ECONOMÍA

La economía del comportamiento en las políticas públicas

Fuente: Zanda

En 2008, Richard Thaler[1] y Cass Sunstein[2] publicaron el libro “Nudge: Improving Decisions about Health, Wealth, and Happiness”. Esta obra marcó el antes y el después en la aplicación de la economía del comportamiento en las políticas públicas.

En 2009, Barack Obama nombró a Sunstein como jefe de la Oficina de Información y Asuntos Regulatorios de la Casa Blanca. Al año siguiente, el gobierno del Reino Unido estableció un Equipo de Ideas Conductuales, BIT por sus siglas en inglés (Behavioural Insights Team). Asimismo, en 2014, la Casa Blanca inauguró el Equipo de Ciencias Sociales y de Comportamiento (The Economist, 2017).

Este cambio no se limita a los gobiernos. Desde el 2015, el Banco Mundial tiene un equipo especializado en la aplicación de esta rama de la economía[3] en 52 países. Mientras que las Naciones Unidas están adoptando tácticas similares con miras a alcanzar sus “Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030” (The Economist, 2017).

Si bien las estrategias utilizadas son variadas, todas utilizan los mismos principios de la psicología conductual para diseñar y evaluar intervenciones (The Economist, 2017). De acuerdo a estos principios, para modificar el comportamiento es necesario que las “buenas” decisiones sean fáciles, atractivas, sociales y oportunas (EAST, por sus siglas en inglés).

No obstante, es crucial definir y delimitar una de las principales estrategias de la economía del comportamiento: Nudging. Nudge, en español “empujar” o “empujón”, es una herramienta de la economía del comportamiento que consiste en incentivar un comportamiento deseado a través de incentivos indirectos.

Cass Sunstein ofrece una guía concisa para definir un “empujón”, con tres elementos clave. En primer lugar, éstos conservan la libertad de elegir. Algunas intervenciones pueden ser descritas como “paternalismo suave” al influenciar las decisiones de las personas en una dirección concreta. Sin embargo, incluso en estos casos los “empujones” están diseñados para que el individuo tenga la libertad de elegir la dirección opuesta (Sunstein, 2014). Sunstein hace un paralelo entre los “empujones” y el GPS de un auto: te indican una ruta, pero tú tienes la libertad de seguirla o no.

En segundo lugar, las intervenciones deben ser transparentes y estar sujetas al debate público. Finalmente, los “empujones” deben estar basados en evidencia, como toda política pública. Algunas estrategias parecen prometedoras al inicio, mas fallan cuando son aplicadas en el mundo real. Las pruebas empíricas no solo revelan si la intervención tendrá el efecto deseado, mas pueden incluso indicar si alguna variación de la misma puede ser más efectiva (Sunstein, 2014).

La guía proporcionada por Sunstein resalta también que en toda situación está presente un sistema que influye en las decisiones de las personas. Por ello, los “empujones” no crean incentivos donde no los había antes, sino que reemplazan los que ya existían. Este es uno de los principales puntos de discusión en el debate sobre la aplicación de la economía del comportamiento en la intervención pública.

Fuentes:

Sunstein, Cass (2014). Nudging: A Very Short Guide. Consumer Policy (37).

The Economist (Marzo, 2017). Policymakers around the world are embracing behavioural science. The Economist, Print Edition [online]

 [1] Thaler recibió en 2017 el Premio Nobel de Economía por sus aportes a la Economía del Comportamiento.

[2] Sunstein es el fundador y director del Programa de Economía del Comportamiento y Políticas Públicas en la Escuela de Derecho de Harvard.

[3] Mind, Behavior, and Development Unit (eMBeD).

Lucía Valdivieso
Estudiante de economía de la Universidad del Pacífico. Amo al Perú y sueño con contribuir a mejorarlo. También me gusta viajar, cocinar y tomar fotos.
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