COYUNTURA

Opinión: La verdadera doctrina Trump

En materia de política exterior, el presidente de los Estados Unidos ha caracterizado su accionar de dos formas principales: la rectificación frecuente y la insaciable necesidad de contradecir las gestiones de su antecesor. Este mes, Donald Trump no solo bombardeó Siria, sino también criticó fuertemente la nuclearización de Corea del Norte, comenzó una controversia con Rusia concerniente al Medio Oriente, desertó a su estratega principal, Steve Bannon, del Consejo de Seguridad Nacional y discutió un acuerdo comercial con Xi Jinping de China. En menos de cien días sus planes han cambiado drásticamente y el hombre que en noviembre se presentó como un líder neo-aislacionista, que prometía retirar el apoyo militar a los países aliados, este mes firmó la orden de atacar Afganistán. Así, el ejército estadounidense lanzó el explosivo no-nuclear más potente que posee, durante un operativo contra los terroristas del Estado Islámico y su infraestructura.

En medio de esta coyuntura internacional, la idiosincrasia impredecible del Comandante en jefe de la primera potencia mundial genera mucha especulación. Luego de incorporarse al conflicto sirio que él mismo había prometido evitar y de ofrecer una ventaja lucrativa a cambio de apoyo al gigante asiático que suponía culpable del déficit nacional, ¿ha sucumbido Donald Trump a la realpolitik?

Cuando mucho se mantiene incierto sobre su verdadera postura internacional y todavía es muy anticipado concluir que ha abandonado su enfoque inicial, es importante insistir en que no importa cómo ni con quién Donald Trump maneje su política exterior, lo que él realmente parece querer es ser visto como lo contrario a Barack Obama. De esta manera se puede entender no solo la represalia al ataque de armas químicas en Siria, sino también otras posiciones que el presidente de los Estados Unidos ha defendido: desde intentar negociar, una vez más, la conciliación entre Palestina e Israel, hasta contactar al presidente ruso Vladimir Putin, en un período en el que él y Obama no dialogaban.

Trump ha actuado decisivamente donde Obama no lo hizo, y eso, en Washington, ha sido recibido mayoritariamente con palmas. En el 2013, la administración de Barack Obama se rehusó a tomar acción militar en Siria después de haber prohibido el uso de armas químicas y nucleares, acción que fue criticada como poco agresiva al enfrentar la dictadura de Bashar al Assad. Ahora, después de la apresurada decisión de Trump en respuesta a un inhumano ataque químico, miembros de la bancada demócrata se encuentran en la incómoda posición de celebrar a un líder que todavía temen y desaprueban.

Lo que no es claro aún es qué significa la ofensiva en Siria respecto a las metas estratégicas más amplias de los Estados Unidos. Una contundente operación militar debe ser reforzada por una política persistente y prudente vinculada a la guerra civil. Los riesgos que cualquier acción militar específica presenta al marco internacional siempre deben medirse anticipadamente y el presidente debe entender que no solo su país decide su agenda, sino que esta se le impone. En el 2009, cuando Barack Obama asumió la presidencia, no sabía que el Estado Islámico surgiría, que detonaría una guerra civil en Siria o que Rusia anexaría a Crimea, pero aun así tuvo que tomar posiciones en dichos actos. Aunque Trump ahora quiera demostrar una doctrina racional, esta siempre se verá afectada por los conflictos externos.

Especialmente después de las recientes acciones, las relaciones con Rusia, que en un momento parecían estrecharse en alianzas, se han visto debilitadas. A tan solo 97 días de gobierno, Putin calificó la intervención estadounidense en Siria como un golpe serio a la relación de ambos países, siendo Moscú el principal soporte del régimen de Assad los últimos años. El factor de Rusia demuestra entonces, que el hecho que Trump sea nuevo a las complejidades del poderío cosmopolita es otro componente determinante en su política exterior.

Finalmente, esto deja al presidente ante la siguiente disyuntiva: ser el líder que pone a “América primero”, o el líder de la “nación indispensable” que han sido todos los presidentes americanos desde el final de la Guerra Fría. Pero Trump debe responderse también si es que quiere ser él o la negación de Barack Obama. La identidad política del excéntrico presidente de Estados Unidos sigue en duda y podemos asegurar que nos seguirá sorprendiendo.

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