CULTURA

Reseña: “Tres noches de corbata” de Fernando Iwasaki

Gino Casales

Seix Barral, 2018.176 pp. S/.49

Fernando Iwasaki es parte de una camada de narradores de finales de los ochenta e inicios de los noventa que tienen cosas en común más o menos triviales: se conocen entre sí, vienen de los mismos barrios, estudiaron casi todos en la PUCP, han pasado varios años afuera. Las temáticas suelen ser dispares: cada uno aborda lo mismo una ambientación urbana como una fantástica o colonial; el lenguaje alterna entre lo formal y lo oral. Comparten una fuerte influencia de Ribeyro, pero esta influencia muchas veces se mezcla con la de distintos autores foráneos, sobre todo Borges. Algo más: son todos buenos, pero ninguno es realmente destacable. Además de Bellatin, tal vez.

Tres noches de corbata fue el libro con el que Iwasaki comenzó su carrera allá por el 87. Ahora es reeditado por Seix Barral junto con una serie de textos complementarios escritos en su mayoría por amigos y compañeros literarios del escritor que, más que comentarios propiamente dichos de la obra, son una recopilación de anécdotas sobre el autor. Se incluyen, además, el entrañable texto que preparó Luis Jaime Cisneros para la presentación de la primera edición del libro y un pequeño prolegómeno del mismo Iwasaki, sentido y más reflexivo que la nota a la primera edición que también podemos encontrar antes de comenzar los relatos.

A primera vista, los cuentos que conforman Tres noches de corbata se sienten desarticulados, aparentemente sin una unidad que justifique que se encuentren reunidos en un solo volumen más allá de ser los primeros cuentos de Iwasaki. El interés que tiene el amplio rango que cubren estos cuentos parece encontrarse, como menciona Jorge Eduardo Benavides en el texto que aporta para esta edición, en que sirven para augurar futuras líneas temáticas que el escritor abordará en libros más centrados.

Así las cosas, el único elemento que pareciera lograr mantener cohesionado este libro es el de la ironía y el manejo del humor, en algunos casos con más acierto que en otros (pongamos, por ejemplo, La otra batalla de Ayacucho frente a El tiempo del mito). Sin embargo, en otros casos este uso del humor es completamente dejado de lado para adoptar un ambiente más cercano al del terror, como en El ritual y el titular Tres noches de corbata, ambos ahondando en un terror marcado por la oralidad y la relación de los niños con una tradición que les resulta extraña a través de personajes subalternos y secundarios para los otros adultos, pero que, para estos niños, se convierten en mediadores de una realidad fantástica y a la vez espantosa e incomprendida.

El alejamiento de la ironía puede hacer sentir el libro descentrado de nuevo, pero sin embargo estos cuentos siguen compartiendo un uso profuso de la oralidad peruana con cuentos como Eco Yoruba o Mal negro es el congo. A su vez, estos cuentos orales se acercan, por el tratamiento histórico, a otros como Mar del sur y El tiempo del mito, y de estos el último se vuelve a acercar al terror milenario de El ritual y Tres noches de corbata, solo que con un tratamiento irónico que lo emparenta más con La invención del héroe. Finalmente, intentando clasificar estos cuentos el lector termina en un círculo extraño, donde los cuentos no terminan de acercarse pero a la vez no llegan a alejarse realmente. Lo que prima son más bien parecidos de familia, a veces lejanos, pero siempre presentes, que dotan de una unidad, aun si difícil de reconocer, al conjunto.

La distancia temporal puede no favorecer a algunos cuentos, sobre todo los de corte histórico, pero en general el libro logra mantenerse sólido e incluso por momentos insólitamente actual, como ocurre con Paradero final, un cuento que recuerda los mejores momentos de Cortázar y que además hace pensar en una conversación rara, fragmentada, en algún foro en línea. Pero no es ese el punto de leer Tres noches de corbata. La reedición de Seix Barral es más bien una invitación a volver a estos últimos chispazos de cierto tipo de narrativa, ubicándola en la época en la que todavía se sentía fresca y llamaba a los nuevos escritores peruanos. Y ya van treinta años de aquello.

Gino Canales
Estudiante de Humanidades con mención en Estudios teóricos y críticos por la PUCP. Fue miembro del colectivo Extramuros.
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    Febrero 21, 2019 at 4:21 am

    Like!! Thank you for publishing this awesome article.

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