CULTURA

[Opinión] El disfraz más pequeño

La primera vez que tuve mi clase de clown, llegué tarde y encima tuve que saludar a mis demás compañeros, hecho que para mí fue difícil. Y se debió porque siempre he sido tímida,  no podía mantener la mirada por más de cinco segundos y salir de mi zona de confort se me hacía un mundo. Sí, básicamente así era yo. Digo “era” porque desde el momento que el clown llegó a mi vida, di un giro de 180°.

Pero, ¿qué es el clown? Es estar en tu estado lúdico, es sacar ese niño de adentro con todo lo que eres de adulto y jugar, simplemente jugar. Ahora, les confieso que en algún otro momento de mi vida no lo hubiera hecho y es porque trabajas introspectivamente, es decir, sale a la luz eso que te fastidia o prefieres dejarlo escondido. No está mal, vamos, es difícil, pero es parte del viaje de conocerse, aprender a amarse, aceptarse, perdonarse y finalmente ser uno mismo.

Una de las primeras cosas que me enseñaron es que “el payaso nunca dice que no” y siempre da su 100%, ni un poco más ni un poco menos. Si se le pregunta si sabe bailar la danza de las tijeras, el payaso lo hará y bailará la mejor danza que hayan visto. No necesariamente porque sepa, sino porque se lanza a la piscina con la mejor actitud del mundo y si falla, no hay problema, lo vuelve a intentar otra vez.

El payaso sale frente al público con su disfraz que menos cubre, pero más demuestra: la nariz roja. Es como la capa que usa cualquier superhéroe, es la señal al mundo de que es un payaso. Con este pequeño disfraz conecta, escucha, se divierte, juega y sobre todo, genera una conmoción al público, que es lo que al final todo payaso busca.

Frente al público, no actúa, es uno mismo, se desviste tal cual es y no tiene miedo a demostrarlo. Juega con lo absurdo, lo ridículo, lo tonto y esto puede resultar aterrador para algunos, pero para otros se vuelve el punto de partida hacia una nueva dirección. El clown me enseña constantemente a afrontar mis miedos, a celebrar mis triunfos, volver intentar frente a mis fracasos y siempre mantener la mejor actitud, que no significa no darle lugar a lo que duela o fastidie, pero sí, ante una acción, tener una mejor reacción.

Andrea Juscamaita Ramos
Economista en acción y clown en potencia. Amante de la economía del comportamiento, experimentos, atardeceres y waffles.
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