COYUNTURA

Opinión: ¡La masculinidad es el agresor!

La República

“¡Déjame!”, gritaba ella, en un ahogado intento de encontrar ayuda. La gente le gritaba a él, para que se detenga, mientras, absorto en su violencia, la arrastraba por los suelos por más de una cuadra. Este video retrataba un desbordante espectáculo de machismo y violencia, que indudablemente impacta a cualquiera que lo vea. Viéndolo, no podía dejar de preguntarme cómo es que se llegó a eso: ¿qué hacía ella ahí, siendo arrastrada y agredida? Peor aún, ¿qué hacía él, arrastrándola y agrediéndola?

La violencia de género en nuestro país se vive día a día, pero son pocas las imágenes tan crudas que muestran hasta dónde puede llegar el machismo. Cuando las vemos, la indignación nos envuelve, ¡y eso está bien! Sin embargo, para respondernos cómo llegaron ahí, no basta mirar el video, sino ir unos cuantos pasos atrás. Para mí, se necesita comenzar a analizar cómo se construye la masculinidad para poder tener una mejor visión de la violencia de género.

La violencia crece sigilosamente. Pareciera que se plantara en muchos hombres, que poco a poco va sentando raíz hasta que, con algunas desviaciones, florece en manifestaciones de violencia pura. El rol esperado socialmente para los hombres contiene, esencialmente, aspectos violentos, hacia cualquier persona en su entorno, pero con mayor énfasis hacia las mujeres. Y es ahí donde comienza todo. Se nos siembra, con la masculinidad, esa semilla de violencia, que vamos regando con nuestra indiferencia.

Martín sentía que Micaela era su propiedad, por lo que, cuando ella trató de irse, él se sintió en el derecho de retenerla sobre cualquier medio y, en este caso, fue uno extremamente violento. No obstante, esto no siempre es así. Comienza, en muchos casos, con un hombre que, desde muy joven, fue instruido a comprender a las mujeres con las que se relacionaba como una cosa más que un ser humano, que insistía pese a algunas negativas, “porque cuando las mujeres dicen que no, es si”, que celaba en extremo porque la gente debía saber que ellas son “sus” mujeres, que se acostumbró a manifestar su amor con dominancia. Y nosotros lo dejamos transcurrir. Nadie puede decir que no ve a su alrededor estas actitudes y, lamentablemente, no reaccionamos: no lo notamos, no lo increpamos, mucho menos lo evitamos.

Incluso, a veces lo encarnamos. El mayor paso para lograr una adecuada comprensión de la violencia de género es comprendernos a cada uno de nosotros como agresores también. Pensar que, en algún escenario, nosotros podemos ser los actores en aquel momento que alguna mujer recuerde como violento, pero nosotros no nos damos cuenta. Tenemos que analizar, en nuestro entorno y en nosotros mismos, esa violencia sembrada que nos lleva a agredir. Solo cuando perdamos el miedo de interpelarnos como victimarios de esta violencia, en distintas medidas, es que podremos detener a consciencia su reproducción y, para eso, necesitamos diálogo.

Debemos hablar: hablar del miedo. Ese miedo que genera un hombre furioso, ese miedo a hablar, ese miedo al rechazo, ese miedo a la violencia, que las paraliza y cierra el círculo de violencia. Se debe hablar de cómo es que las mujeres reciben estas agresiones y qué entienden ellas por violencia, para así poder comenzar a deconstruir esta masculinidad malentendida, que roza esa violencia constantemente. Y esta deconstrucción se debe hacer de la mano, hombres y mujeres, porque no será hasta que el hombre se reconozca como agresor que reconocerá la violencia en sí, y ello no sucederá sino cuando la mujer se lo diga en la cara. ¿Y qué necesitamos para eso? Romper con el miedo, hablar juntos, entender, escuchar. Solo será cuando la mujer pueda hablar sin miedo a recibir más violencia, cuando podremos reformar nuestra masculinidad que tanto las daña, para entonces comenzar a entender la violencia de género desde una orilla nueva.

Augusto Dannon
Augusto Dannon Alva estudia Derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Sus intereses son la política, la filosofía, el teatro y temas sociales.
Ha participado exitosamente en distintos Modelos de Naciones Unidas en Lima, Bogotá y México DF y Boston. Tiene el corazón a la izquierda pero la cabeza en el centro.
Click to comment

Deja tu comentario

Loading Facebook Comments ...
To Top