ECONOMÍA

Reseña: “De vuelta a la economía de la Gran Depresión” de Paul Krugman

Norma.1999. 258 pp.

En un mundo golpeado por la grave crisis económica (y moral) del 2008 y cuyos efectos todavía son percibidos por gran parte de la población mundial en su conjunto; donde los “monstruos económicos” como la recesión, el desempleo y la devaluación son temas comunes en las discusiones sobres los problemas sociales que deben resolver los gobernantes del orbe, y muchas interrogantes aún siguen sin resolverse, este libro termina adquiriendo una importancia sin igual para intentar entender qué nos pasó, cómo llegamos a situaciones de hace más de 80 años que parecían extintas pero que para sorpresa (sospechosa muchas veces) de los analistas, se repitieron con un ímpetu  inimaginables durante las últimas décadas, sin dejar lugar a reacción alguna. ¿O sí?. Con un lenguaje que aterriza buena parte de la críptica teoría económica, Paul Krugman, Nobel  de Economía 2008, nos da su impresión sobre estos hechos.

“De vuelta a la economía de la Gran Depresión” un texto publicado en el año 1999 adquiere una vitalidad única al leerse, porque nos narra el proceso de recesión de  las economías del pujante sudeste asiático, la “crisis del tequila” en México y sus implicancia en Argentina (¡Que se encuentra al otro lado de América Latina!) y la relación entre la deuda externa de Rusia y la caída del real, la moneda de nuestro vecino, Brasil ,dos países en diferentes hemisferios. En un mundo globalizado y abierto al mercado y la libre competencia desde la caída del Muro de Berlín, existe un innegable mayor dinamismo en las economías de la mayoría de países, por lo cual es posible que un inversor japonés fije sus planes futuros en una economía centroamericana. Del mismo modo, es posible aprender lecciones de las crisis que suceden en países de continentes lejanos geográficamente pero que pueden ayudarnos a encontrar la receta para curar males similares.

“El milagro asiático” todo un fenómeno tratado en infinidad de libros de las más diversas disciplinas, hizo que el mundo tuviera una visión obtusa de estos países que estaban desarrollándose de una manera vertiginosa, haciendo que la mayor parte de Occidente los pusieran en un pedestal casi sagrado, no dejando ver los errores que estaban ocurriendo, ya que se creía que éstos se arreglarían por sí solos. No se hizo caso al problema que sufrió México en el año 1994, cuando la crisis financiera se originó  por  políticas económicas incorrectas que si bien se subsanaron, causó una debacle que dejó daños irreversibles en el desarrollo productivo, habiéndose podido resolver con un análisis objetivo más sensato. Por ello resultó increíble que tan sólo tres años después el mundo sea testigo de cómo la “economía burbuja” de Japón reventaba luego de un proceso largo, lento y doloroso derivando en una “trampa de liquidez” angustiante; cómo la caída del bath de Tailandia, una nación al parecer “insignificante” generó una reacción en cadena y arrastraba a sus vecinos,  los llamados “tigres asiáticos”: Indonesia y Malasia, incluso a Corea del Sur, una nación casi del Primer Mundo; y finalmente cómo el declive de la nación rusa,  tuvo implicancias directas en la crisis de Brasil en el ocaso del siglo XX. Hay un patrón común a la hora de explicar las causas de las mismas: en muchos casos negligencia por parte de los gobernantes, devaluaciones deficientes de las monedas locales, un clima de incertidumbre altísima, tasas de interés no reguladas a tiempo y especulaciones por todos lados y de las más diversas clases. La aparición de nuevos “villanos de saco y corbata” tuvo un papel decisivo que se describe muy bien en los últimos capítulos de la obra.

Opino que es uno de los mejores libros que se ha escrito  sobre la economía actual en los últimos 20 años, porque nos da una visión global muy objetiva de los temas macroeconómicos más relevantes hoy en día. Un capítulo que me agrada en especial  es “Amos del Universos: Los fondos de cubrimientos de riesgo y otros villanos” que aborda el papel que tuvieron los fondos de cubrimientos de riesgo, el Fondo Monetario Internacional y Washington en la resolución de la crisis. Los primeros tuvieron un papel para nada decentes, ya que conspiraron en muchas ocasiones, empujando por un abismo a países ya enfermos ganando cantidades sumamente cuantiosas de dinero con un juego de especulación en el que la pérdida de confianza, los problemas crediticios de los bancos y una deficiente devaluación  de la moneda crearon un círculo vicioso en el que el pánico y la desesperación fueron el denominador común. Se jugó de una manera riesgosa y condenable moralmente, que si bien resultó bien en la caída del valor de la libra esterlina en el año 1992 haciendo que Gran Bretaña saliera a flote,  sólo produjo un enfrentamiento directo con Hong-Kong, la meca del capitalismo de libre mercado, un paraíso para el comercio de libre albedrío que tuvo que tomar decisiones drásticas que dejaban atónitos a la comunidad internacional.

A veces el orgullo de las naciones debe dejarse de lado para ver la realidad de una forma más clara como debió suceder en la “nación del Sol naciente”, porque los gobernantes pueden nublarse y tomar decisiones apresuradas llevados por una fe incierta en el futuro. Es increíble cómo las lecciones dejadas en la década de los 90 no fueron aprendidas y siguen generando males económicos que no hacen más que perjudicar a los países que aparentemente parecían inmunes a ellos. No se trata, como bien resume Krugman, en crear nuevos modelos, sino de reestructurar los antiguos aplicando “nuevo trucos”, defendiendo la postura neo-keynesiana. La solución no será la misma para todos los países es cierto, pero no debemos caer en un pozo de nerviosismo que solo conlleva a decisiones erradas y sin sentido. En toda crisis, hay ganadores y perdedores, pero como vemos, los ganadores se benefician por la falta de restricción de parte de los gobiernos en el mercado.

No se trata de volver muy grande la participación del Estado en los mercados, más un ajuste correcto y un línea de regulación periódica no afectaría considerablemente la confianza de los inversionistas. No basta con un elocuente crecimiento económico del PBI para decir que se está mejorando sustancialmente, aunque este sea un factor muy importante. De lo que se trata es de saber guiar una política monetaria de la manera más correcta, con bancos centrales que tengan una influencia importante ya que se puede actuar de manera correctiva a tiempo en muchos casos. Y recordar finalmente que ningún país por más poderoso que sea, está libre de sufrir los males mencionados en el libro.”De vuelta a la economía de la Gran Depresión” está dirigido no sólo a estudiantes de las ciencias económicas, sino al público en general que esté buscando respuestas a los sucesos de estas dos últimas décadas. Muy recomendable.

Sebastián Uribe
25 años. Economista de la Universidad de Piura y administrador de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Estuvo en el curso de Economía del BCR. Ha publicado reseñas en El Dominical, El Roommate y Solo Tempestad. Su blog personal es “Un perro romántico”. En la actualidad anda buscando espacio para sus libros.
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