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Opinión: El Apocalipsis no es el fin

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 La palabra “Apocalipsis” evoca el fin del mundo, la terrible conclusión de todas las cosas. Y si somos despistados, quizá solo nos suene a un personaje de la saga X-MEN. Pero hay mucho más tras ese nombre.

El libro

Lo básico: Apocalipsis es un libro, el último del Nuevo Testamento. Apocalipsis es una palabra griega (Ἀποκάλυψις) y significa “revelación”; en las lenguas romances el título se mantiene en griego, mientras que en inglés está ya traducido: Book of Revelations o, simplemente, “Revelations”.

Literatura de crisis

No se trata de un libro, sino de varios (de Abrahán, de Baruc, etc.). Pertenecen a “la apocalíptica”, en boga entre los siglos I a.C. y I d.C. en el contexto del judaísmo tardío y del cristianismo naciente; diríamos que se trató de una literatura-bisagra entre ambas religiones. Su característica principal era presentar un mensaje supuestamente oculto- una “revelación” -sobre el sentido de la Historia y su consumación; para eso usaba imágenes, números simbólicos y relatos de tipo dramático-cósmicos. Los Apocalipsis aparecían en los duros tiempos de desconcierto nacional (dominación extranjera, desastres naturales) o de persecuciones religiosas. Y este último es el caso del libro que conocemos: escrito hacia el 100 d.C., atribuido a un tal Juan (que podría ser o no el apóstol de Jesús), apareció cuando  los primeros cristianos pasaban una doble incertidumbre: el no regreso de Cristo y el aumento de las persecuciones contra ellos. El carácter simbólico del libro servía muy bien para dar esperanza y alentar a los desmotivados: la Historia tiene una dirección, un arquetipo, el fin no será una derrota. Hablando con exactitud, los Apocalipsis son relatos para superar el temor, no para infundir miedo. Y no son, ni pretendieron ser, descripciones sobre un drama final del universo.

El Armagedón

Una palabra que aparece en el Apocalipsis- y  tan famosa como el libro mismo -es “Armagedón”: La palabra es una forma de llamar al Monte Meguido (Har-Meggido) que se encuentra en Israel, a 30 kms de Nazaret, frente al cual se extiende una planicie donde- según el relato del Apocalipsis -sucederá la gran batalla final entre las fuerzas del bien y las del mal, como acto culmen de a la Historia. Por eso, Armagedón se utiliza- popular pero impropiamente -para nombrar la crisis terminal del mundo (guerra nuclear, cataclismo cósmico).

El 666

Este es el número más célebre de la literatura y el que más terror ha levantado: aparece en el Apocalipsis como la señal del Anticristo, como “El número de la bestia”. Y fue la saga  fílmica La Profecía (The Omen, 1976) la que le dio mundial interés al presentar al Anticristo encarnado en el pequeño Damian Thorn: él llevaba el número como un relieve en la piel, escondido bajo el cabello. Pero el cine, ya se sabe, es fantasía y emociones para masas, no necesariamente conocimiento.

El 666 es un número simbólico, esotérico, que solo podían entender los cristianos primitivos. ¿Qué significa? Hay dos lecturas, ambas convergentes: a) siendo el 7 símbolo de “Lo perfecto”, el 6 sería “Lo no perfecto” y la triplicidad del número se leería como “Algo sumamente imperfecto” (6-6-6); b) la otra lectura, más interesante (adecuada para una historia de Dan Brown) va por el significado de un nombre imperial: sumando los valores numéricos de cada letra en “Nerón emperador” obtenemos 666. Es claro: para los cristianos aurorales “La Bestia” fue el emperador Nerón, primero que los persiguió (hacia 64 d.C.). Por extensión todo perseguidor será, desde entonces y siempre, un Anticristo: Juliano, Atila, Napoleón, Hitler, Stalin, serían versiones de este único y simbólico enemigo de Cristo.

El Apocalipsis: un extraordinario libro mitopoético que no pretende- ni puede -predecirnos el fin de todas las cosas.

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