CONVERSA Y PUNTO

Mario Mendoza: ”Nos vamos acercando a un narcisismo virtual centrípeto”

Pasaron muchos meses desde que esta entrevista se produjo durante la visita del reconocido escritor colombiano Mario Mendoza (Bogotá, 1964) a la capital peruana,  pero no ha perdido ápice alguno de vigencia. Vino a dar una charla a docentes, sobre la que pudimos interrogarlo, pero más enriquecedor fue consultarle sobre algunos tópicos literarios que ha abordado durante los últimos años y ese viraje a la ciencia ficción que le ha permitido acceder a una mayor cantidad de lectores en su país y otros  de la región, además de su visión sobre el devenir del mundo contemporáneo con una crítica en particular al tedio y el narcisismo rampante de las nuevas generaciones

Si bien has comenzado tu carrera literaria joven, paralelamente también ejerces la docencia en Colombia. Desde un punto de vista pedagógico, ¿crees que hay un cambio en la percepción de la lectura tanto de las autoridades políticas o académicas?

Dos ciudades tuvieron ventaja: Bogotá y Medellín. Nosotros tuvimos durante la época de los 90 un alcalde físico, matemático y filósofo llamado Antanas Mockus. Fue una persona que cambió el panorama de la ciudad, incrementó las bibliotecas públicas e hizo inversiones muy particulares en el tema. Medellín tuvo a Sergio Fajardo. Primero fue alcalde y después gobernador del departamento de Antioquía. Fajardo fue físico y profesor universitario. Como académico se dio cuenta de que una manera de luchar contra el narcotráfico era quitarle a las nuevas generaciones. ¿Cómo logras eso si no otorgas becas, si no logras incorporarlos en ciertas dinámicas creativas, culturales y educativas? Entonces, hay que invertir. Pero son ejemplos desafortunadamente aislados. Nosotros tenemos en América Latina políticos que son analfabetos funcionales. Son políticos que saben leer y escribir en teoría, pero no pasan por las librerías, no compran libros, no leen y mientras tengamos esa clase política es muy difícil. Tienes que empezar a modificar desde las altas esferas del poder y muchas veces a este no le interesa que la gente lea mucho porque inmediatamente llegas a ser una masa crítica y una masa crítica no votaría por ellos.

¿Qué piensas de las nuevas plataformas como series, internet, celulares, smartphones? ¿Cuál crees que es la medida más efectiva para fomentar la lectura en los jóvenes? ¿La idea es competir con esas plataformas o complementarlas?

No. Yo no creo que tengamos que entrar en el pensamiento binario de esto o esto. Eso se llama un pensamiento de oposición simple. Yo creo que hay que pensar complejidades. No hay que estar siempre oponiendo porque lo se trata es pensar en la complejidad. Yo creo que hoy en día por fortuna está la red que es enormemente creativa. La red es dinámica y vertiginosa. Ahora, la red también tiene un lado oscuro. La red tiene un lado siniestro porque produce adicciones, destruye y aísla, ¿verdad? Hay grandes teóricos que están hablando que a mayores autopistas de información, menos nos estamos comunicando. Pero ese lado oscuro hace parte de nuestra condición humana. Creo que el lado creativo, el lado comunicativo, el derecho a una democracia participativa ya pasa de manera inevitable por la red. Yo tengo un blog en el cual dialogo con los lectores permanentemente. Subo columnas semanalmente, recomiendo textos y películas. Aviso a veces que estoy en tal lado y me parece que ese dialogo con los lectores  a través de la red es muy enriquecedor. A mí me ha producido una enorme riqueza y una fraternidad y casi hemos entendido que solos y aislados somos muy débiles. Pero si logramos interrelacionarlos, discutir sobre ciertas temáticas, me parece que somos mucho más fuertes.

Tú venías escribiendo cosas muy fuertes  y cargadas de mucha violencia, pero de pronto cambias a ciencia ficción con mitos de Latinoamérica. ¿Cómo fue ese paso? ¿Qué es lo que más rescatas de este  género?

Como lector de ciertas sagas, la pasé muy bien. Pero me hice una pregunta, ¿por qué no había una saga americana? ¿Por qué no pasa por América? ¿Por qué no existe una saga de la América Latina profunda? Si no la consigo, si no la puedo leer, la voy a escribir. Y empecé a viajar desde México a la Patagonia. Viajamos con los ilustradores e hicimos un trabajo de campo para cada uno de los volúmenes. Hicimos un trabajo de campo. Investigamos mucho. Después yo montaba la historia. Y así es maravilloso y extraordinario. Yo creo que América Latina sigue sin ser descubierta. Yo creo que está pendiente. Yo creo que vivimos en un continente que desconocemos. En un continente que incluso despreciamos. Soñamos con viajar a Europa, con ir a Estados Unidos, Disneyworld. Siendo poco imaginarios, un poco clichés. Pero creo que no. Se trata más bien de todo lo contrario. La idea es crear una dinámica interna; una lógica interna y a partir de ésta podemos entender el afuera. Pero si no entiendes el adentro estás mal.

¿Cómo fue tu experiencia en Machu Picchu? ¿Ya lo habías visitado antes?

En Huasao nos pasó una cosa increíble. Yo lo tenía referenciado como un caserío donde había muchos chamanes indígenas. Y alguien en la plaza del pueblo me dijo: “yo lo estoy esperando”. Y yo le dije: “no, no tengo cita aquí con nadie”. Me dijo: “sí, tiene una cita conmigo porque lo he estado esperando”. Y fue una lectura de hoja de coca. Pasé un par de horas con este personaje que aparece dentro de la novela y el libro está dedicado a él incluso. Y fue maravilloso y extraordinario porque iba de alguna manera confirmándonos la hipótesis de que sí hay un continente de brujos, hechiceros y magos que es el nuestro. Creo que viajas a otros lugares y es muy difícil. Quizás en Asia, pero creo que América es el continente más mágico de todos.

Siento que hay un desdén muy injusto y elistista a la  ciencia ficción y a sagas como el Señor de los Anillos o Harry Potter. ¿Tomaste como referentes estos fenómenos para escribir tu novela?

.El realismo ha sido esa manera de responder a las condiciones históricas. Pero creo que eso ha conllevado a que los imaginarios estén restringidos. Es como si no nos fuera permitido. Como si estuviera prohibido. Como si de alguna manera fuera un pecado soñar más allá. Construir supra realidades, ¿verdad? Y unas de las formas en las que me he liberado de alguna manera de esa condición es la saga. Me dijo que por qué siempre estamos condenados a la inmediatez, a la noticia, al titular de los periódicos. ¿Por qué no hay una corriente fuerte de ciencia ficción latinoamericana? Hay exponentes por supuesto, pero no es nuestro fuerte. ¿Por qué no hay una corriente de literatura de anticipación? ¿Por qué no hay una corriente de literatura fantástica y poderosa? Entonces me dije que había que empezar a construir unos imaginarios distintos; pasar a dimensiones desconocidas, universos paralelos. De alguna manera, la saga es una forma de responder a eso también.

En la saga lo que me llama la atención es que tú tomas elementos de culturas prehispánicas (mayas, incas). ¿Siempre escribiste sobre estos temas o quizás redescubriste lo que estudiaste en el colegio?

No. Fue gracias a un profesor llamado Pablo Gamboa de la Facultad de la Universidad Nacional. Él es historiador y también es un experto en arte precolombino. En la medida que iba viajando y recorriendo Teotihuacán e iba bajando a Tikal en Guatemala; iba explorando el Museo de Oro y algunas zonas colombianas, bajé por Machu Picchu, iba conectando por Puma Punku en Bolivia, nos dimos cuenta que no entendíamos que era lo que estábamos viendo. Tú estás en la Calzada de los Muertos en México y tienes una sensación astronómica. Pero no dicen cómo es que tienen un calendario más perfecto que el nuestro, sino tenían telescopios. ¿Cómo hicieron? ¿Cómo es posible? Nosotros tenemos un desperfecto cada cuatro años. Las culturas precolombinas tenían calendarios más ajustados astronómicamente. Si no hay telescopios a ojo es imposible. No puedes entender el tiempo cósmico solo con el ojo. Entonces, ¿cómo hicieron? No hay respuestas. Tú le preguntas a cualquier guía y no logra darte la clave. Entonces, Felipe (mi protagonista) es un chiquito de 10 años que viaja con un tío que es un arqueólogo, un antropólogo, un historiador y en la medida que va recorriendo el continente de pronto pasa a realidades paralelas y entra en dimensiones e intersticios de lo real y gracias a esos viajes interdimensionales es que va captando la profundidad del continente. Lo mismo nos pasa en el Amazonas. Lo mismo nos pasa con los trances chamanicos. No hay manera de entender lo que estás viendo bajo presupuestos meramente occidentales.

Tú que tienes jornada con los alumnos y profesores. ¿Qué es lo que más les impacta cuando terminas una novela? ¿Qué te comentan?

Que Pipe es real. Pipe es un chiquito que yo me encontré en una zona cerca a Bogotá que se llama Villa de Leiva. Es un pequeño pueblito colonial muy impactante por su belleza. Es un sitio de monasterios en la mitad del desierto. Fue un lugar de peregrinaciones místicas durante el siglo XVI y XVII. Hay congregaciones religiosas que fundaron grandes monasterios y conventos en la zona. Es un lugar de una enorme espiritualidad y alguna vez me refugié para escribir ahí. Justo estaba trabajando en otro libro y un chiquito de 10 años se me acercó y me preguntó: “¿Quién eres tú? Tu eres el escritor, ¿puedo hablar contigo?”. Entonces le pedí permiso a sus padres poder hablar con él en el jardín del hotel colonial. Él empezó a decirme que había bajado a una ciudad subterránea. A mí al comienzo eso me pareció literatura fantástica y yo dije de pronto algún día escribo esta historia porque es una historia muy bella. Pero en la medida que empecé a investigar y entrar a mirar ciudades subterráneas me tropecé con Derinkuyu, con Cobeclipete, con Caimaincli y con una cantidad de ciudades contemporáneas construidas para el fin del mudo. Esa futuropolis en Kansas. Hay más de 5000 bunkers alrededor de Moscú que están listos para el fin del mundo. Hay grandes multimillonarios que ya construyeron refugios y que están preparados por si viene una guerra nuclear con Corea o algo por el estilo. Esa gente ingresa a los búnkeres en dos o tres horas. Entonces, si viene la nube radioactiva ya hay gente que está lista para sobrevivir a un desastre de esas dimensiones. Y mientras más investigaba más me sorprendía. Entonces me dije que había que empezar a escribir la historia. Empecé a reunirme con este muchacho. Hoy en día ya tiene 17 años. Ya se está graduando del colegio y conversando con él,decidí finalmente escribir la historia. Eso es lo que más le sorprende a los chicos en el colegio. Yo les voy mostrando diapositivas y vídeos de cómo fuimos construyendo la saga y se sorprenden porque Felipe es un muchacho real.

Antes la violencia en las ciudades de Latinoamérica se vinculaba de forma directa a los paramilitares y las FARC. Pero ahora se parece más a la de primer mundo que es la cotidiana. Por ejemplo, en Estados Unidos por problemas internos y por la miseria que acecha las ciudades y que no está atendida. ¿Cómo están respondiendo los jóvenes frente a la problemática?

Claro. Yo creo que, como tú bien acabas de explicar, hubo una violencia política.Pero ahora los sociólogos hablan de violencia transpolítica. Es decir, es una violencia que ya no está afuera del establecimiento, sino al interior del establecimiento: el bullyng en los colegios, la violencia de género, la violencia racial, la segregación social. Hay una cantidad de violencias que parecen invisibles y no se llevan los titulares de prensa, pero que son las peores violencias que estamos padeciendo hoy en día. Violencia laboral, la del transporte, la de la agresión permanente con los vecinos y es la razón por la cual muchos muchachos han decidido refugiarse en la red o en el mundo virtual. No hay nada que le guste más a un muchacho que no salir un fin de semana y quedarse metidos en sus aparatos todo el fin de semana. Viendo Netflix, películas, contestando correos electrónicos, porque salir a la calle es muy agresivo. Buena parte de las generaciones contemporáneas sufre alguna fobia. Ya incluso Japón llega a un punto de tener Hikikomoris que son estos chicos que deciden nunca más volver a salir de la habitación. América Latina ya tiene varios Hikikomoris. Eso demuestra que nosotros ya somos una amenaza para el otro. Ya no nos gusta interrelacionarnos o crear vínculos o lazos con los otros. Hay como una especie de monologo permanente. Selfies, selfies, selfies. Y estoy atrapado en una dinámica que me condenan  a la red. Esa violencia me interesa a mí también y creo que los narradores colombianos están respondiendo muy bien y los jóvenes por eso llegan a los libros y se ven reflejados ahí en esa soledad. Somos personajes amnésicos, catatónicos, sin proyectos de vida. El mundo contemporáneo es un mundo muy duro.

Irónicamente justo cuando estamos en una “era de la hiperconectividad”

Lo que se ha generado es lo contrario, una inmensa soledad. Yo creo que incluso vamos a tener que enfrentar a algo como le pasó a Japón. Y es que también las redes nos están condenando a no tocarnos. Yo creo que se acerca una sexualidad de orden virtual. La gente prefiere ingresar a las redes, estar en una sexualidad virtual que acariciarse, tocarse o acostarse con otro en la vida real.

Es como un nuevo tabú del cuerpo

Yo creo que es un asco a los virus, a la contaminación, a que puedo en cualquier momento quedar contagiado, embarazos, enfermedades venéreas, SIDA. Hay una cantidad de cosas que me van generando rechazo o fastidio y en el fondo es mucho mejor acostarme con un avatar. Entro a un programa dentro de la red, elijo un avatar y me erotizo y quedo finalmente en mi mundo masturbatorio,en el onanismo. Esa es la cultura de selfie también. Quedo atrapado en mí. Creo que nos vamos acercando a un narcisismo virtual centrípeto.

Es algo que precisamente la ciencia ficción de los 80 ya habían predicho.

Claro. Nexus Seil Modelo de Placer, Ragel. Yo una vez le preguntaba a un chico que estaba recluido en una clínica psiquiátrica. Yo le decía: ¿por qué estás acá? Y me dijo que era adicto al porno por internet. Pero no a páginas de porno comunes y corriente. Me dijo que entraba a una página de avatars y ahí tenía 135 amantes. Me dijo: “Elijo la edad, la estatura”. “Puedo hacer lo que quiera, incluso entrar en salón  de sadomasoquismo”. “Puedo elegir menores de edad y como está prohíbo a fuera nadie me va a meter a la cárcel porque tener relaciones con una menor de edad avatar”. “Después cuando salgo al mundo, mis compañeras de mi universidad no me atraen en absoluto”. “Yo soy virgen en el mundo de mis compañeras, pero soy un adicto sexual impulsivo en el mundo de los avatars”… De alguna manera creo que vamos por allá. Vamos hacia Ragel o Nexus seis Modelo de Placer. Entonces hay que narrar eso e ingresar a esos mundos.

¿Algún libro que quisieras recomendar?

A mí me gusta un filósofo alemán de origen coreano que se llama Byung-Chul Han. Tiene un libro que se llama “La sociedad del cansancio”. Se los recomiendo muchísimo. Es un libro que habla sobre la sociedad el rendimiento. Primero nos vendieron la idea del éxito, del triunfo, de una persona que tiene que hacer dos o tres profesiones, dos o tres trabajos; es la sociedad del Red Bull, es la sociedad de los termos de café, es la sociedad de las Coca Cola, de las metanfetaminas, de la cocaína, de Wall Street y de las grandes empresas. La sociedad de la “sobreexplotación”. La sociedad de la gente que duerme poco. Él dice que ya pasamos por ahí. Ahora estamos en la sociedad del cansancio, en la sociedad de la fatiga. Es decir, no nos podemos levantar de la cama. Ya hay un cansancio brutal, despiadado. Ya no queremos ir a trabajar. Ya no queremos hacer nada. Lo mejor que nos puede pasar es que llegue el fin de semana, no bañarnos, cerrar la cortinas de la habitación, quedarnos con el control de la habitación en la mano horas enteras, dormir siesta, dormir de día, dormir de noche, no bañarnos y al día siguiente volver otra vez y quedarnos ahí. Y el lunes es muy difícil levantarse de la cama para regresar a nuestros oficios, a nuestros estudios. Dice: “esa es la sociedad de la depresión zombie”. De alguna manera todos estamos en un The Walking Dead. Y ya no queremos nada. Y estamos muy cansados. No hay que creernos ese discurso de la sobreexcitación laboral, de hacer muchas cosas, de estar exigiéndonos horarios, horas extras, horarios excesivos. Hay que descansar. Hay que dormir. Hay que tener tiempo de ocio. Hay que salir y sentarse en el parque. Los aparatos también producen una sobreexcitación permanente. Hay un temblor al estar pendiente de quien me llama o quien me envía correo. Entonces creo que hay que desenchufarse, relajarse. No hay que permitir que el establecimiento te destruya de esa manera tan brutal. Hay que mirar lo que se llama síndrome de fatiga crónica. Hay una cantidad de gente que se no pueda parar de la cama. Gente famosa como Lady Gaga. Ella sufre de eso. Si tú ves el último documental de Lady Gaga es muy doloroso. La ves en acupuntura, tomando calmantes y pastillas permanentemente. La ves con masajistas profesionales dentro del documental para poderse levantarse de la cama. Y es un exceso de cinismo. Hay que poner el ego en una medida más modesta y no hay que sobre exigirse tanto  Yo creo que es un gran libro. Para mí ha sido de uno de los grandes pensadores contemporáneos. Tiene muchos más, pero particularmente recomendaría ese.

Transcripción: Alejandro Alva

 

 

 

Sebastián Uribe
25 años. Economista de la Universidad de Piura y administrador de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Estuvo en el curso de Economía del BCR. Ha publicado reseñas en El Dominical, El Roommate y Solo Tempestad. Su blog personal es “Un perro romántico”. En la actualidad anda buscando espacio para sus libros.
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