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Reseña: “La última tarde” – La originalidad de lo frecuente

Para la última edición del Festival de Cine de Lima pasado escribí una pequeña reseña sobre “La última tarde” solo para informar qué novedades traía este evento, lo que quizás me llevó a meditar muy poco sobre esta película. Si mal no recuerdo, una cosa que se me quedó en la cabeza por un rato fue que en el Perú hemos tenido y seguiremos teniendo películas cuyas estructuras recaen en el contexto del conflicto armado interno o se refieren a este. Es un tema tan recurrente que ya no sorprende incluso encontrarlo repentinamente dentro de una trama. Sin embargo, también pensé en una cuestión que ahora que he vuelto a ver la película afirmo, y es que frente a un tema tan explotado por las artes, lo que hay que valorar y apreciar es la originalidad y docilidad con la que se aborda dicho tema. En este segundo intento de reflexionar sobre la película, quisiera enfocarme justamente en eso: la originalidad con la que “La última tarde” aborda el conflicto armado interno.

En primer lugar, lo que hay que rescatar es la sencillez de la película. Yo diría que es bastante minimalista por su trama misma. Los personajes caminan por algunos lugares de Barranco y Miraflores esperando que regrese el juez que los tiene que divorciar. La película abarca, en este sentido, una cuestión de horas en la que acompañamos a estas dos personas en una conversación sobre cosas que quedaron pendientes desde hace diecinueve años. De eso se trata, así de simple. Me llama la atención ver una película peruana de este tipo, ya que solo han sido necesarios dos protagonistas en los que se enfoca absolutamente toda la película. Casi siempre tenemos varios personajes y distintos escenarios, que buscan enriquecer la trama, pero esta logra ese objetivo enfocándose concretamente en esa conversación entre ambos.

Esto me lleva, por otro lado, a hablar sobre el diálogo. Si la película se va a enfocar específicamente en esa conversación tan importante entre los personajes, entonces el diálogo debe ser probablemente la cuestión más trabajada de la película. En mi opinión, creo que esta conversación surge de forma muy natural, llegando finalmente a temas muy duros sobre la época en que ambos eran militantes de izquierda en una lucha en la que él creía pero ella ya no le veía sentido. Uno cae en cuenta de que hablar sobre ese momento de sus vidas tenía que surgir inevitablemente. Es importante mencionar que ver a dos personas conversar por una hora y media no resulta algo agotador en este caso, más bien, se roba toda nuestra atención. No sé ustedes, pero nunca me había llamado la atención una película peruana sobre todo por su diálogo.

Las actuaciones son algo que vale la pena mencionar. Katerina D’Onofrio que, personalmente nunca la he visto en roles protagónicos, en esta ocasión realiza una actuación que creo se debe felicitar. Lucho Cáceres, por otro lado, nunca ha tenido un mejor papel que este, en mi opinión. Su actuación es increíble y el drama le cae muy bien. Ambos reviven una situación que los marcó durante su juventud y las horas que pasan juntos las dedican a tratar de resolver cuestiones y dudas que quedaron pendientes. Ella se alejó de esa etapa de su vida y podríamos decir que se convirtió en la antítesis de su protesta en aquella época, mientras que él es un hombre que quedó marcado por todo lo que vio y vivió como militante.

En suma, “La última tarde” de Joel Calero, es una gran película. Ha logrado abordar un tema conocido y frecuente de las artes en el Perú con una docilidad necesaria para no cansar y ser, de lo contrario, interesante, lo cual lo hace bastante innovador. Esto es lo magnífico de la película. Sin embargo, algo que no es innovador y es más bien común, es la poca audiencia que tienen las películas peruanas de drama. Quizás fue porque asistí a la última función del día, pero realmente era un poco decepcionante ver la sala casi vacía sabiendo que es una película que vale la pena ver. En todo caso, lo único que puedo decir es que vayan a verla porque este tipo de películas necesitan alcanzar una buena audiencia en los primeros días para que no las saquen de cartelera. Realmente sería una pena que esto suceda.

 

María Fernanda Yáñez
Estudia Antropología en la PUCP. Es aficionada del buen cine y la buena música. Ha tenido clases para aprender a tocar muchos instrumentos, pero no tiene talento para eso.
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