera.

A la salida del estadio, la policía montada tuvo que formar un cordón gigante para que los peruanos puedan pasar seguros por en medio. Cundió el pánico cuando alrededor de los caballos, una trifulca de hinchas argentinos mostraban sus sopletes, palos y chavetas. Cuando el cordón policial terminó, los peruanos corrieron en dirección a los buses adornados con emblemas peruanos. En plena carrera, mi padre volteó hacia atrás y vio que una turba iracunda de argentinos los seguía para darles una paliza. Cuando llegaron al bus, el conductor les advirtió que se tiraran inmediatamente al suelo. Los peruanos nerviosos y agotados se cubrían la cabeza, mientras que escuchaban el impacto de las piedras en las ventanas del bus. Minutos después llegaron al hotel sanos y salvo.

Así se vivió ese histórico partido. Hasta el día de hoy resalta la alegría en la memoria del peruano. Sin embargo, no será la primera y última vez que festejemos a lo grande, porque ha llegado el día en que debemos ponernos la camiseta y alentar a nuestra selección. Hoy no se juega, sino se lucha. Hoy la selección de Gareca no hará historia porque ya está dentro sus honorables páginas. Hay que decir con orgullo que el Perú aprendió caer, pero también aprendió a levantarse. Así que solo queda gritar en compañía de los amigos y de la familia: ¡Vamos Perú!

 

Alejandro Alva
Trujillo, 1997. Actualmente estudia en la Facultad de Derecho de la Universidad de Piura. Amante de la música, del buen libro y del café.
Click to comment

Deja tu comentario

Loading Facebook Comments ...
To Top