BOHEMIA

Reseña: El silencio luminoso de Claraboya, de José Saramago

jose saramago

El Premio Nobel de Literatura de 1998 no era del todo desconocido en Portugal en la primera mitad de la década de 1950; algunos cuentos suyos habían sido publicados en periódicos y revistas, con frecuencia  rubricados bajo el pseudónimo  “Honorato”; además, una novela  llamada Tierra del pecado, editada en 1947, inauguraba el currículum novelesco de quien también se vio obligado a desempeñarse como mecánico, aunque sin mayor eco en la prensa y la crítica literaria lisboeta.

En 1953 el escritor concluyó una novela de más de trescientas páginas, de título Claraboia (nombre en idioma original), y vislumbró una falsa esperanza de la publicación de ésta, gracias a la intervención de un amigo periodista, pues su obra acabó siendo refundida en un cajón empolvado de un escritorio burocrático que no se abrió sino muchos años más tarde, cuando José Saramago era un nombre universal.

El autor de El evangelio según Jesucristo recusó una posible publicación tardía de la novela, pero no descartó el hecho de se publique póstumamente (cuando su memoria cesase junto con la decepción que le produjo en su juventud la actitud indiferente y desdeñosa de los editores con aquel libro), y si es que así lo deseaban y decidían sus herederos, quienes, naturalmente, no tardaron en manifestar su aquiescencia luego de la muerte del longevo Saramago, en el año 2010.

No es su mejor novela, eso es indudable; no obstante, en ella encontramos muchísimas imágenes, ideas y formas narrativas que germinarían después una obra merecedora del Nobel. Objetivamente, Claraboya no presenta un estilo innovador; su estructura y fondo se asemejan a los generales del siglo XIX, incluso en las usuales intromisiones del narrador, que opina sobre los personajes y en cierta manera los alaba o condena, común en escritores como Víctor Hugo y Balzac. Sin embargo, hay en la mayoría de las descripciones un elemento poético y melódico recargado de símbolos ya pertenecientes a algunas corrientes vanguardistas de inicios del siglo XX. Y sus personajes contienen, de modo acabado y profundo, características marcadas de las grandes pasiones y bajezas del ser humano; el bien y el mal son temas de discusión entre ellos, quienes dan la impresión de tener vida propia (seres ficcionales logrados) y pensamientos definitivos acerca de las nociones más trascendentes de la experiencia de la existencia en un mundo deformado o conducido por el dinero, la ambición y la avidez de superación material, sin importar los medios para alcanzarla.

El lector se enfrenta en todas las escenas con la palabra silencio. Así como se llamó Claraboya, pudo llamarse Silencio, aunque ambos términos no distan e incluso pueden ser equivalentes. Una claraboya es un portar o vidrio transmisor de luz; la luz del sol filtrada por una claraboya inunda cualquier lugar de una densidad que puede resultar brillante u opaca; cuando más bien enturbia el ambiente, suele reinar el silencio que condesciende a la melancolía. Y si reverbera, el resplandor también suscita silencio, pues quien lo percibe atentamente se deslumbra ante la percepción de lo antónimo a tiniebla.

A pesar de ello, silencio, luz y claraboya son metáforas de la cotidianidad paralela de los miembros que se refugian de la realidad en una especie de vecindad, pero, sobre todo, son hilos conductores entre las historias de cada una de las familias, es decir los túneles por los que la novela encuentra imbricación y complemento; en suma, la vida mediocre de gente desesperanzada, enclaustrada en la burbuja de edificios pequeños y empobrecidos por el tiempo y el descuido involuntario de los moradores carentes de aspiraciones, de alegrías verdaderas. También percibimos vanidad, una vanidad que surge del sentimiento tan humano e inmortal, presente mientras haya vida y un plato de comida, denominado dignidad.

A Claraboya se la debe leer sin pretensiones estéticas, se la debe leer como una entrada diáfana hacia las profundidades insondables, pero sí describibles, del afligido corazón humano.

claraboya

Fuente de imagen: Google Images

 

José Manuel Carneiro
Escritor. Bibliófilo. Estudiante de Humanidades de la Universidad de Piura.
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