POLITIBLOG

En defensa del 2016

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No existe tal cosa como un mal año. O un buen año. Simplemente hay cosas malas y cosas buenas.

Se ha puesto muy de moda acusar al año 2016, que mañana se acaba, de haber sido terrible. No estoy de acuerdo y quiero darles dos razones por qué.

La primera es que no existe tal cosa como un año malo. Hay hechos buenos y hay hechos malos: en qué parte del calendario aterrizan es completamente arbitrario. El mundo es un lugar complejo donde múltiples cosas suceden, y algunas son destacadas por los medios mientras otras pasan desapercibidas. Evaluar un año, por lo tanto, es extremadamente antojadizo. Es más, al enfatizar lo malo sólo contribuimos a ignorar o menospreciar lo bueno. Asimismo, lo que a veces parece un fracaso termina siendo un paso más en el camino al éxito. Basta con mirar el resultado del referéndum sobre el acuerdo de fin de conflicto en Colombia para comprobar esto último: lo que pareció en un inicio un resultado devastador no pasó al final de ser un traspié que sólo reforzó el camino a la paz.

Esto me lleva a la segunda razón por la que hay que mirar al año que termina de otra manera. Desde varios ángulos, el 2016 continuó con varias de las tendencias positivas que hacen de la actualidad, con todas sus fallas y terribles miserias, una era de progreso para la humanidad. Lamentablemente, conflictos como los de Siria y Sudán han elevado el número de víctimas en conflictos en los últimos años, pero al mismo tiempo el número de personas viviendo bajo pobreza extrema se encuentra en mínimos históricos. Y aunque probablemente el 2016 también fue uno de los más calientes en el registro, añadiendo mayor evidencia al deterioro medioambiental de la actualidad, tampoco hay que olvidar que se dieron importantes avances en la ciencia, siendo quizá el más importante el descubrimiento de las ondas gravitacionales. No hay que negar que el surgimiento de Donald Trump en EE.UU. y el voto de Reino Unido para abandonar la Unión Europea significan un golpe duro a la democracia liberal; pero al mismo tiempo quizá esto ayude a las élites a ambos lados del Atlántico a reaccionar y escuchar más a sus pueblos. Y lo más importante, mientras para muchos estos dos hechos son terribles, para otros no es así, y sería importante entender por qué.

El 2016 es pues, un año mixto. Como la vida misma. No perdamos eso de vista.

Alfonso de la Torre
Economista por la St. Mary´s University en Texas y estudiante en la Maestría de Políticas Públicas de la Universidad de Harvard. Desde chico tiene problemas para diferenciar la derecha de la izquierda.
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