CULTURA

Opinión: El poder de la memoria es un “Nunca más”

Recordar la década de los 90 para nuestra  generación, es situarse en un vacío innato de borrosas historias de noticieros, recortes de periódicos, y relatos familiares. Historias  donde quedaba prohibido mencionar la palabra “muerte” ya que sonaba desenfrenado activar la violencia  a los niños que, triste o afortunadamente, habíamos nacido en una temporada llena de dolor. El momento más violento de nuestras vidas estuvo allí, solo que ninguno  de nosotros  estuvo presente para comprobarlo.  Es tentador pensar que el principal problema de memoria es la que se invoca a una diferencia identitaria de las personas en el pasado para constituir la diferencia identitaria de las personas en el presente.  Ojalá sigamos aquí para acertar lo contrario.

Hoy se cumplen 25 años del golpe de Estado del ex presidente Alberto Fujimori. Sobre su brutal legado de régimen podemos deducir que se violaron casi todos los derechos políticos, éticos y morales de una sociedad. Desapariciones, miles de esterilizaciones, persecuciones, asesinatos a estudiantes, cierres de medios de comunicación, secuestros a periodistas, remarcan el peor momento histórico de nuestro país.

No cabe ninguna duda en darle importancia a recordar el pasado. Sé que la  memoria es, por su naturaleza, subjetiva y selectiva, pero más que eso siempre importante. Un “giro espacial” en la historia global encuentra su paralelo en la memoria colectiva, transcendiendo fronteras étnicas y nacionales. En todo el mundo, temas transnacionales dominan la aparición de recuerdos de la dictadura de masas, y esta no es la excepción. Critico mi  banalidad en hablar del pasado solo basándome en informes escritos y en memorias ajenas, pero me es inaudible, ya que por ellas he sentido la empatía más radical como ser social y ser sentimental.

Hace exactamente un año, viví uno de los recuerdos más entrañables y acogedores de mi vida. El 5 de abril del 2016, miles de personas salieron a las calles de Lima para marchar contra Keiko Fujimori y la política fujimorista que ella misma encarna. Muchos activistas se movilizaron en gran medida bajo la bandera de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos y del grito de “Fujimori Nunca más”. Se encontraban 79 organizaciones sociales, estudiantes, adultos mayores, madres de desaparecidos y todos los que rechazábamos el odio y  el pasado de un dictador, con la esperanza que no se  impregne nuevamente en su sucesión.

Gritábamos como nación en contra de este poder. Ese, que nunca ha estado sometido a poderes democráticos y que ha acumulado muchísimo en muy pocas manos. Que tienen un inmenso poder que jamás pasa por  justas selecciones y que quiere ser reelegido, sistemáticamente, día tras día, por mecanismos no democráticos. Mecanismos de una economía, de una “oligarquía” rancia, que ha sido capaz de hacer negocio sin apoyo del Estado y se ha enriquecido,más bien,  criticándolo. Es esta  casta la que ha secuestrado la soberanía. Es esta casta que hace un año no pudo con el pueblo que traicionó, reprimió y abandonó. Ese, que ese 5 de abril, expresó todo su odio y  rechazo hacia su malparado narcoestado.

El mayor triunfo de la democracia peruana, en ese momento, fue el rechazo de esta dictadura, de este pasado que no perdona y que no  se está dispuesto a olvidar. Tenemos  la obligación de recordar lo que la historia nos dejó. Esta es  una herramienta valiosa para conocer el pasado que en lugar de defender la idea de memoria individual, la hace colectiva y conciliadora.  El fujimorismo, con o sin Alberto Fujimori, sigue pateándonos indignamente a toda la nación y tiene como objetivo seguir destrozando nuestra memoria.

Herbert Marcase decía que “olvidar el sufrimiento pasado es olvidar las fuerzas que lo provocaron sin derrotar a esas fuerzas”. Contra la rendición al tiempo, la restauración de los derechos de la memoria es un vehículo de liberación, es una de las más nobles tareas de un verdadero pensamiento y de todos los seres sociales.  Espero que mi generación siga con  esta liberación de recordar, de sanar heridas, concientizando. Hoy más que nunca vale decirlo otra vez y a gritos: “Fujimori, nunca más”.

 

Estefanía Sánchez
Estudiante de Humanidades, Artes Plásticas y Filosofía, con mención en Teoría y Estudios Críticos por la Pontificia Universidad Católica del Perú y Estudios Generales por la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.
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