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Opinión: S.O.S: oleada venezolana en Perú, ¿un beneficio?

En los últimos meses es bastante común observar a ciudadanos venezolanos trabajando en Lima. Es frecuente interrelacionarse con venezolanos en actividades tan comunes como ir a comprar un café o ir de compras al supermercado. Evidentemente esta situación se debe a la complicada situación económica que atraviesa Venezuela en los últimos años contrastada con el buen nivel de Perú.

La inmigración trae consigo diversos beneficios, como el aporte de conocimientos a la sociedad que se manifiesta en el enriquecimiento cultural que el país anfitrión recibe de sus nuevos habitantes. Además, como consecuencia del trabajo ejercido por los inmigrantes, el fisco recibe mayores ingresos lo que debiera generar una mejora en los servicios públicos. Evidentemente, si en el futuro no ocurre eso, no es culpa de los inmigrantes, sino de la pésima calidad del personal a cargo de la administración de los recursos públicos.

Además, la inmigración trae consigo diversidad en la población, enriquece cultural y económicamente a una nación. Un claro ejemplo de ello es Londres, ciudad que, gracias al flujo de inmigrantes recibidos de los distintos países de la Unión Europea, se ha convertido en la capital financiera (de facto) de Europa.

Ciertamente la inmigración que Lima y el Perú necesitan es aquella que proviene de profesionales o personas que desean realizar algún oficio que sea útil para la sociedad y rentable para ellos. La inmigración será positiva cuando esta respete las reglas de juego del país anfitrión, desde normas migratorias, incluyendo también normas culturales y sociales. Recientemente, El Comercio publicó una nota acerca de los supuestos en que la autoridad migratoria de Perú puede ordenar la expulsión de un ciudadano extranjero. Es importante y siempre bienvenido que los periodistas informen los temas trascendentales como el caso de la expulsión de los malos inmigrantes. Lástima que, en esta ocasión, ello no se deba al gran flujo de migrantes que el Perú ha recibido en los últimos años, sino a raíz de un caso farandulero sin mayor importancia.

Además, recientemente una periodista tuvo una fuerte retórica anti-inmigración contra los colombianos. Este tipo de actitudes deben evitarse puesto que, por un lado, Perú necesita de buenos inmigrantes que contribuyan al crecimiento económico al margen de su nacionalidad y, por otro, no debe olvidarse jamás que durante la década de los 80 y 90 muchos ciudadanos peruanos emigraron a otros países para buscar mejores oportunidades. Ahora le toca a Perú retribuir la ayuda recibida.

Evidentemente, la autoridad migratoria debe crear procesos expeditivos y simples (cosa que podría parecer muy difícil, teniendo en cuenta que la autoridad migratoria tiene una especialización en la creación de trámites engorrosos) para expulsar a los inmigrantes que no cumplen con la ley. Sin embargo, ello no justifica comentarios ligeros que estigmatizan a las personas por su nacionalidad.

Los inmigrantes colombianos, venezolanos y de otras partes del mundo deben ser acogidos y vistos como una oportunidad para ambas partes. Quizás en algunas décadas, siguiendo el ejemplo de Londres, Lima podría convertirse en la capital económica de Sudamérica gracias a los buenos inmigrantes. La reacción que el Perú necesita no debiera de ser: “¡S.O.S. nos invaden!”, sino más bien un pedido dirigido a las desidiosas autoridades peruanas: ¡S.O.S.: necesitamos reglas migratorias claras y simples!

Enrique Bravo-Garcia Viñas
Soy abogado. Estudié Derecho en Ludwig-Maximilians-Universität München – Universidad de Múnich y Finanzas en la Universidad Complutense de Madrid. Aficionado a la política y a los temas de Law & Economics. Además del fútbol. Hincha de Bayern Munich y Real Madrid.
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