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Trending: Detrás de un Ironman

Eran las 4:30 a.m. del domingo. Yo sabía que en 4 horas sonaba el pito inicial, pero el sueño no llegaba.  Le mandé un mensaje de aliento a mi hermana y cerré los ojos para tratar de descansar antes de la aventura.  Más rápido de lo que quise, sonó el despertador.  Me bañé, me puse mi polo “Team Jorge” y salí de mi cuarto.  Se respiraba emoción.

Mi cuñado corrió ayer el Ironman 70.3 de Lima.  Teníamos polos y carteles y estábamos dispuestos a hacerle toda la barra que merecía.  Lo vimos entrenando.  Estuvimos en las noches veraniegas de sueño temprano y las mañanas de deporte y manzanas cuando todos disfrutábamos nuestra huachana.

Llegamos.  Lo vimos entrar al mar desde el malecón de Chorrillos.  Su primera prueba: 1.9kms de nado en mar abierto.  Gritamos tanto que la gente desconocida que nos rodeaba también empezó a hacerle barra.  Claramente él no nos escuchó pero quiero pensar que sintió nuestra energía.  Bajamos corriendo por las escaleras, cruzamos a toda velocidad el puente de Agua Dulce y ahí estábamos, empinadas mirando el mar esperando que saliera.

Y salió.  Y gritamos más fuerte porque ahora sí lo teníamos cerca. Sacamos nuestros carteles y gritamos.  Salió cansado pero concentrado.  Salió trotando, directo a transición para ponerse las zapatillas. Ahí lo esperaban mis papás haciendo el mismo escándalo que nosotras hicimos cuando salió del mar. Mi admirable cuñado enrumbó a los 90kms de bicicleta que le tocaban. Eran 3 vueltas a la Costa Verde, desde Chorrillos hasta San Miguel. Me canso de solo pensarlo. Vimos a algunos caerse. Escuchamos pasar ambulancias. Vimos deportistas agotados, personas que llevaban meses entrenando y estaban empezando a sentir que no podían más.   

“Ya, tú miras a la derecha y yo a la izquierda”

Y en eso, el casco turquesa.  “¿Ese es?” “¡Sí, ese es!” “Ya, señor, señora, se llama Jorge.  ¡Griten!”

Pasó mi cuñado. Gritamos, sacamos carteles. Los vecinos de barra gritaron con nosotros. Fueron milésimas de segundo en las que vimos una sonrisa y nos hizo “hola” con la mano. ¡Mi cuñado ya iba en la primera vuelta y seguía con fuerza! Pasó la segunda, volvimos a gritar. Le mandó un beso a mi hermana. En la tercera lo esperamos en transición. Gritamos, saltamos y movimos nuestros carteles. Mi hermana y mi mamá lo esperaban al otro lado, donde tenía que empezar a correr. Hicieron lo suyo. Empezaban los 21kms que iban a dar por terminada la competencia. Ya eran las 12 del mediodía.

Hoy vuelvo a Punto y Coma después de un largo descanso. Vuelvo con aprendizajes de estos meses de silencio, aprendizajes que ayer Jorge me ayudó a ver más claramente.

1-La importancia de ser un equipo

Mi cuñado ha estado entrenando para este Ironman unos buenos meses.  Entrena con un equipo que entiende la dificultad de cada prueba, que comparte experiencias y que da tips para superar los obstáculos.  Qué importante es tener un grupo que entrene para lo mismo que entrenas tú, y que salga a la cancha contigo cuando llega la hora de hacerlo.

Que importante es también tener un equipo externo. Les puedo jurar que jamás he corrido más de 10kms, nunca he montado bicicleta más de media hora y no he nadado en mar abierto más allá de kayak-boya.  Pero ayer, mi familia y yo buscamos ser el máximo soporte que él iba a necesitar, sin importar que no conociéramos realmente el esfuerzo físico que esto estaba conllevando. Gritamos, tratamos de darle ánimos y estuvimos ahí para recordarle que tiene una familia que lo soporta.

2-La importancia de saber parar

Es primera vez que voy a una de estas competencias. Debo confesar que el nivel de estrés que genera estar esperando a la persona que compite es súper alto. Se ve gente caer, se escuchan ambulancias pasar, se ve pasar a algunos valientes que ya están verdes del agotamiento y siguen pedaleando. Lo único que nos dio tranquilidad en su momento fue saber que Jorge había entrenado y que si por algún motivo sentía que no podía más, iba a parar. 

Qué importante es saber parar, no solo por el daño físico y mental que te hace seguir insistiendo sino porque tu entorno sabe que eres consciente de este daño y vas a saber cuidarte sobre todas las cosas. Los momentos más felices de la carrera fueron cuando me tocaba decir “Ya, ahí viene”, verlo feliz y saber que estaba bien, que podía seguir.

3-La importancia de saber que una parte difícil no es el final de la carrera.

El nado es una prueba complicada porque dependes mucho del mar. Lamentablemente, ayer estuvo pesado. Había olas y les tocaba a estos casi 2,000 competidores nadar de todas formas. La gente salía cansada de esta prueba. Algunos vomitaban, otros se agarraban de las rejas. Los médicos estaban atentos.  Era la primera prueba, habían entrenado por meses enteros. ¡Qué difícil salir sintiéndote mal cuando la aventura recién empezaba!

Resalto aquí la capacidad de concentración y persistencia de estos deportistas. Un inicio malo no es el final de la competencia.  Tuvieron que exigirse mucho para ponerse las zapatillas y empezar con la bicicleta pero les aseguro que al final valió la pena.

Cuando se acercaba la hora de verlo cruzar la meta, mi hermana se paró y nos llevó hacia allá. Nos apoyamos en la reja, paradas de puntitas, a buscar la visera negra. 

“Ahí viene…ese es…” 

Prepárense todos, vecinos, porque se viene el escándalo. 

Solo atiné a gritarle “Terminaste”. Después de todo, estaba llegando a la meta y nosotras estábamos ahí para recordarle que en el camino difícil, sin saber a ciencia cierta cómo se siente, siempre tendrá un equipo listo para hacerle barra y apoyar sus objetivos.

Congrats, Ironman.  Felicitaciones de todo corazón.

Daniela Campos
Firmó con la publicidad pero se enamoró apasionadamente de la adrenalina de las ventas. Podría vivir de café y pan con huevo frito. “Go getter”, diría su hermana mayor.
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