CULTURA

[Entrevista] Jennifer Thorndike: “Ninguna situación de violencia debe ocultarse o callarse.”

La primera vez que leí a Jennifer Thorndike fue el 13 de agosto del 2013 según tengo registrado en Goodreads, mucho antes de conocerla. Recuerdo que saqué la primera edición de “[Ella]” de  la biblioteca del Centro Cultural de España, saliendo de la universidad, animado por algunos comentarios que vi en la web. Cogí el libro antes de cenar y no pude soltarlo toda la noche.Ni comí porque lo leí de un tirón. Era un libro distinto dentro de la narrativa peruana contemporánea , y lo digo en el mejor de los sentidos, pues era una propuesta donde se exponía una historia claustrofóbica, con temas crudos  y una protagonista ahogada por las circunstancias que le tocaron vivir. Atrapada y sin posibilidad de rehacer su vida. No es fácil desacralizar una relación maternal y menos, redoblar la apuesta  como lo hizo en su siguiente novela “Esa muerte existe” (Literatura Random House, 2016). Aprovechando la necesaria reedición de esa primera novela que leí, gracias al sello DEBOLS!LLO, conversamos sobre distintos temas en la siguiente entrevista:

En tu obra encuentro un elemento que se manifiesta de manera constante: la competencia desmedida, que lleva a los personajes a actuar de forma extrema y cruel. Todos sufren una sociedad que los excluye y margina volviéndolos meros objetos prescindibles ¿Nos estamos volviendo conscientes del lado más oscuro y peligroso de este contexto?

Es muy común que la gente que no se adapta a ciertos moldes sea excluida, sobre todo, del marco social. La exposición de la intimidad en las redes ha incrementado esta competencia. Obviamente, esta ya existía desde que se inventó el neoliberalismo,  pero que se ha vuelto más obsesiva porque estamos en un constante estado de vigilancia y también nos comportamos  como observadores y opinadores de todo. En mis novelas estos personajes excluidos, de pronto también somos todos. ¿Por qué? Porque de alguna manera nosotros también sentimos abandono, odio, temor, tristeza, rabia, competencia, pero es nuestro lado B. Es el lado que no mostramos y que queremos negar que tenemos.  

Las dos principales relaciones tormentosas que aparecen en tus novelas se dan  a nivel maternal ( en “[Ella]”) y fraternal (en “Esa muerte existe” ). Si bien cada vez más se habla sobre la violencia machista, ¿qué tanto se aborda la ejercida por mujeres contra sus congéneres, tanto en la literatura como en el mundo académico?¿qué particularidades encuentras en este tipo de abuso?

A mí me parece vital hablar de las relaciones de abuso entre mujeres porque las mujeres las vivimos cada día. Y con esto no niego que es obvio que el machismo es más común y está más generalizado, pero no hay que negar que la competencia entre mujeres es feroz. O que existen madres manipuladoras que se parecen a la de mi novela  o hermanas que se hacen daño porque han crecido en un ambiente tóxico que no les ha permitido crear otro tipo de vínculos. Las relaciones humanas no son perfectas. Si se habla del machismo, me parece perfecto. Pero todos deberíamos pensar que existen relaciones abusivas en donde las victimarias son mujeres. Ninguna situación de violencia debe ocultarse o callarse.

Y un tipo de violencia muy latente en tu novela es la psicológica, capaz incluso de alterar el estado fisiológico de las víctimas, como el de la hija en “Ella” , deteniendo su capacidad reproductiva y anulando su deseo sexual. ¿cómo se dio el proceso de investigación y documentación para mostrar esto de manera tan impactante?

La violencia está en todas partes. Vivimos en un constante estado de alteración, hay demasiados estímulos, un sin fin de opiniones, cientos de personas queriendo lo mismo que tú y peleando por ser mejor a cualquier precio. Y luego está la violencia que provocamos contra nosotros mismos y los demás. La violencia psicológica es dura porque puede alterar la forma cómo te comportas, cómo te sientes, si tienes ganas de levantarte de la cama o de quedarte ahí porque te sientes mal. El cuerpo reacciona, el cuerpo se resiente y se altera. Desde envejecer hasta engordar, o perder pelo o perder la menstruación como en la novela. El cuerpo es lo que somos y reacciona ante lo que sentimos.

“Si yo hubiera tenido las mismas oportunidades, hubiera llegado a ser alguien. Pero no las tuve.” (pág. 65) Esas líneas me parecen una crítica al optimismo sin sustento que se deriva del sistema económico, el cual termina siendo nocivo y dañino, por la gente que termina siendo aplastada y marginada. Una manera de desmontar la “ficción oficial” que nos quieren imponer como decía Piglia. 

A mí me interesa la economía, me interesa la lógica de la competencia voraz en la  que nos hemos criado y cómo eso altera nuestras relaciones. Tenemos que ser mejores a cualquier precio. Cuando la hija habla de que no tuvo ninguna oportunidad, lo dice porque su familia la ve como una débil mental y una fracasada. Obviamente le molesta porque sabe que no lo es y es incapaz de demostrarlo. Eso es lo que nos ha enseñado el neoliberalismo: que tenemos que demostrar que somos alguien y ni siquiera demostrándolo es suficiente porque siempre se nos exige más y más. Es destructivo y mis personajes, más en “Esa muerte existe”, se destruyen a otros y a sí mismos por esto.

 Un cuento tuyo que me gustó mucho y se encuentra en “Antifaces”, es Sobrevivientes, el cual me hizo recordar la ferocidad con la cual se ataca y calumnia en redes sociales. ¿Se está alterando nuestra forma de relacionarnos, o es que siempre fuimos así y las redes virtuales son la  vía que encontramos para canalizarlo?

Creo que siempre fuimos así, pero ahora se tiene el medio para decir lo felices que estamos, lo bien que la pasamos y cuánto triunfamos aunque nuestro mundo esté en ruinas. De eso habla el cuento. Es casi una obligación autoimpuesta. Y muy tonta, por cierto.

El control que se ejerce sobre el cuerpo, mediante la tortura física o su mercantilización,  como muestras de muy buena manera en En esa muerte existe, no es un tema que en lo cotidiano se discuta de la manera que debería, a pesar que está muy enquistada en nuestra sociedad a través de los cánones de belleza a los que uno es bombardeado a diario, por ejemplo, etiquetando como “deforme” a quien no se alinea. ¿Hay manera de resistir este sometimiento del que somos víctimas y victimarios? ¿Cuáles son los verdaderos “monstruos” de nuestro día a día?

Hay maneras de combatirlo, pero es difícil. Creo que primero habría que pensar, obviamente, que la belleza no debería ser una medida para las mujeres. Yo estoy en contra de esas campañas que dicen que “todas son hermosas” porque se sigue pensando que las mujeres tenemos la obligación de ser bellas. Lo que hay que intentar es estar contento con uno mismo, aprender a quererse. Por qué voy a maquillarme, por qué voy a odiar mi cuerpo, por qué me voy a sentir fea, por qué tengo que ser de una manera determinada para sentirme bien. No es fácil, lo repito, para mí nunca ha sido fácil. Una vez posteé una foto mía en Facebook en que salía medio desnuda, aunque no se veía nada. Pero para mí lo importante era el mensaje: he cumplido 30 y por fin comienzo a sentirme cómoda con mi cuerpo. Es en parte verdad, pero es una lucha diaria. El monstruo es la violencia de cualquier tipo, siempre seguirá siéndolo. La violencia genera miedo, silencio, dolor, culpa, muerte. Y parece imparable.  

Finalmente, y para cambiar un poco el tono  ¿Qué nos puedes contar sobre tus aficiones,  como lectora de distopías y gamer ? ¿Cómo influyen en tu narrativa y tu investigación académica?

Soy una friki total. Las distopías me gustan porque se muestra hasta dónde es capaz de llegar el ser humano con tal de sobrevivir en situaciones extremas. Eso está en mis novelas. Estar en una situación así puede llevar a maneras muy ingeniosas de continuar viviendo, pero también a las maneras más violentas y crueles. De los videojuegos yo rescato la atmósfera, la intensidad, el no tener descanso. Me gusta esa sensación de ahogo que te produce no saber qué te vas a encontrar al abrir una puerta o cuando te encuentras con alguien en quien no sabes si vas a poder confiar. Ese ritmo frenético y sin descanso es lo que quiero que tenga todo lo que escribo. Hay escenas que he tomado de videojuegos para mis novelas. En [Ella] hay una referencia al Silent Hill 4 – The Room. No he tenido la suerte de jugar tantos juegos de rol, pero lo que me fascinaba de ellos era la creatividad que había que usar para salir de situaciones inesperadas. Todo me influye, todo está ahí presente cuando escribo. Y si hay algo que me alegra es poder tomar elementos de lo pop, de lo friki y de mis lecturas académicas sobre teoría política y filosofía para escribir. El resultado es un proyecto en construcción que tiene mucho camino por recorrer. Pero me queda la satisfacción que traté y estoy tratando de hacer algo diferente.

 

Sebastián Uribe
24 años. Economista de la Universidad de Piura y administrador de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Estuvo en el curso de Economía del BCR. Ha publicado reseñas en El Dominical, El Roommate y Solo Tempestad. Su blog personal es “Un perro romántico”. En la actualidad anda buscando espacio para sus libros.
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