LÍNEA DE GÉNERO

Opinión: Cuba y su propaganda arcoiris

Cartasdesdecuba.com

Con el liderazgo de Mariela Castro Espín en el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), Cuba intenta mostrarse como un país inclusivo hacia las personas LGTBI. Sin embargo, antes de olvidar tan fácilmente que con la revolución cubana se persiguió y marginó a los homosexuales, es necesario analizar si esta apertura es un cambio real y sincero o de una de las estrategias de propaganda política a las que acostumbra su gobierno.

Fidel Castro pronunció un 13 de marzo de 1963 la siguiente frase: “La sociedad socialista no puede permitir ese tipo de degeneraciones”. Hacía referencia a la homosexualidad. Como las palabras por sí solas no hacen daño, este discurso vino acompañado de la creación de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) en el 65, que funcionaban como campos de trabajo forzado. Seis años después, el Congreso de Educación y Cultura institucionalizó la homofobia y produjo una mayor represión.

En 1979, la homosexualidad se despenalizó en Cuba y recién en el 2010 el aún presidente en ese entonces, Fidel Castro, como movido por declarar lo políticamente correcto, reconoció las injusticias que se cometieron en contra de los gais. Y apareció la figura de Mariela, hija de Raúl Castro, para corregir el discurso de la revolución y presentarse como una activista LGTBI oficialista.

Para quienes conocen la realidad cubana y han abandonado los mitos que se cuentan de ella, el término derechos humanos y el apellido Castro resultan excluyentes. La dictadura en Cuba vulnera masivamente los derechos y las libertades de su pueblo.

Durante más de medio siglo, la familia de dictadores no solo ha violado los derechos humanos de sus ciudadanos y continúa haciéndolo, sino que ha convertido a estas dos palabras en tabúes. Sus defensores, como bien lo indica el informe Cuba 2016/2017 de Amnistía Internacional, son considerados públicamente como “mercenarios anticubanos”, “subversivos” y “antirrevolucionarios”.

El gobierno en Cuba se muestra muy a favor de las personas LGTBI, pero no admite que estas se asocien libremente y defiendan sus derechos. Siempre deben hacerlo a través del Cenesex, es decir del Estado, y pronunciando frases como “¡Viva Fidel! ¡Viva la revolución”.

En su Informe Anual 2016, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) califica como compleja la situación de los derechos de las personas LGTBI en este país. “(…) si bien a nivel interno se cuenta con algunos avances y reconocimiento de ciertos derechos, la información aportada por organizaciones de la sociedad civil indica que durante el 2016 persisten las situaciones de vigilancia, interrogatorios, acoso, amenazas y detenciones a personas defensoras de los derechos humanos por el desempeño profesional en la promoción y defensa de los derechos humanos de personas LGBTI en Cuba”.

No se puede hablar del respeto a los derechos humanos de la comunidad LGTBI, si un gobierno viola sin ningún tipo de remordimiento los derechos de otros grupos. El mundo debe estar alerta a embusteros que utilizan la bandera arcoíris solo como propaganda y no como una verdadera lucha a favor de estas minorías.

Diego Ato
Comunicador por la Universidad de Piura. Especialista en gestión de proyectos de formación política. Interesado en temas de género y en sociedades cerradas latinoamericanas. Escribe cuentos de terror e infantiles.
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