EDITORIAL

Editorial: ¿Meritocracia en el Estado peruano?

Andina

Las últimas semanas ha habido un amplio debate respecto a la meritocracia en el Estado peruano. Básicamente, la polémica se ha centrado en el Congreso, primero, por la llamada Ley Orgánica de la Junta Nacional de Justicia y, segundo, por el despido de más de cien trabajadores del Parlamento por supuestamente ser “recomendados” de una bancada.

Legisladores de todas las vertientes, políticos, periodistas y opinólogos (así se les denomina ahora) han salido a defender la postura de solo contratar o colocar en cargos a las personas por sus méritos. Vaya moralistas. Hemos sido testigos de argumentos hipócritas.

Seamos sinceros, ¿cuándo ha existido la meritocracia en el Estado peruano? ¿Algún historiador o especialista en el tema podría afirmar categóricamente que en algún momento de la historia (al menos de la republicana) existió tal cosa?

No hay que ser Aristóteles, Platón o Sócrates para darse cuenta de quiénes son nuestras autoridades. El ejemplo más claro es el propio Congreso. ¿Realmente creemos que todos los que tienen una curul, antes de ser parlamentarios, llegaron a su partido o se destacaron por mérito propio? La respuesta es evidente.

Lo mismo ocurre si analizamos las instituciones que forman parte del Gobierno central y de los gobiernos regionales y locales. ¿Todos aquellos que trabajan en los ministerios o municipalidades realmente llegaron ahí por mérito propio? ¿Alguien se cree ese cuento? Seguro que hay quienes sí, pero habría que ser muy ingenuo para pensar que aplica para todos.

Cuando se tuvo que debatir la paridad en la Ley Orgánica de la Junta Nacional de Justicia, que finalmente no fue aprobada, saltaron varios a criticar la propuesta. Unos lo hicieron por el simple hecho de que la iniciativa surgió de la izquierda (porque ahora es común criticar a esta facción por cualquier motivo) y otros por hacerse los correctos, éticos o defensores de la verdad. El argumento más sonado (y el más hipócrita) fue precisamente el de la meritocracia, pues aducían que no es adecuado colocar una “cuota” para permitir que mujeres formen parte de esta Junta por el simple hecho de serlo.

Estamos todos de acuerdo en que lo ideal en toda democracia es que las cosas funcionen por meritocracia, pero, ¿realmente se aplica? Claro, cuando se trata de “aplastar” las ideas de alguien, todos son moralistas. Sin embargo, si se empezara a hacer una depuración en las instituciones del Estado y solo se tuviera que dejar a aquellos que llegaron por méritos propios (entiéndase sin recomendaciones de absolutamente nadie), probablemente el 95% de plazas se quedarían vacías.

Ya sea que esta iniciativa de la meritocracia proceda de la izquierda, de la derecha o de los “moderados” (centro), en cualquier caso es fingimiento puro. Doble moral. Hipocresía. Si la gente que está en el poder quiere hacerse la puritana defendiendo esta postura, sería bueno que empiece a ser coherente retirando a aquellos que no llegaron por mérito propio, incluso deberían dejar el cargo si eso los involucra a ellos mismos. A ver con cuántos nos quedaríamos.

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