POLITIBLOG

Donald Trump no es Hitler

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Donald Trump es un tipo muy peligroso. Pero compararlo con Hitler es un error.

La tendencia en las elecciones norteamericanas que terminan hoy, y que se ha vuelto costumbre no sólo en EE.UU. sino alrededor del mundo, es comparar al vulgar, racista y xenófobo Donald Trump con Adolf Hitler. Esa comparación, aunque tentadora, es un tremendo error. Digo esto porque este es uno de los memes actualmente en tendencia en Facebook y otras redes sociales en los últimos días:

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Sé que tomo una posición impopular con esto, pero con todo lo espantoso que representa Trump, él no es Adolf Hitler. Pasé un tiempo viviendo en Texas en los dos años que siguieron a la elección de Barack Obama y recuerdo cómo más de uno lo comparaba con Hitler. Por supuesto, la comparación es estúpida. Y aunque con Trump a veces la tentación es grande, especialmente luego de que propusiera prohibir el ingreso de musulmanes a los EE.UU. (lo que ciertamente se presta a comparaciones con el antisemitismo Nazi), la verdad es que ponerlo en el mismo grupo con uno de los mayores genocidas del último siglo sólo degrada una discusión que es muy seria.

Las comparaciones entre Trump y Hitler sólo caricaturizan una crítica que debe ser tomada muy seriamente: que el primero es un estafador que, como sugiere la evidencia de manera abrumadora, es responsable de ataques contra las mujeres y discriminación racial. Su candidatura recuerda, más que al alemán del bigotito, a la de George Wallace, el líder segregacionista que postuló en 1968 (y de hecho ganó el voto en su estado, Alabama). O, si se necesita un ejemplo más cercano, a Berlusconni, el impresentable y autoritario exprimer ministro italiano.

Peor aún, el problema que Trump representa, aunque podría ser mucho peor si gana la presidencia esta noche, no terminará si es que pierde. Esta elección ha dejado dolorosamente claro que la democracia tiene un menor respaldo que antes en los países más ricos, en parte como consecuencia de los cambios económicos, sociales y culturales generados por la globalización. Trump es un ejemplo en EE.UU., pero Marine Le Pen en Francia y Boris Johnson en Inglaterra son otros casos que también deben generar preocupación.

Este es un periodo de transición en el mundo, y como es de esperarse, no queda claro hacia dónde se dirige. Pero queda claro que este periodo de globalización está generando una dislocación profunda en ciertas zonas del globo. Trump es un síntoma de este problema–uno grotesco y nauseabundo, pero síntoma al fin, no la causa.

Alfonso de la Torre
Economista por la St. Mary´s University en Texas y estudiante en la Maestría de Políticas Públicas de la Universidad de Harvard. Desde chico tiene problemas para diferenciar la derecha de la izquierda.
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