ECONOMÍA

Opinión: La economía de compartir

Fuente: Philosophers for change

¿Alquilarías una habitación libre de tu casa a un extraño por algunas noches? Hace algunos años, la respuesta más común habría sido “definitivamente, no”. Hoy, en cambio, miles de personas lo hacen a través de plataformas como Airbnb y Couchsurfing. Esto es un ejemplo de sharing economy, una industria que permite obtener ingresos a partir del alquiler de un activo en desuso –por ejemplo, aquella habitación libre en nuestras casas– o la prestación de un servicio.

Las empresas de este sector actúan como intermediarios, al poner en contacto a alguien que tiene un bien sin utilizar o un servicio que ofrecer con otra persona que lo necesita. Así, por ejemplo, nació BlaBlaCar, una página web y aplicación que permite a conductores con asientos libres en sus autos ofrecerlos a personas que viajan en la misma ruta y transportarlas a cambio de una pequeña tarifa.

Sin embargo, no todas las formas de sharing economy implican un intercambio monetario. Si necesitas instalar unas repisas, definitivamente no es conveniente comprar un taladro cuando solo lo utilizarás esta vez y lo tendrás guardado por varios meses o años antes de que lo necesites nuevamente. Aunque aún es poco utilizada en Perú, Peerby es una página web que permite pedir prestado o prestar una herramienta u objeto a alguien de tu vecindario.

A pesar de que se han vuelto parte de nuestro día a día, algunas iniciativas de sharing economy son rechazadas por muchos. Uber, por ejemplo, nació como una plataforma que permite a conductores obtener un ingreso extra en su tiempo libre transportando a otras personas. Sin embargo, en muchas ciudades de Europa y Estados Unidos compiten con los taxistas oficiales. Ellos han protestado contra la aplicación por considerarla un competidor desleal, ya que los conductores de Uber no cumplen con las regulaciones de ese mercado. Un caso similar es de Airbnb en Barcelona. Allí, los vecinos reclaman que están siendo desplazados de los vecindarios cercanos a las zonas turísticas y que las viviendas se destinan ahora al alquiler temporal a turistas. Recientemente, el Ayuntamiento de Barcelona ha exigido a Airbnb eliminar de su página web a mil propiedades que no cuentan con licencias para ser alquilados como hospedaje turístico.

En el Perú, el sector de sharing economy es aún pequeño, pero está creciendo rápidamente. Por ejemplo, solo en Lima ya hay más de 5,900 propiedades ofrecidas en Airbnb. Sin embargo, este número es menor al registrado en otras capitales de la región como Bogotá, Buenos Aires y Santiago, donde esta cifra se ubica entre 7,000 y 8,000. Además, recientemente se han creado iniciativas locales de sharing economy. CarCool, una plataforma que permite a personas de una misma organización –como una universidad– conectarse y compartir un viaje en auto. A la fecha, más de 1,500 estudiantes la utilizan de manera recurrente.

Las empresas de sharing economy crecen no en base a la adquisición de nuevos activos, sino por la capacidad de conectar a personas que ya los tienen –autos, habitaciones, herramientas– con aquellas que los necesitan. Así, Airbnb se posiciona como una de las empresas líderes de alojamiento sin hoteles y Uber como una de transporte sin taxis.

Luis Cerro
Estudia Economía en la Universidad del Pacífico y trabaja en el área de Estudios Económicos de Apoyo Consultoría. Tiene experiencia en consultoría, inversiones y periodismo económico. Miembro del equipo ganador de la fase local del CFA Research Challenge 2017. Ha participado en Modelos de Naciones Unidas en Australia y Estados Unidos como miembro del equipo Peruvian Universities. Interés en política y economía internacional. Le gusta viajar, leer y el buen café.
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