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Walk in closet: Diana Vreeland

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A comienzos del siglo XX, las editoras de moda eran conocidas por ser damas de sociedad que se encargaban de vestir a las mujeres de su misma clase social. Las revistas trataban temas como qué usar para una fiesta o qué cocinar para la familia. La imagen de trendsetter que actualmente tienen los editores de moda la creó una mujer a la que ahora se le conoce como emperatriz de la moda: Diana Vreeland.

Diana nació en París, Francia en 1903 bajo el nombre de Diana Dalziel. Creció con inseguridades sobre su apariencia, ya que su madre la criticaba constantemente por no encajar en los estándares de belleza tradicionales. En 1914, su familia se mudó a Nueva York, donde finalmente encontró su lugar en una escuela de danza, practicándola por años bajo la tutela de un maestro ruso. Fue allí donde empezó a desarrollar la deslumbrante personalidad y el estilo personal que la caracterizaría años después. A los 21 años conoció a Reed Vreeland, de quien se enamoró perdidamente, y con quien se casó a los pocos meses, convirtiéndose así en Diana Vreeland.

El trabajo de Reed los llevó a mudarse a Londres, donde gozaron entre fiestas y compromisos, moviéndose en los círculos sociales más exclusivos. Aparte de estas celebraciones, Diana tenía mucho tiempo libre. Para entretenerse, decidió abrir una pequeña boutique de lencería, la cual se volvió muy popular gracias a sus célebres clientes. A pesar de la vida privilegiada que llevaban en esta ciudad, decidieron regresar a Estados Unidos a mediados de los años treinta.

Una noche, ya instalados en Nueva York, Diana bailaba en una fiesta en el Hotel St. Regis, donde fue vista por Carmel Snow, directora de la revista Harper’s Bazaar. Vreeland usaba un vestido de encaje blanco de Chanel y el cabello adornado con rosas blancas a juego. Snow, cautivada por su gran estilo y personalidad, le ofreció un puesto en la revista, a lo que ella respondió que nunca había trabajado, ni había tenido una oficina a la cual ir, e incluso, nunca estaba arreglada antes del mediodía. Confiando en sus instintos, Carmel insistió, diciéndole que se notaba que sabía mucho de moda. Diana no pudo negarlo, y aceptó la propuesta tanto por el reto como por el dinero, ya que lo necesitaba para seguir teniendo el estilo de vida que llevaba en Londres.

Su primera columna fue Why don’t you?, en la cual daba divertidos consejos de moda y lifestyle, muchos de los cuales rompían las reglas sociales de la época.

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Poco a poco, Diana se fue involucrando en otras áreas de la revista, desde descubrir el talento para las sesiones de fotos hasta crear los conceptos detrás de éstas. Su creatividad era incomparable y sus estándares altísimos, haciéndose así conocida como un ícono en la industria, y la única editora de moda de Harper’s Bazaar.

4_harpersDespués de 25 años en esta revista, Vreeland dejó el puesto de editora de moda para convertirse en la directora de Vogue. Posteriormente, en 1971, pasó a ser consultora del Costume Institute en el MET.

Diana Vreeland llevó la moda a una nueva era. Su exquisito trabajo estuvo siempre un paso adelante que el resto, convirtiéndose así en una gran analista de tendencias. Además, hizo que las mujeres de la época que trabajaban fueran vistas como fuertes y elegantes.

Diana fue una mujer que vivió de acuerdo a sus propias ideas, siguiendo sus instintos y dejando lecciones que incluso hoy en día inspiran. Además, dejó la valla muy alta para todos aquellos que buscan hacerse un lugar en el mundo editorial.

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Fuente de imágenes: harpersbazaar.com, heweekly.com, thisisglamorous.com, pinterest.com

Sandra Mathey
Diseñadora de modas egresada de Mod’Art Perú y el Fashion Institute of Technology en Nueva York. Adicta al running y al brunch. Trabaja en trend forecasting mientras espera su carta de aceptación a Hogwarts.
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