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Trending: Mamá, ya no me gusta Barbie

La semana pasada, después de la fiebre Navideña, paseaba por la sección juguetería de un supermercado y escuché a una señora preguntándole a su hija, de aproximadamente 8 años, si le había gustado la muñeca que le regalaron en Navidad. La niña le contestó “Mamá, ya no me gusta  Barbie”. Segundos después, vi a la misma niña en la zona de las Polly Pocket.

En ese momento recordé el día en el que dejé de jugar con Barbie. A los 12 años mis muñecas pasaron a ser adornos en un estante. Otras, las más viejas, fueron encerradas en una caja. Jugar con Barbie, ya no era divertido.

En el 2001 lanzaron al mercado las muñecas Bratz[1], una versión evolucionada de la Barbie, con cabeza grande y ojos saltones, más divertida, pero, sobre todo, más “cool”. Años más tarde, aparecieron las Monster High, muy parecidas a la Bratz, pero con una historia tenebrosa detrás de cada mirada transparente.

Frente a una nueva imagen de “mejor amiga”, las ventas de Barbie se vieron afectadas. Aparentemente, Barbie cumplía con la funcionalidad de una muñeca, poder llevar la mejor compañía en donde y a donde quieras. Sin embargo, el valor simbólico seguía siendo aspiracional, centrado en la belleza y perfección, dirigido a una generación que no le interesa la perfección, sino tener una personalidad que va más allá de la belleza.

La relación con nuestras marcas favoritas es muy parecida a una relación de pareja. Una vez que logran captar nuestra atención, tendrán que hacer de todo para no dejarnos ir. En nuestro modo consumidor, los cambios generacionales también son evidentes. Nuestra mente es cambiante. Con el tiempo, respondemos y conectamos de manera diferente con las marcas. Es así como se puede explicar el comportamiento de la niña de 8 años en el supermercado o nuestro comportamiento con algunos juguetes, cuando llegamos a cierta edad.

Las muñecas de moda, físicamente, son lo más alejadas al ser humano, no son bellas, pero tienen todo lo que las niñas de ahora buscan: diversión y personalidad propia. Al parecer, para las niñas de ahora, una forma de pedirle a Barbie que se jubile es no incluirla en su lista de regalos.

Está claro que las nuevas generaciones de niños quieren diferenciarse de sus padres y hermanos mayores. Para ello, las marcas tienen el reto de crear nuevas estrategias de conexión emocional, para un público cambiante. Es así como el espacio asignado para Barbie en las góndolas, está siendo invadido por una nueva ola de juguetes que, tal vez, a nuestra generación nos cueste entender por qué son los favoritos de los niños.


Fuente de imagen

Pinterest

[1] http://www.elmundo.es/

María Fernanda Román
De profesión, Publicista con especialización en Marketing. Vive enamorada de la Psicología del Consumidor y el Branding. Dicen que la curiosidad mató al gato…y fue así como llegó al mundo del eCommerce. Adicta a la Fotografía y los Tridents.
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