ALTO RELIEVE

Alto relieve: La arquitecta y el acoso en la construcción

Ninguna mujer que haya pasado cerca de una construcción podrá negar haber sido ultrajada verbalmente. Uso una palabra fuerte como ultrajada para describir la realidad de lo grave que significa para la dignidad de una mujer la falta de respeto a su aspecto y persona a través de comentarios y pifidos a distancia. Este artículo, sin embargo, no tratará de el acoso cotidiano sino del experimentado en el interior de una construcción a través de anécdotas sobre casos de acoso que he sido testigo dentro de una obra.

La arquitecta, así como su homónimo masculino, puede tener un rol de proyectista, administradora, supervisora entre otros, de acuerdo al proyecto y trabajo que realicen. Sin embargo, cuando se trata de realizar labores relacionadas directamente a la construcción como la supervisión de obra, desde nuestra calidad de mujer, la percepción a nuestra persona como profesional cambia. ¿A qué me refiero? A que a pesar de ser tratadas en la vida diaria como iguales y profesionales siendo hombre o mujer arquitecto, en el mundo de la obra de construcción donde el 99% del género de trabajadores es masculino, la presencia de una mujer es inferior a la de un hombre según la cosmovisión general a pesar de tener el mismo grado de instrucción.

¿En qué baso la percepción machista de las obras de construcción?

Al pensamiento retrograda de una micro sociedad masculina de la construcción que reniega, ofende y ataca al prójimo femenino por su calidad de género y no por su desarrollo profesional.  Para sustentar lo mencionado a continuación ciertos casos que experimenté para compartir experiencias que no deben repetirse en ningún caso.

Anécdota 1:

Hecho 1:  Día 1, debido a que la estructura modificaba el espacio proyectado, se le pidió al maestro de obra y al ayudante que no edificaran una tabique de ladrillo en una habitación.

Hecho 2: Día 2, el tabique fue edificado y tarrajeado a pesar de la indicación expresa.

Hecho 3: Se me indicó que por ser mujer, las instrucciones debían ser a través del dueño para que se realicen.

Es en ese momento, que mi inconsciente sintió que retrocedió muchas décadas atrás donde el ser mujer significaba no figurar y lo peor no ser tomada en serio. Lamentablemente, no sabían con quien se toparon y las personas que me conocen saben que esta situación no quedaría ahí.

Hecho 4: Se les indicó a todos los involucrados en la obra que en adelante deberían firmar un acta sobre cada modificación a realizar y de no realizar las indicaciones hechas por mi persona se les descontaría de su pago/jornal el costo del trabajo no realizado.

La anécdota quedó ahí porque desde la posición de gestor de obra no podían ir en contra de sus propio beneficio, lo lamentable era que se debió llegar a una situación de amenaza para lograr un trato igualitario.

Anécdota 2:

Hecho 1:  Dos obreros estaban realizando una labor de edificación de muro, sobre una altura mayor a 2.10 m. Sin implementos de seguridad.

Hecho 2: Se les indicó que debía de detener su labor, pasar una charla y equiparse de los implementos de trabajo en altura para continuar con su labor.

Hecho 3: Los trabajadores se refirieron a la supervisora con comentarios como: amargada, vieja, por eso te vas a quedar solterona, vete a cocinar.

Hecho 4: El hecho 2 se le comentó al superior, el cual habló con los trabajadores entre risas y jergas diciendo que no le hagan caso a la chiquilla y que no le digan nada.

Esta anécdota es lamentable, porque una mala acción es avalada por un superior quien en su calidad de género solapa actitudes machistas en contra de la un profesional por su calidad de mujer.

Anécdota 3:

Hecho 1: Se le indica a dos trabajadores que realicen la labor de bruña entre el concreto antiguo y el nuevo para evitar fisuras. Se le da una razón y argumento al trabajador sobre una acción basada en conocimiento y experiencia.

Hecho 2: El trabajador asiente con la cabeza, se retira y le pregunta a otro supervisor de género masculino si lo que estaba haciendo estaba bien.

Hecho 3: El supervisor masculino le explica nuevamente lo ya mencionado por la primera supervisora, sin embargo en este caso lo acepta sin titubeos y realiza la acción.

Hecho 4: El hecho 3 desata la ira de la arquitecta y le comenta lo sucedido al otro arquitecto, el cual sale en su defensa y le indica que debe de hacer caso a todo lo que indique la arquitecta.

En este caso, uno se da cuenta que dentro del pensamiento del trabajador existe el prejuicio que el género femenino no es de fiar, lo cual está muy enraizado en la cultura de cada persona.  La actitud del segundo supervisor mejora esta situación sin embargo el trabajador no cambia su forma de pensar solo modera su comportamiento de acuerdo a la indicación de un superior masculino.

Por lo tanto, a partir de las anécdotas descritas se busca transmitir la percepción de que existe en la construcción todavía se mantiene pensamientos en contra de la mujer como profesional. Se cuestiona en cada decisión o acto su profesionalismo basado en el estereotipo derivado de su calidad de género en vez de su calidad profesional. Existen personas que directamente no tienen dichas actitudes pero que con su indiferencia o burla son cómplices de una actitud reprochable e indigna. Sin embargo, también existen trabajadores y profesionales de construcción que sin reproches han sobrepasado estos paradigmas y respetan de igual manera al género femenino, tengo el agrado de haber conocido a personas así que tienen mi más grande cariño y respeto. Las mujeres ingenieras, arquitectas, administradoras, profesionales o no en general no deberíamos tener que defender nuestros conocimiento o posición, tenemos el mismo reconocimiento profesional siendo hombre o mujer. 


Fuente de imagen: www.integral.edu.ar

Verónica Cárdenas
Arquitecta graduada de la PUCP. Hiperactiva, políglota y apasionada por las causas justas. Directora de VCV ArchStudio. Regateadora de corazón y viajera empedernida.
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