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Las transformaciones de la crítica musical

Fuente: Southwales

La crítica musical, o el periodismo musical (que son cosas distintas pero hoy en día parecen mezclarse), ha tomado muchas formas con el tiempo. Durante la segunda mitad del siglo XX tuvo mayor predominio a través de la prensa escrita con secciones en periódicos y revistas especializadas en música. Estos fueron los años hegemónicos de Rolling Stone, Creem, Melody Maker y The Village Voice, quienes de la mano de críticos famosos como Lester Bangs, Robert Christgau, Greil Marcus y Ellen Willis, determinaban qué se escuchaba y qué no.

La llegada del Internet significó, como en varios ámbitos, una revolución en la forma en que la gente consumía, leía y comentaba sobre música. La crítica musical se fue democratizando a miles de aficionados que abrieron sus blogs para hablar de sus discos favoritos y compartir música a través de archivos mp3. Sitios webs que desde el nuevo siglo se han constituido como referentes en crítica musical (Pitchfork, Stereogum, Consequence of Sound, Tiny Mix Tapes, Drowned in Sound, Fact Magazine, etc.) han nacido de este fenómeno y desplazado a la crítica tradicional. Muchos son los casos de empresas que han tenido que adecuar su contenido al mundo digital para poder sobrevivir, como Spin Magazine, que nació en los 80s como una revista y desde el 2012 solo funcionan como una revista online.

A pesar de que hay quienes argumentan que la crítica musical está muriendo, la realidad es que simplemente sigue transformándose. Hoy en día podemos ver que el consumo de esta se está orientando al formato en video, propio también de una época mediatizada por la pantalla y el contenido visual. Tal es el caso de canales de YouTube como The Needle Drop, Dead End Hip Hop y Spectrum Pulse que se dedican exclusivamente a hacer reseñas de discos, canciones y dar sus opiniones sobre temas coyunturales sobre música.

Esto introduce un nuevo componente que es la posibilidad de ver a la persona detrás de sus opiniones, estableciendo así un vínculo más cercano con su interlocutor. Permite, además, individualizar la opinión: ya no se trata de la opinión de un grupo mediático como, por ejemplo, Rolling Stone, que a pesar de que sus críticas tienen nombre y apellido, son siempre presentadas bajo su marca. Además, este formato permite visualizar las expresiones y lenguaje corporal del crítico, introducir efectos de video e incorporar segmentos de música en sus críticas. El crítico entonces se convierte también en un animador: no es solo reconocido por sus opiniones, sino por cómo las presenta y hace entretenido el contenido.

De cualquier forma, ya sea a través de una opinión más “pensada” como la escrita o más “espontánea” como la captada por la cámara, lo que resalta del panorama de la crítica musical actual es la apertura de espacios, en tanto que se amplían las formas en las que consultamos sobre música y las posibilidades para decir lo que sentimos.

Andres Blume
Comunicador de la PUCP y a veces músico. Me gusta mucho el cine, hablar de discos y libros, y sobre todo comer. Síganme también en @woweezoey
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