CULTURA

Reseña: “El cuento de la criada” de Margaret Atwood

Salamandra.2017.416 pp. S/.79

                   Si solo es un cuento, parece menos espantoso (pág. 207), dice la voz de este libro. Y sin embargo lo es. Concebida en el simbólico 1984 y publicada un año después, es poco probable que cualquier comentario que emita sobre la novela más conocida, traducida y leída de la escritora canadiense Margaret Atwood (Ottawa, 1939)  sirva para afectar de cualquier manera su estatus de grandiosa distopía. Una pregunta más válida que cuestionar o no la calidad de este libro  es cómo leer dicho libro en esta época,.

                   Uno de los aciertos de esta nueva edición de Salamandra (el libro no se hallaba en ninguna librería y recién este mes ha llegado a las estanterías limeñas), es el prólogo de Atwood motivado por  la serie de televisión de reciente aparición, galardonada con el Emmy, pero sobre todo por, las nuevas tendencias globales y el paralelo a la década en la que se publicó. Allí nos habla sobre cómo el telón de la Guerra Fría se dejaba sentir en Alemania, con un país dividido a la fuerza y donde campeaba la desconfianza hacia el prójimo, sensación que percibió la escritora al empezar a escribir la novela, mezclando dicha impresión con sus intereses por abordar temas como la injerencia del totalitarismo en el control de los cuerpos femeninos y la planificación social llevada a un extremismo horroroso. Hasta ahí, sólo buenas intenciones. Pero la empresa de Atwood toma cuerpo, como se nota en las páginas de la novela, al preocuparse por construir una atmósfera que recoja dichos elementos atemorizantes y personajes quebrados y llenos de dudas y frustraciones. La protagonista, de la que nunca sabemos su verdadero nombre,  es víctima de un régimen obsesionado entre otras cosas con la maternidad, que  le arrebata su familia y su identidad. Lo único que se espera de ella es servir de depósito para la recreación de nuevos seres humanos, elemento presente en la misión de cualquier totalitarismo: estimar y crear la servidumbre sobre la cual se ejercerá el poder. Para ello, sigue distintas fases en los que se busca aplacar cualquier deseo o pasión, reprimiéndolos hasta su extinción o la demencia como secuela. Conservadurismo radical que en estas décadas ha mutado en formas que aún hoy no somos capaces de enfrentar de manera efectiva la mayoría de veces.

               Si bien son claras las alegorías bíblicas, la religión es un recurso en El cuento de la criada enfocado en su poder simbólico que sirve como portada de las ambiciones de una tiranía que las usa como medio opresor. Puede ser una facción católica, islámica o de cualquier otra índole. Lo que termina interesando es la estructura que se monta alrededor de dichos elementos para subyugar sociedades enteras bajo oscuras premisas como la negación del libre pensamiento, la anulación del goce corporal, la minimización del ser humano dentro de la comunidad, la desinformación sistemática y la reducción de la atención a detalles que sean síntomas de graves cambios, o la demonización de ciertas minorías sociales. Incluso el no dejar espacios para el humor. El cuento de la criada, sigue siendo al 2017, una novela sobre despojos. Lo que se nos quita y arrebata de manera violenta, destacando entre estos la voluntad y la capacidad de respuesta.  De rebelarse y oponerse de manera efectiva. Y que esté narrada como el testimonio  de una mujer vejada no es mera casualidad. Un logro de la novela es entregar una historia en la que las mujeres son retratadas de manera humana y no parametrizadas como simples “ángeles” incapaces de sentir y pensar por su cuenta. Son vitales para lo que se nos cuenta y va pasando escena a escena. Feminista en ese sentido , como bien apunta la autora.

                    Es un relato que busca una interpelación en un tiempo posterior, y ese es nuestro presente angustiante, donde los temas que he mencionado no han hecho más que crecer. Si la globalización ha logrado hacer algo al respecto, es extender dichas problemáticas que Atwood representó con licencias, hace ya más de treinta años en una novela que sigue vigente  más de treinta años después y merece seguir agotándose, pero sobre todo cuestionándonos.

Sebastián Uribe
24 años. Economista de la Universidad de Piura y administrador de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Estuvo en el curso de Economía del BCR. Ha publicado reseñas en El Dominical, El Roommate y Solo Tempestad. Su blog personal es “Un perro romántico”. En la actualidad anda buscando espacio para sus libros.
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