NACIONAL

Opinión: Política como de costumbre

Imagen: El Comercio

Es algo casi cómico que el ferviente deseo de muchos desembocara en un escenario tan rechazado por los mismos. Parece una broma de mal gusto por parte de Kuczynski, algo digno del Día de los Inocentes. Porque mientras que los mensajes de #NoALaVacancia salían como pan caliente en los días anteriores a lo vivido el anterior jueves, otro asunto se iba asomando de manera solapada, tal y como el fujimorismo, o mejor dicho Kenji, lo tenía anticipado. Era la jugada maestra, el as bajo la manga del controversial congresista. Si la supuesta negociación fue idea del Presidente o de alguien más, se quedará en la mera especulación por lo pronto. Lo que sí es seguro es que sin el indulto a Alberto Fujimori, no habría más PPK.

Lo anterior no es nada nuevo, pero resulta crucial para entender el porqué de semejante decisión. Aquellos que se oponían a la vacancia sabían exactamente cuáles eran sus consecuencias: un país envuelto en el caos político, una economía paralizada, y el lujo de perder más tiempo necesario para llevar a cabo obras importantes y planes de gobierno. A pesar del sinsabor que dejaba Kuczynski con sus declaraciones, y la pérdida de credibilidad por parte del pueblo peruano, una vacancia hubiera sido una enfermedad terminal para el país.
Hasta que apareció el héroe de esta historia: Kenji Fujimori. Con el esmero de seguir cultivando la imagen del diferente, del paria de la bancada fujimorista, se manifestó en contra de la vacancia al Presidente. Pero no sólo eso, también convenció a 10 congresistas más de hacer lo mismo. Kenji aprovechó el mal momento político para luchar por sus propios intereses, y la jugada le salió de manera perfecta. Con 79 votos a favor de la vacancia, 8 menos de los necesarios, PPK pudo seguir siendo PPK, y Kenji pudo lograr algo que Keiko jamás hizo: liberar a su papá. Con esto, tomó control de la bancada fujimorista de manera absoluta.
Ahora, una negociación entre las dos bancadas era algo no solo inminente, sino necesario. El periodo de gobernabilidad ha sido sumamente trabado e infructuoso. No se ha llevado a cabo los planes como se ha querido, y todo gracias a la disputa de poder entre los dos bandos. Una reconciliación era el plan a seguir si se quería hacer algo provechoso durante estos 5 años. Sin embargo, no cualquier acuerdo hubiera bastado. La herida producida por la campaña electoral no sanaría con un simple curita. Es cierto que la negociación no fue precisamente con Fuerza Popular, mas esto no la hace menos poderosa. Después de todo, el líder histórico del partido sigue siendo Alberto Fujimori, y su libertad supone una alegría para todo simpatizante del partido.

Dado el contexto político, el acuerdo se dio de manera escandalosa. La traición de PPK a su palabra es deplorable, pero cierto es que en la política, acuerdos como este son parte del día a día. Lamentablemente, era esto o perder a nuestro Presidente. Al final del día, sigue siendo la desagradable cuestión del mal menor.

Alejandro Olavarría
Estudiante de Ingenieria Industrial en la Universidad de Lima. Escritor frustrado. Sabe un poco de bachata
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