DEPORTES

Deportes: Aquel que no haya llorado – Crónica Alianza Campeón

Miércoles 27 de diciembre del 2006, fui a recoger a al trabajo a mi enamorada de ese entonces y a la que ahora es mi esposa, Marita.

Pensaba dejarla en su casa y luego irme volando a la mía y poder ver el partido de vuelta de la final del campeonato entre Alianza Lima y Cienciano del Cuzco.

Yo sabía que a ella no le gustaba el fútbol, pero esa vez me dijo que me quedara en su casa y que lo viéramos juntos. No me quedó de otra que aceptar ya que normalmente suelo ver los partidos sólo para que nadie sea testigo de lo que sufro al ver a mi querido Alianza.

Por aquellos años, Alianza se estaba acostumbrando a campeonar en forma seguida; por lo que el 2006, en Matute, con nuestra hinchada, no iba a ser la excepción.

Teníamos a dos chilenos que la estaban rompiendo, Martell y Pérez; y al uruguayo Ligüera que pasaba por su mejor momento.

Estaba muy emocionado, el partido era de ida y vuelta, yo estaba alentando, gritaba a más no poder, decía lisura y media, pero no recordaba que estaba en casa de Marita. Ella solo veía un loco desenfadado hinchando por el club de sus amores.

Una vez me confesó, cuando éramos amigos, que nunca estaría con alguien que sea fanático del fútbol.  Bueno, la vida le dio una ingrata sorpresa, se casó con éste fanático.

Aquella final la ganamos 3 a 1 y Alianza se coronó campeón del fútbol peruano.

Felicidad total; con Marita nos abrazamos, salimos a comer algo y eso fue todo; recuerden que a ella no le gustaba el fútbol.

Fui a casa y como de costumbre vi todos los noticieros hasta llegar a la sección deportes y poder seguir deleitándome con el campeonato ganado.

Los años pasaron, me casé, la felicidad acrecentó; pero como toda relación y como en la vida misma, siempre existirán sus altos y bajos.

Sucedió con Alianza que entró en una sequía de títulos, fueron años muy difíciles para el cuadro blanquiazul. Hubo recambio de jugadores y que les costaba adaptarse al juego que implantaban los entrenadores que llegaban.

Sufrí mucho en la definición del título del 2011, cuando muy merecidamente, el Juan Aurich de Chiclayo, nos vencía en tanda de penales. Fue lo más cerca que estuvo el conjunto íntimo por alcanzar el título nacional desde el 2006.

Creí que el 2014, año en que nació mi hijo y que con la llegada del entrenador uruguayo Sanguinetti, podíamos lograr el campeonato soñado. Se armó un buen equipo, pero una vez más nos quedamos sin nada.

Éste año, con la llegada del profesor Bengoechea, le dije a mi esposa: “gorda éste año la hacemos” y le explicaba el por qué estaba tan convencido de que todas maneras campeonábamos.

Todo el año ella me acompaño con su aliento, veía los partidos conmigo, sentía lo mismo que yo. Lo mejor fue que mi hijo Enzo ya cantaba las canciones de Alianza y eso me ponía contento.

Hoy 3 de diciembre del 2017, estaba muy ansioso. Tenía que romperse ésta mala racha sin poder campeonar.

No pude ir al estadio, Marita tuvo que salir y no me acompaño; me quedé con Enzo. El acostumbra a dormir por las tardes, pero por alguna razón no lo hizo y se quedó viendo el encuentro conmigo. Me observaba cada vez que gritaba los goles.

Casi al finalizar el partido, comenzó a reírse y a decirme: “papi di Alianza campeón”; me lo repetía varias veces. Lloré como un niño, pero pude decírselo.

Cuando el árbitro (o la mujer árbitro) tocó el pitazo final, abracé a Enzo y juntos gritamos: Alianza Campeón, por fin!.

Tuve la suerte de campeonar al lado de mi hijo y eso no lo cambiará nadie, ni tampoco la alegría que siente todo el pueblo aliancista porque no hay mal que dure 10 años ni sentimiento que lo resista.

Felicidades Alianza!!!

Jose Barrera
Contador público, estudiante de periodismo deportivo en Isil, apasionado por el deporte, viviendo el día a día con intensidad, esposo de Marita y padre de Enzo.
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