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Vida y punto: ¡Bienvenida Marena!

El momento en que Marena llegó al mundo fue para mí como una película, de esas que te emocionan hasta morir y de las que tendrán -sin duda- un final feliz.

Desperté un Martes 25 de Abril aparentemente con dolor de estómago, #mamáprimeriza, pero ese dolor era continuo, así que  tomé tiempo y me di cuenta que era un dolor que venía cada 20 minutos. Desperté al papi de Marena (Stefano), y le dije: “mi amor creo que empezaron las contracciones” y él me contestó: “tranqui, debe haber sido la comida de ayer, porque a mí también me duele, cierra tus ojitos no más” (jaja), y le hice caso pero, como era de esperar, sólo pude quedarme echada en la cama 10 minutos más, pues me entraron los nervios, así que volví a despertarlo.

En ese instante, Stefano saltó de la cama y decidimos ir en búsqueda de mi mamá e ir  directo a la clínica. Ahí nos dijeron que todo estaba bien, #falsalarma, y nos enviaron de regreso a casa. Sentía unos cólicos a la potencia mil, y es que eran las famosas contracciones de esas que las mamis te cuentan. Decidí caminar alrededor del parque #cualcorrecaminos, y cuando ya no pude MÁS del dolor, decidimos regresar a la clínica. Ingresé por Emergencia -la cual estaba llena de gente- y hasta me encontré con una amiga, pero no pude  pronunciar ni una palabra, y es que “ya había comenzado el famoso trabajo de parto”.

Marenita estaba cada vez más cerca, faltaban solo horas para mi gran sueño… ¡¡SER MAMÁ!!

Entre contracción y contracción entró un grupo de doctores a hacerme mil preguntas: ¿cuánto había subido de peso? #wtf  ¿si tenía mucho dolor? (obvio, solo HABÍA que mirar mi cara) y yo solo atinaba a decir: ¡¡EPIDURAL PORFAVOR!!. 

De pronto, apareció Dios (el anestesiólogo), me puso la inyección y regresé a ser la mujer más feliz porque el dolor por fin desapareció; pero fue solo por una hora, porque regresó #ysi ¡regresó con todo! Entonces empezó lo más fuerte: los pujos, escuchar a la obstetra llamar al Doctor -#dondeestabasDoc- diciéndole que ya se veía la cabeza de mi bebé, mi familia y amigas esperando afuera, su papi echándome aire con una revista, mi mamá grabando todo (#graciasma porque ahora tengo todo en un disco duro para Marena). Y así, pasé a sala de partos y la película iba llegando a su fin:  mi princesa ya salía, y no podía parar de pujar, hasta que de pronto apareció el Doc, y grité: Doctor, ¡¡se sale!! Y él me dijo: “Tranquila Gordita”, jaja, y es que él tenía todo calculado (o al menos eso parecía).En ese momento, me di cuenta que Stefano no estaba y pregunté: ¿DONDE ESTÁ EL PAPÁ? Y apareció cual flash.

Fue en cuestión de segundos que abrí los ojos, lo miré y me dijo: ¡¡Ahí está!! Y era mi bebé, mi flaquita, esa personita por la que daría todo en mi vida y por la que entendí el significado del amor más grande e incondicional.

Desde ese día mi vida cambió. De ahora en adelante ya no serían solo nuestros sueños, sino hacer hasta lo imposible  para que se cumplan los sueños de mi bebé. Marena, ¡gracias por esos lindos nueve meses y por todas las aventuras que se vienen juntas!

Thalia Von Bischoffshausen
Comunicadora de profesión, foodstylist y maquilladora profesional en mis tiempos libres. Gastrónoma desde que nací, dulcera hasta decir basta y hamburguesera compulsiva desde hace 3 años y medio. Siempre dispuesta a aprender cualquier cosa que me jale el ojo. Romántica empedernida y mamá gallina que sueña con tener una familia grande y una casa en el campo llena de animales.
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