NACIONAL

Opinión: La mitosis fujimorista

La mitosis es un proceso que realizan las células eucariotas que consiste en la segmentación de estas repartiendo equitativamente el material genético que se halla en el ADN. Es así que, a modo de analogía, el fujimorismo ha hecho exactamente lo mismo.

Hace varios días, Kenji fue prácticamente dado de baja por su bancada, al igual que otros dos de sus colegas allegados (Bienvenido Ramírez y Martiza García). El hermano de Keiko, junto con sus “Avengers” —que son nueve congresistas en total— tomaron la decisión de renunciar a la bancada y formar parte de los parlamentarios “no agrupados”. Algunos antifujimoristas ven esto como algo positivo.

Sin embargo, la bifurcación de Fuerza Popular es, en realidad, lo mejor que le pudo haber sucedido a la familia Fujimori, viéndolo fríamente. Por un lado, tenemos a una Keiko debilitada, sin mayoría congresal y con cada vez menos seguidores, producto de su ambición sin reparo y la obstrucción que impedía el desenvolvimiento del gobierno de PPK (aunque este luego se cayó por su propio peso).

Por otro lado, tenemos a un Kenji cuya popularidad continúa ascendiendo. Él se quiere vender como la otra cara del fujimorismo. Un fujimorismo que sí respeta la democracia, que se preocupa por su pueblo, que escucha a las minorías, que quiere gobernar a la par con el Ejecutivo y no patearle el tablero como lo ha estado haciendo Keiko.

Para rematar, es visto por un gran número de simpatizantes naranjas como el “héroe del pueblo” por haber sacado de la cárcel al líder por antonomasia y fundador del partido, Alberto Fujimori. Algo en lo que su hermana mostró poco o ningún interés de realizar.

Los medios de comunicación, e incluso la gran mayoría de ciudadanos, vaticinan a Kenji como el próximo candidato presidencial representante del auténtico fujimorismo para las elecciones del 2021. He aquí la situación desfavorable para los que no simpatizamos mucho con el partido del indultado expresidente. Ahora ya no hay una sola línea, un solo tren por detener, sino que ahora existen dos fujimorismos con los cuales lidiar. El pasado quiere pisotear nuestro futuro.

Al final un Fujimori sigue amenazando con llegar al sillón presidencial. Un Fujimori con más aceptación y que ha sabido mover sus fichas oportunamente, pero que sigue representando lo peor de nuestra política. Es como tomar una gaseosa “sin calorías” y creer que no te hará daño: sigue siendo el mismo veneno solo que sin azúcar. Que no nos sorprenda ver en un futuro no muy lejano a los dos hermanos de raíces japonesas reconciliarse. Los políticos destacan por su actuación relativamente convincente.

La década de los 90’s fue un caos total. Los libros de historia están ahí para corroborar los crímenes y desacatos a la justicia más grandes que se hayan cometido en nuestro país. “Fujimori” es un apellido que evoca alegría para algunos y tristeza para otros. En mi caso, yo no ando saltando de felicidad ante este escenario.

Santiago Zelada
Periodista
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