NACIONAL

Opinión: Desilusión y disolución

Definitivamente el Congreso no es merecedor de vítores ni aplausos. Este denota su ineficiente desempeño al trabajar y también por los últimos escándalos revelados por la prensa: televisores, frigobares, computadoras, flores y iPads. En momentos en los que el presidente Vizcarra pide austeridad, los congresistas se lucen más de la cuenta con gastos excesivos  y superfluos, que ni han podido justificar convincentemente ante la opinión pública.

El reclamo de la inmensa mayoría de ciudadanos de que se cierre el Congreso es entendible. Es decepcionante ver en los medios de comunicación que los padres de la patria gastan inescrupulosamente el dinero de todos los peruanos en cosas poco urgentes o inecesarias, y con precios sospechosamente inflados. No hay explicación que contente o calme la molestia colectiva, al contrario, estas acrecientan el repudio. Cada traspié de nuestros políticos nos ha hecho confiar cada vez menos en ellos.

Los parlamentarios a veces se olvidan de a quiénes representan, por qué están donde están y cuál es el designio y responsabilidad que tiene con todo el Perú. Aunque las declaraciones de la fujimorista Karina Beteta son tentadoras para dar luz verde a una disolución definitiva de la cloaca congresal, solo debemos tomarlas como expresiones jocosas, sarcásticas y burlescas. Los intereses particulares, la ebriedad de poder y los delirios de grandeza son los verdaderos impedimentos para que lleguemos a ser una nación próspera en el 2021.

La euforia mundialista y el retorno de Paolo Guerrero a las canchas han sido un desfogue ante tanta pestilencia en la política peruana. Sin embargo, debemos seguir siendo incisivos con nuestras autoridades y cuestionarlas cuando no desean ser cuestionadas. Las quejas necesitan ser atendidas; y las dudas, disipadas. Tildar de “mermeleros” a los medios (tal y como expresó Luis Galarreta) es una muestra evidente de temor e inseguridad sobre los actos expuestos. Nuestros congresistas son interminables fuentes de material periodístico, eso no es culpa nuestra.

Las protestas para que el Congreso sea clausurado —cual restaurante insalubre— no solo responden a los errores cometidos por nuestros gobernantes, sino también a los errores que seguimos cometiendo al momento de elegir. Las protestas y los cambios significativos se dan desde las urnas. Llegar a la disolución ipso facto del Legislativo pondría en manifiesto nuestra torpeza como votantes y la falta de reconocimiento de nuestra culpabilidad. Obtenemos lo que nos merecemos, apuntemos hacia algo mejor.

Santiago Zelada
Periodista
Click to comment

Deja tu comentario

Loading Facebook Comments ...

Leave a Reply

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

To Top