CULTURA

Opinión: La traición

“La traición es cuestión de fechas”

(Talleyrand)

Una experiencia personal y el depresógeno cielo gris de Lima me hacen divagar sobre la más dolorosa de las vilezas: la traición.

ANATOMÍA DEL TRAIDOR

El traidor suele ser politically correct. Es afable o, al menos, inofensivo cuando te habla. El traidor es un hipócrita. El traidor no sabe corresponder, no conoce el sacrificio- insignificante o notorio -que se puede hacer por el otro: no hará contigo el camino de espinas. Y si de tipos de trata resalta el “traidor de asamblea”, tan popular ahora: él sabe que tienes la razón, pero- cobarde -no te apoya y se agrega al tumulto que te lanza piedras; opta por negar la verdad y olvidar la lealtad para salvar, así, su pellejo… su duro e incoloro pellejo.

El traidor obra, también, por comodidad: adapta su constancia al influjo de los vientos, se adapta a los cambios de sentido, teme a muerte aparecer con los derrotados; solo desea evitarse el conflicto y quedar bien, aunque para eso sacrifique- sin pudor -sentimientos, relaciones, intereses, ideales, solemnes promesas. El traidor es un perjuro. Producida la traición, es predecible en la propia exculpación (“No es algo personal”) y es severo contigo porque, claro, tú tienes la culpa (“Si no hubieras…”).

POOR JESUS

Sin entrar en lecturas religiosas, no hay duda que el relato de la passio de Jesús es el peor drama de traición. El predicador de Nazaret fue abandonado por sus más cercanos seguidores (“Los Doce”), vendido por uno de ellos (Judas), negado por su amigo  (Pedro: “¡No lo conozco!”), olvidado por la ley y la justicia (Pilato: “¡Soy inocente de la sangre de este justo!”), rechazado por los que recibieron de él consuelo y ayuda (la turba: “¡Crucifíquenlo!”). Pobre Jesús: la traición lo golpeó como a nadie.

AL FONDO HAY SITIO

Dante Alighieri (s. XIII), con imaginación inaudita y un fino conocimiento del psiquismo (setecientos años de que apareciera la psicología), concibió la traición como el peor de los pecados y le dedicó el noveno círculo infernal. En ese espacio de dolor y soledad, en lo más profundo, están los grandes traidores de la Historia: Satán, que traicionó a su Creador por arrogancia; Bruto, que traicionó a César por envidia (¿y cometió parricidio?); Judas que traicionó a Cristo por dinero. ¿Pecado en común? El más repugnante, según el florentino: traicionar al que te hizo el bien.

LA “POS-TRAICIÓN”

Qué penosa es la traición. Qué solo te hace sentir. Sin embargo, el hombre posee reservas emocionales y cognitivas (si gustas: también espirituales) para manejar la traición y convertirla en una experiencia de crecimiento: si consigues esa sublimación-asimilación serás alguien mejor, más atento (¡menos ingenuo!), no te bloquearás a la posibilidad de convivir profundamente de nuevo. Y parafraseando al viejo Sócrates: siempre será mejor sufrir una traición que cometerla.

Hasta aquí este soliloquio sobre la traición, esa daga- a veces endulzada -que te clava el que te estrechó la mano o dio un beso (a lo Judas). Acéptalo: la traición te llegará porque es el inevitable lado oscuro de nuestro ADN moral, solo “Es cuestión de fechas”. Y para satisfacer tu sed vindicativa (no niegues tenerla), piensa que quizá Dante tenía razón y hay un noveno círculo por allí.

Hernán Yamanaka
Lector obsesivo, conversador impenitente. Estudió educación, filosofía y teología.
Click to comment

Deja tu comentario

Loading Facebook Comments ...
To Top