CULTURA

Opinión:Fernando De Szyszlo,“un símbolo universalista”

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Lunes, 7:39 pm. El suceso, aún sin confirmar, se trataría de un accidente. “Murió el pintor demócrata”, mencionan los medios panfletarios, mientras las instituciones más reconocidas lloran el futuro vacío en  la pintura local: “No habrá nadie como él”. Nadie como De Szyszlo, que a sus 92 años, termina de cerrar un importante ciclo de representación dentro de las plásticas artísticas del siglo XX.

En su última entrevista, De Szyszlo confirmó estar en contra del indulto. Y si bien, dejó en claro que poseía un discurso, no fue, ni uno de los primeros o el más controversial que hizo durante su vida. Es probable que las obras tengan que hablar por sí solas, y así nos quedemos satisfechos solo con la gran trayectoria visual de muchos artistas, pero con él no fue el caso.

En él yacía la importante figura de ser unos de los pioneros en reivindicar la vanguardia de la pintura contemporánea con la tradición prehispánica dentro de la benevolente movida modernista limeña de los años 50’s.  Literatos y artistas plásticos locales, discutían  en aquel contexto, sobre una solución al dilema entre lo “universal” y lo “local” y cómo podía surgir una nueva representación en torno a ambas categorizaciones. Se exigía un nuevo “universalismo” por parte de los pioneros indigenistas que proclamaban “novedad” o una nueva visión de lo “Humano” y lo “cósmico”, como diría el crítico, Juan Ríos[1], en la pintura peruana. Esta abstracción, no-figurativa,  también era vista cómo parte de una problemática que podría relacionarse como decorativa y también repetitiva dentro de la escena artística internacional.  “Una pintura extranjera, colonial y que no tenía nada que ver con el Perú”.[2]Aunque poco sabemos si De Szyszlo tenía el objetivo nacionalista de reivindicación social, -como el discurso de aquella época-, el artista, dio solución a esta paradoja.

Para fines de los sesenta, con una carrera prodigiosa, De Szyszlo continuó con el expresionismo abstracto. Su obra poseía un discurso representativo, el cual muchos intelectuales y críticos se encargaron de ensalzar.Se iniciaba, una nueva fiebre más elevada, relacionada con esa corriente. Muchos artistas, tratarían de impregnar su estilo generando colectivos donde se consideren ellos mismos pioneros de la vanguardia en el Perú. Artistas como Eielson, Rodríguez Larraín, Dávila y Moll, seguirían trabajando con la abstracción.  Frases propias como la del mismo Juan Acha, retomarían la idea de un pasado posicionamiento: “El arte preincaico nos presenta nuestro mejor y más antiguo repertorio de formas. Hoy las tenemos exangües de significado. Nos encontramos inermes para reconstruir la cosmovisión de sus productores y hacer de sus significados un contenido donde la estética cotidiana pueda operar”.[3]

A inicios de los 70’s, una fuerte oleada de discursos aún más nacionalistas  complementaría este pasado ideal. En 1976 se le otorga el Premio de la Cultura al retablista ayacuchano Joaquín López Antay[4], galardón que representaba la consideración de un artesano prodigio para la cultura peruana. Sin embargo, un grupo de artistas jóvenes, reconocidos por la ya famosa “vanguardia”, expresarían su queja por el codiciado galardón. Entre líneas, estos no considerarían que un artesano de vertientes populares haya sido el elegido dentro de un sin número de artistas cuyos estudios superiores podían responder “mejor” al puesto de “ganador”. Entre los que denostaron de la distinción estaba De Szyszlo. El pintor comentó, muchos años después, que “López Antay es un artista popular maravilloso”, pero que “no hay que mezclar las cosas”. “Un Ferrari es precioso como un caballo de raza, pero no hay por qué mezclarlos. Son mundos ajenos”.

Inesperadamente, el pintor defendía una nueva élite que no quería combinarse con el resto de “afanados creativos”. La fama de Szyszlo crecía aún más, en paralelo a los sinfines de reconocimientos en su honor. En compañerismo eterno con Vargas Llosa, nos harían creer que ambos eran los únicos capaces de generar obras maestras de una representación de impecable formalismo nacional frente a una mirada extranjera. Para mediados de los 80’s, Hernando de Soto,  publica  “El otro sendero”, obra cumbre del  recién llegado neoliberalismo, proclamando como suya la independencia y progreso de los migrantes regionales a través de un “capitalismo popular”, “esas potencias culturales y colectivas que debían ser entendidas como energías puramente individuales, listas para ser liberadas a través de las fuerzas del mercado”[5]. Lo sorprende del libro además de su discurso, propio de un nuevo liberalismo, era su portada con una pintura de De Szyszlo, obsequiada al autor, mientras un flamante prólogo era escrito por el mismo Vargas Llosa. Debemos suponer entonces, que ambas personalidades se encontraban de acuerdo con dicha ideología económica.

Tras las inesperadas respuestas y controversias del pintor, solo nos quedan sus obras “comprometidas”. Es muy probable que la consecuencia de tratar de responder a un compromiso se debilite con la universalidad recargada de solo valores estéticos.  Según Arguedas, “la necesidad de comunión del hombre y el paisaje nativo, aparece al mismo tiempo que la “desesperación” y el individualismo extremo, de quienes por haber perdido toda clase de vínculos de esta naturaleza, se ven frente al vacío”[6] y se hacen vacío. El debate eterno entre el arte popular y el vanguardista seguirá vigente.

Existirá, también, un discurso capaz de impregnarse sobre quién representa la “verdadera” cultura en nuestro país. De Szyszlo fue y es uno de los más reconocidos artistas, y todos los otros que siempre caminaron en su sombra, también lo supieron. Paulo Freire, dijo con acierto: “Descubriría que cultura es el muñeco de barro hecho por los artistas de su pueblo, así como la obra de un gran escultor, de un gran pintor, de un gran místico, o de un pensador. Que cultura es tanto la poesía realizada por poetas letrados como la poesía contenida es un cancionero popular. Que cultura es toda creación humana.”

[1] En 1946, el crítico Juan Ríos concluía su libro sobre la pintura contemporánea en el Perú remarcando el siguiente balance: “Superados el desarraigo extranjerizante de los Independientes y la prematura y superficial xenofobia de los Indigenistas, la Pintura peruana encontrará su expresión dinámica y genial. Humana y Cósmica, será fiel al gran ritmo Colectivo del Futuro” RÍOS, Juan (1946). La pintura contemporánea en el Perú. Lima: Editorial Cultura Antártica S.A.    p.80.

[2] En una entrevista realizada en 1995, realizada a Fernando De Szyszlo, este describe la recepción que tuvo su primera exposición abstracta. COLMENARES, David (1995). Fernando De Szyszlo: los pinceles del tiempo en “Suplemento Dominical La semana” de la revista Gestión, Lima, 31 de diciembre; pp. 21-22.

[3] ACHA, Juan (J. Nahuaca). Conscripción peruana de la pintura en “El Dominical” de El Comercio, Lima, 4 de mayo de 1958; p. 9.

[4] El Premio Nacional de Cultura entregado al retablista Joaquín López Antay (1897-1981), por el Ministro Ramón Miranda Ampuero, causó controversias en algunos artistas y críticos de arte, sin embargo, el decano de la prensa nacional, El Comercio, reconocía el 11 de enero: “Debe estimularse el pluralismo creativo en nuestro pueblo”, “… esta distinción a un ilustre artesano pone de manifiesto la revalorización que hace hoy la revolución peruana al arte que emerge del pueblo…”.

[5] MITROVIC, Mijail. Arte conceptual (neoliberal) en el Otro Sendero; en Mana Tukukuq ILLAPA 2016, p.29.

[6] ARGUEDAS, Jose María (1998). Formación de una cultura nacional indoamericana. México: Siglo XXI; p.7.

 

Estefanía Sánchez
Estudiante de Humanidades, Artes Plásticas y Filosofía, con mención en Teoría y Estudios Críticos por la Pontificia Universidad Católica del Perú y Estudios Generales por la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.
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