LÍNEA DE GÉNERO

Línea de Género: Tú eres la culpable

The Eighty8

Situación A: Una reconocida periodista denunció a su expareja, un conocido economista, de violencia física y psicológica. Muchos la culparon por no hablar antes, la culparon por elegir mal a si pareja. Ella compartía la culpa por quedarse tanto tiempo con él. Ella era la culpable de haber incentivado de alguna manera la ira del macho, digo, del novio.

Situación B: Ella sale un jueves de chicas. Va a bailar y antes de subir al taxi, su amiga le dice: Avísame cuando llegues. Ese mensaje nunca llegó. Días después, la policía la encontró muerta lejos de su destino y en la rueda de prensa un periodista pregunta qué llevaba puesto la víctima y cuánto alcohol había consumido. Algunos se indignaron con el feminicidio, otros culparon a víctima de salir sola, de usar minifalda, de ser una chica “que no se respeta”.

Subrayemos la palabra culpa. La culpa es una herramienta con que la sociedad ha ido dominando nuestras acciones, nuestros cuerpos, nuestras ideas. La hemos interiorizado tanto que es parte de nuestra piel y que a veces ni la sentimos. Es una forma de opresión, tal vez la más efectiva en las mujeres. La culpa actúa en todos los aspectos de nuestra vida, y es un arma muy potente, porque si bien se nos enseña, no sabemos cómo sacarla de nuestro sistema. Cómo te dejas de sentir culpable cuando te comes ese pedazo extra de pizza, ¿acaso no te matas media horita más en el gimnasio con la esperanza de quemarla?

La culpa, es una forma de control y manipulación para lograr que pensemos, hagamos y sintamos como quiere la sociedad dominante, llena de valores morales conservadores y estigmas violentos hacia nosotras. Somos juez y parte de un mundo que nos condena y nos ha enseñado a ser condenadas por actos que no son nuestros, si no, contra nosotras.

El ejercicio de mirar hacia dentro de cada una de nosotras y darnos cuenta que tenemos sesgos machistas es doloroso y vergonzoso. Duele admitir que a veces somos parte del problema y no de la solución, duele ver en nosotros y en la gente que nos rodea y queremos, actitudes que ante el mundo despreciamos, pero que en nuestros círculos apañamos. El machismo nos ha afectado a todas y hemos interiorizado tanto estas lógicas discriminatorias que a ya ni lo notamos.

Yo sé que no es fácil admitir que el chico que tanto queremos tiene actitudes machistas cuando nos dice que por ser mujer no entendemos de futbol. O cuando nuestra madre nos dice: ¿así vas a salir? Arréglate un poquito hijita. Es una actitud machista, porque entre líneas te está diciendo que no se te ve bien, y que te arregles para atraer miradas, porque puedes conocer al amor de tu vida en la panadería y tú estas despeinada, en buzo y pantuflas. Y obvio, el amor de tu vida no te miraría vestida así. Es tu culpa estar sola, ni haces el intento por arreglarte para asegurarte un flaco con quién pasar el verano.

La culpa es algo muy católico. “Si te portas mal, diosito te va a castigar”, le dices a tu sobrino para que te deje de molestar mientras chismeas con su mamá. Te sientes culpable cuando prefieres pasar un domingo viendo la maratón de netflix. Te sientes culpable cuando te chapas a alguien y no te acuerdas cómo se llama. Nos han criado en culpa y es tan normal que ni la reconocemos. Vivimos infundiendo culpa y sintiéndola a diestra y siniestra; trasladándola a nuestras relaciones familiares, sentimentales, amicales, etc. Nos embarga en muchos aspectos de nuestra vida. Nos enseñan de culpa pero no nos enseñan a quitarnos ese sentimiento.

Esta es una invitación a examinarnos, a hacer un ejercicio de introspección, mirar hacia dentro y escarbar en lo más profundo de nuestro ser para extirpar de raíz esos tumores ramificados que son esos (mal llamados) micromachismos. En lo personal considero que nada del machismo es micro. Ya que el gobierno está decidido a quitar el enfoque de género de nuestra educación, seamos nosotras las que erradiquemos el machismo y la culpa de la crianza, cuestionemos cada cosa que consideramos normal, es pesado, doloroso, hasta aburrido, pero es muy útil para romper esa cadena machista en la que hemos crecido.

Andrea Malca
Comunicadora feminista comprometida con la defensa de la igualdad y los derechos humanos. Fan del café, la cerveza artesanal y Mary poppins.
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