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[Análisis] Crimen organizado y tráfico ilícito: la insurgencia del siglo XXI

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El ‘efecto globalización’ trae consigo una serie de reformas políticas orientadas a una reducción de barreras comerciales e inversión en capital impulsadas por un crecimiento tecnológico, generando una energía desenfrenada en el comercio global. Tanto la aparición de nuevas formas de insurgencia, el crimen organizado y el tráfico ilícito, como la falta de un firme régimen político, conllevan a una destrucción de reglas establecidas, en la política, el sector privado y el gobierno de un país.

Primero, el crimen organizado genera pérdida de credibilidad del Estado. A pesar de no buscar el poder político, presiona al ente regulador para seguir operando, lo que trae consecuencias políticas. No tiene ideología ni principios políticos, sino motivaciones económicas que se sostienen a través de la oferta de servicios con fuerte demanda, pero que son ilegales o escasos, como el tráfico de objetos y de personas, lavado de dinero, evasión fiscal y corrupción. Su principal objetivo es no tomar el poder sino reformularlo para beneficiar sus actividades.

Sin embargo, estos grupos terminan ejecutando una influencia sobre el Estado, adquiriendo un rol en lo político, pues piden acciones donde lo tienen como principal ente regulador. Esas acciones son protección y compromiso, incremento del presupuesto de seguridad pública, pérdida de confianza en los funcionarios públicos, entre otros. Hay una presencia clara del crimen organizado en el poder político y las estructuras estatales, a pesar que sus intereses directos no son esos. Estos grupos necesitan mantener la presión sobre el Estado para garantizar la correcta ejecución de sus actividades, sin esto no podría garantizar su prevalencia dentro de la sociedad.

Segundo, el tráfico ilícito transforma el sector privado y rompe “las reglas ideales” de comercio. Es un mercado puro e irregular, con información imperfecta, afectado por las condiciones locales y no solo por la oferta y la demanda globales. Ofrece rutas alternativas para cada transacción y reduce el riesgo de mostrarse en evidencia. “Los principales integrantes del comercio ilícito han alcanzado una influencia política directamente proporcional a sus enormes beneficios”. A raíz de la globalización, el comercio ilícito se ha transformado en tres sentidos: ha aumentado inmensamente de valor, ha diversificado su espectro de productos y actividades, y las distintas especialidades comerciales ilícitas del pasado se han combinado, al tiempo que los transportistas, distribuidores e intermediarios han pasado a tener más importancia que los productores. Entonces, el tráfico ilegal ha recibido una notable transformación por las mismas razones que la globalización.

Este tipo de comercio está profundamente imbricado en el sector privado, en la política y en los gobiernos. Se han visto incentivados por una demanda creciente, la aparición de fuentes de abastecimiento ante inexistentes y una regulación gubernamental ineficaz. Este alcance es justificado por una complicidad activa de los gobiernos, o una sólida infraestructura comercial; empresas legales, grandes y visibles.

Los gobiernos están perdiendo largas batallas, a pesar de los castigos existentes para quienes infrinjan la ley ya que no hay evidencias de alguna victoria gubernamental aplastante e irreversible sobre ninguno de esos tipos de comercio ilícito. El hecho de capturar a peligrosos contrabandistas no asegura una reducción del narcotráfico, sino un reajuste del mismo, aparición de nuevos actores. Gracias a su alcance global e influencia política que les proporciona el dinero, los contrabandistas ha acumulado un inmenso poder y no son solo ellos, sino hay más actores involucrados. Hoy las condiciones para el tráfico ilícito son mejores que nunca. Los traficantes pueden sacar el máximo provecho explotando las diferencias de precio entre países o el ahorro de costes derivado del robo.

En la actualidad, lo peculiar de este tipo de comercio, es su carácter extremadamente descentralizado en cuanto a sus redes. Brinda oportunidades a sus integrantes de forma bastante eficaz, ya que los empresarios ilícitos alcanzan a muchas más opciones que antes. Además, la existencia de múltiples jefes, lleva a que “no hay un corazón o cabeza a los que apuntar”. Las redes mejoran todas las estructuras pasadas al menos por cuatro razones: refleja los avances tecnológicos; reduce el coste de las operaciones y disminuye los riesgos, especialmente, el de ser descubierto; brinda un control del mercado, y con él los mayores beneficios a los extremos representados por la oferta y la demanda; y por último, al igual que todo negocio, los comerciantes que triunfan son los que cuentan con opciones, es decir, mientras más opciones tengan menos atados estarán a un producto concreto, diversificación del portafolio.

Emely Cóndor
Estudiante de Economía de la Universidad del Pacífico. Cinéfila de corazón. Investigadora inquieta. Adicta a los dulces y al café.
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