LÍNEA DE GÉNERO

Opinión: La “homosexualización” que escandaliza

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ATV viene emitiendo la telenovela mexicana Amar a muerte, la cual fue mundialmente conocida por el fenómeno Juliantina. Esta palabra hace referencia a la unión de los nombres de Juliana y Valentina, quienes, después de tener una amistad bastante cercana, descubren que están enamoradas. En una de las escenas, transcurrida en una piscina, Valentina le enseña a nadar a su amiga y, en medio de la cercanía, ambas terminaban entregándose a un beso. Sin embargo, esta fue “cortada” por el canal peruano.

Resulta casi increíble que hoy, en pleno 2019,  este tipo de escenas no puedan ser tomadas con naturalidad. Hace poco, la gerenta de Seguridad Ciudadana de La Victoria, Susel Paredes, y su esposa fueron noticia debido a que, en primera instancia, una resolución ordenó al Reniec la inscripción del matrimonio que habían contraído en Estados Unidos. A causa de ello, algunos canales de televisión hicieron reportajes y en ellos ambas se besaban.

Esto fue motivo de críticas por haberse transmitido en horario de protección al menor un “domingo familiar”. No obstante, muchas de estas personas que protestan es la misma que celebra y ríe a carcajadas cuando se parodia a un personaje homosexual.

Por años, Fernando Armas dio vida al ‘Chisiricosoro’. Su colorido cabello y llamativa vestimenta era, pues, lo que representaba “ser homosexual en Perú”. Y si de evitar “confundir” a los niños se trata, podría decirse que lo contrario hace Edwin Sierra, quien por años ha interpretado a ‘La Fuana’, con tal éxito que incluso lo ha llevado a poner un circo al cual acuden varias familias en las vacaciones de julio y, dentro de muy poco, a protagonizar la película Mi novia es él. Hace no tantos años, la teleserie Mil oficios batía récord de sintonía y albergaba entre sus personajes a Armandito, un homosexual dueño de ‘Armando’s Coiffure’. Porque, claro, ¿a qué otra cosa podía aspirar un hombre homosexual en el Perú sino es a ser peluquero?

Para quienes crecieron en los 90 y no gozaban del privilegio que significaba tener televisión por cable, los besos de Thalía y Fernando Colunga eran bastante comunes en todas las novelas de nombre María. Estas se transmitían de tarde y era casi inevitable que un niño viera cómo la antagonista, Soraya, desvistiera a su víctima y lo cubriera con una sábana para acostarlo a su lado para sugerir que habían tenido relaciones sexuales.

Esos mismos niños que crecieron viendo las escenas anteriormente relatadas, crecieron también viendo los apasionados besos que Mía Colucci le diera a Poncho en la telenovela juvenil RBD,  o los que le diera Tomás a Luna, Vico o Fernanda –dependiendo de quién fuera la novia de turno– en Rebelde Way, sin que nadie se escandalizara. La propia televisora tampoco había decidido “cortar” estas escenas para proteger la “inocencia” de los adolescentes.

Entonces, ¿por qué hoy se “corta”, como si de pornografía se tratase, las escenas que impliquen manifestaciones de afecto entre una pareja conformada por dos personas del mismo sexo? La respuesta a esta pregunta probablemente antepondrá argumentos morales o religiosos, que carecerán de objetividad y no irán más allá de un “porque no es normal”.

Claudia Sandoval
Abogada por la Universidad de Piura. Amante de la lectura, el cine y el café.
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