COYUNTURA

Opinión: “Zona de promesas”

Ricaldeart

“Mamá sabe bien… perdí una batalla” dicen las primeras letras de una conocida canción de Gustavo Cerati que –hoy en día- nos hacen pensar indefectiblemente en nuestro Capitán y en todo lo que está pasando personal y emocionalmente, al haberse confirmado su sanción por el TAS y estar casi seguro que quedará fuera de Rusia 2018.

De más está decir que si bien somos un equipo y no podemos perder las esperanzas solo porque un jugador no vaya a estar presente, Paolo Guerrero no solo es el capitán de la selección, sino que además es –hoy en día y después de mucho tiempo- un gran referente en el equipo y en el país de lo que significa compromiso, actitud y entrega al momento de representar a nuestro querido Perú. 

Paolo no solo es un futbolista, es aún el niño chorrillano jugando con sus zapatillas gastadas en el complejo deportivo al lado de la cancha de los muertos, es el estudiante esforzado que trata de pasar todas sus materias en un colegio barranquino, es el deportista adolescente que a pesar de haberse desvelado estudiando tiene que ir a entrenar a Matute, es el joven Limeño que cautivó Alemania con su entrega, es el futbolista peruano que conquistó Brasil con sus goles, es el hijo agradecido y es el papá amoroso que se esfuerza a diario por el bienestar de sus hijos.

Nuestro capitán no es un tipo cualquiera, sino por el contrario, es el ideal de lo que los peruanos aspiramos ser algún día, no por el dinero o los lujos, sino por la entrega y el esfuerzo constante, los ideales marcados, los principios sólidos, las ganas de sacar adelante a su familia y por todo el amor desmedido que le tiene a su país, a su patria, a su gente, a su cultura y a sus costumbres ancestrales. 

Así como Paolo, existen en Perú millones de personas con una actitud similar que se esfuerzan a diario por salir adelante, por darles una buena alimentación y educación a sus hijos, y por ser –al igual que nuestro capitán- dignos representantes de nuestro país y de su pasado histórico. 

Y como si todo lo antes descrito no fuera suficiente, a pesar de no recibir mayor apoyo o soporte por la Federación Peruana de Fútbol –según señalan muchos- y cuando la prensa ya indica que como consecuencia de esa falta de apoyo, Paolo renunciaría a la selección, sale nuestro Capitán en la redes y señala que jamás dejaría pasar la oportunidad de representar a nuestro país.

Paolo no solo asumió un compromiso con su carrera, con su familia, sino que asumió un eterno compromiso con su país, con la tierra que nos da la oportunidad a todos de formarnos y de salir adelante. Paolo nos hizo tácitamente una promesa, la promesa de esforzarse -en los buenos y malos momentos- por dejar bien en alto el nombre del Perú.

Así, quiero terminar esta columna indicando que a pesar de los mil obstáculos, de los problemas, siempre debemos tener en mente que cuando hacemos las cosas con amor y compromiso, los resultados pueden tardar en llegar, pero –como dice la canción- al final hay recompensa.

José Fernando Reyes
Abogado por la Universidad de Lima. Opinólogo. Economista frustrado. Melómano. Agnóstico Funcional.
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