COYUNTURA

Opinión: Veinte soles son iguales a ciento cincuenta mil

La corrupción parece ser un fenómeno ajeno al día a día de todos nosotros. Me refiero con esto a la “gran corrupción” casos como la compra de congresistas por parte de Vladimiro Montesinos en los años 90, Carlos Moreno y el “Negociazo”, y más recientemente las coimas de Odebrecht en el Perú son ejemplos de una corrupción desde y con el Estado. No sorprende entonces que la corrupción como acto no solo ilegal sino también condenable pase a ser visto como algo lejano puesto que el Estado en sí mismo es lejano a sus gobernados.

Con esto quiero resaltar dos cosas: la primera es que la corrupción en sí no existe. Existen actos corruptos y gente que comete actos corruptos por lo que se definen como gente corrupta, sin embargo la corrupción como fenómeno abstracto e independiente no existe, no es un virus que tiende a infectar personas es el resultado de las acciones conscientes de una o un grupo de personas.

El segundo punto es que dentro de la Ciencia Política hablar y definir corrupción se hace complicado sobretodo porque choca con varias otras definiciones que terminan por restarle características a lo que queremos definir. Hablar de corrupción nos llevará entonces a hablar de clientelismo, de populismo, de captura del estado, de lobbies, etc. Entonces definir corrupción no llega a ser tan fácil como parece. La única certeza que tenemos acerca de esta es que existe, la vemos, la experimentamos y condenamos.

Es justo entonces que me preguntes ¿No empezaste diciendo que la corrupción es un fenómeno ajeno al día a día? Tu pregunta es completamente válida y es que para la mayoría del pensar colectivo la definición de corrupción está en lo que ya mencioné: en la GRAN corrupción, aquella que se cuenta por millones y se hace mediática, aparece en las noticias y tiene miles de procesos con el Poder Judicial.

La novedad es que la corrupción no solo está en el Estado si no en todo aquel que piensa que bajarle 20 soles a un policía es una manera factible de salir del problema. En aquel que utiliza una moneda de 5 soles para comprar un sitio en la fila de algún transporte a alguien. La corrupción no existe; existe gente corrupta. Pensar que coimear a un policía con 20 soles es menos dañino que coimear a un alto funcionario del gobierno con 150 mil dólares es el verdadero problema. Ambas acciones tienen la misma naturaleza y ambas deben ser condenables.

Más preocupante aún es llegar a la conclusión de que la GRAN corrupción no nos afecta. Producto de este razonamiento es el “roba pero hace obra”. Más dañino que un desastre natural es la constante filtración de fondos públicos los cuales deben ser destinados al progreso social y no a la compra de una nueva residencia o automóvil. No podemos olvidar que las obras públicas se hacen con nuestro dinero, “robar pero hacer obra” es lo mismo que simplemente robar puesto que la principal función de una institución pública es “hacer obra”, velar por las necesidades de los gobernados y responder a las demandas más urgentes de estos.

La corrupción no se termina con un antibiótico o con una cura milagrosa, probablemente siempre exista mientras existan personas que contemplen salidas más fáciles en vez que los caminos formales. Sin embargo, se puede reducir si analizamos las causas, ejercemos una fuerte fiscalización y cumplimiento de la ley y condenamos desde la sociedad los actos corruptos que nos perjudican a todos.


Fuente de Imagen: La Mula

Carlos Dextre
Estudiante de Ciencias Políticas en la PUCP. Es parte del Programa de Negociación y Debate de Acción AENU. Ha participado en modelos de naciones unidas como parte del equipo de Peruvian Universities. Tiene experiencia en la publicación de artículos de opinión en medios online. Apasionado del futbol y bailar salsa.
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