CULINARIUM

Crónica: El olor a chifa en Velasco astete

¿Quién no a comido chifa en su vida? Es una pregunta un poco absurda, sobretodo si se la preguntas a un limeño. En Lima los chifas están para donde mire el ojo, aunque no necesariamente todos son ricos, evidentemente, los chifas están en todos lados, cantoneses y no cantoneses, legendarios y finos, así como también los de menú, que andan salvando tu hora de almuerzo varios días a la semana.

Mis papás me llevaban a un chifa en la avenida velasco astete, avenida en la que vivo desde toda mi vida. En ese entonces no existían chifas como ahora, tampoco les hablo de años en blanco y negro, pero los chifas han aumentado significativamente con el tiempo, debo decirles que bastantes de los chifas que ustedes idolatran ahora recién comenzaban a brillar en esos años, es la ley de la vida.

El Yac Tac fue mi primer chifa favorito, pensé que quizás lo era porque era el más cercano a mi barrio, el único al que llegaba caminando, pero con el pasar de los años fui notando que ese no era el caso, extrañaba su sabor, su chijaukay no se salía de mi mente y se me hacía imposible no compararlo con otros, su taipá salía de la cocina apestando todo y a todos pero no me importaba, olía delicioso, y al irme apestando lo volvía a recordar con una sonrisa.

Año tras año los chinitos dueños del Yac Tac le hacían una remodelación, el conformismo nunca estuvo en sus planes y hoy por hoy lo demuestran con el tamaño de su local. Todavía me acuerdo cuando eran muy pequeños, años después absorbieron el local del costado que era de una bodega y ampliaron el salón, al costado había una tienda de antigüedades, la cual así como la bodega, fue absorbida también para formar parte del segundo salón y así fueron creciendo poco a poco, llenando sus salones, así como también llenando de carros esa esquina de velasco astete llegando a las nazarenas, los vecinos pueden dar fe de eso.

Fermín es el nombre de su mesero más antiguo, mesero que me conoce y sabe que soy de alianza desde que tengo cuatro o cinco años, tengo esa fiel costumbre de esperar a que él me atienda, si no hay mesa pues espero, no es por qué no confíe en los demás meseros, es porque eso es el Yac Tac para mí, una mezcla de chijaukay, Fermín y buenos recuerdos, que hacen que mis comidas ahí brillen con luz propia.

No puedo expresarles todo lo que he vivido por veintiocho años estando cerca al Yac Tac, ni hacerles sentir ese privilegio, pero sí les puedo pedir que vayan y lo prueben, que conozcan a Fermín y vean que existe y por supuesto, a la hora de pedir su chijaukay lo pidan bien jugoso, a veces se pasan de palomas y se ponen tacaños con la salsa, a mí con esas.

André Gallet
Egresado de la carrera de Gastronomía y Arte culinario de la universidad Le Cordon Bleu, empedernido cocinero que sigue persiguiendo sus sueños y espera nunca dejar de aprender.
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