COYUNTURA

Opinión: ¿O todos somos fujimoristas o nadie es fujimorista?

La coyuntura de hoy, mayo 2016, me empuja a escribir estos apuntes polémicos e intempestivos. Antes de comenzar, quisiera aclarar qué es lo que no quiero hacer: no quiero dar un diagnóstico especializado sobre las prácticas políticas de mis compatriotas a partir del año 1990. No he hecho (tampoco pretendo hacerlo por ahora aunque sí más adelante) una investigación sobre qué es el fujimorismo. Estos apuntes son consecuencia y necesidad de un peruano que ve cómo su sociedad se consume en lo que denomino la ideología anti, y mi crítica va sobre todo a sus características, a sus causas y a sus consecuencias hoy: la imposibilidad de la reconciliación. Mis notas no quieren agradar, quieren incomodar, lector, que estás tan seguro en tu polo: pro o anti; quiero moverte, pero no porque te odie, sino porque me interesas. Si hay contradicciones en este escrito, son consecuencia directa de la sociedad que describe y de las limitadas consideraciones de su autor “degenerado”, yo. (Esta es la tercera de 4 notas que saldrán semanalmente).

Feinmann, filósofo argentino, define al peronismo como una “persistencia argentina”. Yo creo que, con sus similitudes y diferencias, el fujimorismo es la “persistencia peruana”. Por varias razones: Feinmann afirma que quienes son anti-peronistas le dan vida al peronismo, quizás, sin querer, y eso es posible justamente por el radical pragmatismo del peronismo: el peronismo es todo y nada. El caso del fujimorismo es análogo: es lo que uno quiere que sea o, mejor dicho, es lo que cada uno recuerda: para el habitante de un caserío en la selva peruana es una cosa, para la verdulera de un mercado es otra, para un intelectual limeño es otra, para un profesional trujillano es otra, para un universitario cantuteño es otra, para un villarrealino es otra, para mi madre es otra, para mí es otra y, por su puesto, para alguien de la PUCP, sobre todo si es de Humanidades o Ciencias Sociales, es otra. Todas estas “cosas” tienen algo en común pero también tienen mucho de diferente: no se puede privilegiar uno de los polos, debemos escucharlos e intentar comprenderlos a todos. Y para que este encuentro sea posible necesitamos imaginación y tiempo. El fujimorismo tiene algo más: es popular, tiene una base popular (populista o no), y esa popularidad es diversa, híbrida si es que no contradictoria.

Mucho se habla del carácter camaleónico de fujimorismo (cambio constante de nombre del partido, por ejemplo); se le dice pragmático en un sentido peyorativo. Es cierto. Ese pragmatismo ha impedido comprender bien el fenómeno fujimorista. Creo que el libro sobre el fujimorismo que permita comprenderlo en toda su complejidad, si es que alguna vez eso es posible, está por venir. Aún no es hora, ya que el fujimorismo, para bien o para mal, está vivo gracias a los que lo apoyan y a causa, paradójicamente, de quienes lo odian y quieren que desaparezca. Lo que propongo en estas breves líneas es lo siguiente: el fujimorismo (en todas sus versiones) es la ideología peruana contemporánea; y hoy el fujimorismo se nos presenta como dividido en albertismo y keikismo; la pregunta que me hago es la siguiente: ¿es posible un fujimorismo keikista (liberal conservador, responsable, realista, negociador y eficiente) como potencial agente de la reconciliación nacional y la mejor oportunidad para la izquierda peruana? Es obvio que esta es una generalización (para algunos quizás excesivamente grosera y hasta insultante), pero las generalizaciones tienen la virtud y el defecto de darnos un mapa de la totalidad, en este caso peruano, un mapa parcial, claro, pero que permite hacernos una idea, aproximada y siempre en transformación de lo que está pasando, y comenzar a trabajar sobre ella, sobre esa situación.

Considero que para comprender el Perú contemporáneo se debe distinguir entre el fujimorismo albertista y el fujimorismo-keikista-como-posibilidad-reconciliatoria; debemos ver qué prácticas nefastas del fujimorismo albertista se han vuelto parte del hardware nacional, criticarlas y dejarlas atrás: así como ahora ya no es un escándalo reconocerse como “informal” (“¿quién no ha comprado un DVD pirata?”), quizás sea la hora de reconocernos como “fujimoristas” en lo malo y en lo bueno. Quizás lo más característico del fujimorismo noventero haya sido la utilización de la violencia (retórica y politica) para destruir totalmente a su enemigo, descalificarlo como totalidad. Lo lamentable es que ese modus operandi ha sido continuado, quizás a su pesar, por las ideologías que se desprenden indirectamente de la CVR y la PUCP, solo que se le dio la vuelta: ya no de derecha a izquierda sino de izquierda a derecha (y esto también es una generalización que espero el lector perdone y que entienda en lo que desea expresar). Un ejemplo opuesto sería el caso de Aldo Mariátegui quien entre argumentos e insultos, a la González Prada, se ha erigido como un furibundo crítico de la izquierda peruana. A pesar de ello, recomiendo El octavo ensayo de Mariátegui así como Pensando a la derecha de Antonio Zapata.

mariategui1Foto: Libro de Mariátegui – El Octavo ensayo.

 En este sentido, debemos pensarnos como país de modo crítico y erótico, y reconocer y asumir qué de fujimoristas tenemos, de comprender por qué estamos tan obsesionados con este fenómeno, y quizás así salir del fujimorismo finalmente o quizás, de modo más utópico, regenerarlo. No debemos odiar al fujimorismo, debemos enseñar y mostrar qué elementos del fujimorismo (en sus variantes albertista y keikista, y como identidad nacional) deben desaparecer o transformarse, y esto debe hacerse con argumentos sólidos y atrayentes para así convencer a la población (procesos educativos y no sólo espectaculares como marchas) de que podemos ser mucho más que el fujimorismo. Debemos reemplazar la ideología del odio con estrategias pedagógicas crítico-eróticas (para ver a qué me refiero con esto ver mi artículo “¿Eres un intelectual erótico o crítico?”); de otro modo estamos perdidos en la ciénaga del anti.


Foto: es.panampost.com

Javier Suárez
Estudió Literatura y Filosofía. Mágister en Artes Liberales de la Universidad de Harvard. Actualmente es doctorando de Literatura Italiana y Española en la misma universidad. Ha publicado tres libros experimentales: 20+1: NOSSUM, 10+1: (SIN)VENTANAS e (IN)FIRMITAS 5+1. Es miembro del Colectivo Interdisciplinario TXT y participa en el proyecto pedagógico Pre-Texts. Interesado en temas de educación, gestión cultural, humanidades digitales y estudios “de-generados”.
Click to comment

Deja tu comentario

Loading Facebook Comments ...
To Top