CULTURA

Un día glorioso: Radiohead en Lima

Sebastian Uribe

“En el momento en que las palabras intentan transcribir los hechos de la manera más estricta y directa posible, despojándose de toda noción de gramática, incluso entonces no hacen sino desviarse del acontecimiento”. La cita es de “Derrumbe” de Daniel Guebel,  libro que terminé horas antes del concierto y  de las que me apropio ahora porque durante las últimas horas me la he pasado pensando cómo escribir sobre un acontecimiento como el de anoche, sin encontrar la manera ideal. ¿Es posible al fin y al cabo? Una de tus bandas favoritas (o la favorita a secas) se para sobre el principal escenario de tu ciudad y lo hace vibrar por más de dos horas,  provocando euforia, éxtasis, lágrimas, sudor, gritos. Y uno no hace más que entregarse por completo y contagiarse.  Emocionarse porque por fin están en Lima y la pasión se desborda por todos lados. Por fin.

Ahí a pocos metros, luego de un entretenido Junun y una espectacular performance audiovisual de Flying Lotus,  Thom Yorke toma la batuta a las nueve en punto. El aire se percibe distinto, aplausos desordenados, miradas de impaciencia. El que tantas veces has visto en videos en Youtube, en Lollapalooza y Glastonbury,  está a pocos metros, ahora en carne y hueso. Y suenan las que sí o sí se sabían que iban a tocar. Daydreaming inicia el despegue y es Ful Stop a  la que se le encarga la tarea de comenzar  a separarte del suelo. 15 Step acelera el procedimiento que culmina con la actitud desinhibida de los pasos de baile de Yorke en Myxomatosis. Descontrol y pausa. Es necesario. Las cosas se tranquilizan con All I need, la calma de Pyramid Song y el despertar de algún recodo de tristeza que tuvieras guardado con No Surprises. Las acciones se detienen allá arriba, Jonny Greenwood recibe la señal y tú adivinas: van a tocar Everything in its right place, le dices  o intentas decir, exaltado,  a tus amigos. Y tu mente empieza a viajar en un túnel con mil vibraciones alrededor, absorbiéndote.

Pausa otra vez.  Los a cuerpos a reposar, cuatro canciones necesarias mientras intentas almacenar mentalmente sus rostros y ubicaciones  sobre el estrado sin necesidad de una cámara, cuando aterriza Where I end and you begin y los ánimos se empiezan a elevar de nuevo. Street Spirit desentumece las gargantas, Weird Fishes / Arpeggi anuncia que el estallido está cerca y sí, esa es 2+2=5  guiando al estadio  a un estado de trance  en el que cualquier atisbo de letargo se desvanece mientras gritas a todo pulmón Payin’ attention, Payin’ attention y los cuerpos se mueven frenéticamente, chocando, saltando. Algo en tu interior dice que es inevitable el descenso, but it’s not,but it’s not porque las revoluciones  continúan y suena Bodysnatchers. I’ve seen it coming  I’ve seen it coming coreas. Ya estamos completamente exaltados.  Encore 1 y  stop.

La figura de Greenwood ha ido creciendo. O es que ya lo estás notando. Su cercanía visual ayuda, claro, pero es su destreza con cada instrumento lo que explica la devoción. Y ya la nostalgia se apodera del Nacional otra vez porque han decidido tocar Fake Plastic Trees seguido de You& Whose Army, en la que la mirada de Yorke en la pantalla se apodera de la atención, controlando visualmente absolutamente todo los espacios.  Aparecen los tambores sobre el escenario, sabes que ya va a sonar There There, la sensación de suspenso que te prepara para el  clímax total. Explosión de guitarras y todos a una sola voz exhalando We aaaare accidents, waaaitiiiing….waaaaiitiiing toooo haaaapeen. No puedes más y por eso Exit music te permite recargar energías para luego dar paso al descontrol de tu cuerpo con The National Anthem. Movimientos rítmicamente desordenados y Ice age coming, ice age coming. Idioteque. Yorke centraliza, cautiva. ¿Qué está pasando? Yorke cruza miradas con Greenwood a los pocos minutos. Su máquina está fuera de control. This sometimes happens, dice, y es tan real el equívoco, tan vivo, que asimilas que sí, está pasando esto. This is happening. Más vivo que nunca. Stop y encore 2.

Solo tres meses te separan del nacimiento de esa banda que está al frente. En 1993 Radiohead lanza el Pablo Honey e inicia la cuenta regresiva para reconfigurar la escena musical álbum a álbum, canción a canción.  Todo lo que vendrá después los va a evocar inevitablemente. O´Brien se pone la camiseta de la selección, gesto que, aunque de agradecimiento, no ves necesario. Su sola presencia ya lo es. Porque tu vida ya está inevitablemente conectada a sus sonidos y letras. Composiciones espectaculares, música que te ha transformado.  Creep  solo es una mera estación de paso porque en breves segundos, ya está llegando, ya está llegando What’s that? What’s that?  Esa genialidad en cuatro partes llamada Paranoid Android retumba y el estadio se viene abajo. Alzas la mano y recibes esa montaña rusa de emociones. La despedida está cerca, eres consciente de ello. Karma Police va a marcar la despedida y no va haber más por ahora. You don’t remember, You don’t remember Pero la experiencia ya es tuya. Radiohead ha tocado en Perú por primera vez y uno ha estado ahí. It is the twenty first century in Lima. It is the twenty first century, finally.

Sebastián Uribe
25 años. Economista de la Universidad de Piura y administrador de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Estuvo en el curso de Economía del BCR. Ha publicado reseñas en El Dominical, El Roommate y Solo Tempestad. Su blog personal es “Un perro romántico”. En la actualidad anda buscando espacio para sus libros.
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