CULTURA

Opinión: Linkin Park en Lima

Fuente: Studio 92

Linkin Park no se canta, se grita con todos los pulmones como lo hace Chester. Ahora los que fuimos a su concierto el jueves pasado podemos dar fe de ello. Pocas bandas hoy en día se suben al escenario con las ganas de dejarlo todo ahí.

Si comparamos la actitud de Justin Bieber en su último concierto con este, son dos mundos aparte. Justin, por más que sea un artista muy talentoso, se le vio apático, flojo y ni siquiera ocultaba el uso de playback (que a sus fans parece no molestarle porque van a verlo, no escucharlo). Del otro lado, Chester y Mike corrían de un lado al otro del escenario, donde cada sílaba que pronunciaban venía con una carga emocional intensa. Cuando los integrantes de un ensamble traen esa energía, el resultado es uno solo: el público se vuelve absolutamente LOCO.

Soy un fan confeso de Linkin Park, pero por un momento analizo el concierto como si fuese cualquier expectador que de curioso compró su entrada sin saber qué esperar. Uno llega, se compra algo de comer o tomar, conversa con sus amigos y espera que comience el show. Se apaga esa música de ambiente (que por si no sabían su función principal es para que los ingenieros de sonido calibren sus equipos), se bajan las luces y comienza la espera. De repente, salen todos y comienza la locura. Esa emoción es el virus más hermoso del mundo, ver cómo un grupo de desconocidos por un momento tienen un punto de convergencia y saltan como hermanos. Cantan como si la vida no tuviese problemas, como si no existiera otro momento más que ese y por un instante son libres, están vivos. Ahora, súmenle la intensidad de Chester y Mike y todos estaban completamente en trance, de inicio a fin.

El setlist

La parte más difícil del concierto para ellos es armar un setlist que sea balanceado entre su nuevo material y los clásicos que la gente quiere. Es normal que un grupo evolucione sonoramente como consecuencia de su madurez, pero tienen que darse contra la realidad que la gente va específicamente porque los ha asociado con un estilo muy particular y eso es lo que buscan. Como marketeros, sabemos que el cliente siempre tiene la razón pero aún así, el nuevo álbum es el pretexto de la gira así que tiene que ser prioridad. Por este motivo, se alterna entre canciones nuevas y clásicas. Cuando el nuevo repertorio ya deja de tener la atención del público, se lanza un clásico para reactivar a los espectadores. Ocurrió con One Step Closer, que en los primeros segundos la gente miraba de un lado al otro, preguntándose si ese momento era real y se desató la locura. Luego nuevamente volvieron a sus canciones recientes con la gente reactivada.

El momento de la noche

Todos los conciertos, para mi, tienen un “momento”. Esa fracción de segundo que se te queda en la retina, en la piel, en los huesos. Para mí fue la introducción de Faint, tema con el que cerraron la el penúltimo bloque. Volteé a ver a mis amigos, nos entrelazamos y saltamos como una sarta de salvajes, como si el mundo se fuese a acabar. Miré hacia atrás y vi un mar de personas rebotando como si fueran un cardumen de peces con celulares. Inolvidable.

Franco Banda
Productor Musical/Ingeniero de Mezcla y Mastering Freelancer. Estudiante de Música de la UPC. Master de Music Production & Technology de Berklee Online. Desayuno, almuerzo y ceno música todos los días de mi vida.
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