ECONOMÍA

La cultura del ahorro en Latinoamérica

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En la publicación del BID, Ahorrar para desarrollarse (2016) abordan la pregunta de ‘¿por qué deberían ahorrar las personas–y las economías?’ desde una perspectiva distinta a la típica. La respuesta típica suele centrarse en la necesidad de ahorrar para protegerse ante shocks en el futuro y moderar el consumo durante los tiempos difíciles. Afirman que, si bien esa perspectiva es relevante, lo que realmente importa es ahorrar para prosperar en los tiempos buenos. Así, los ahorros generados pueden ser utilizados de manera más eficiente para potenciar el crecimiento y el desarrollo. 

Situación de ahorro en América Latina

El ahorro en América Latina y el Caribe es bajo no solamente en comparación con otras regiones, sino sobre todo en relación con sus propias necesidades de desarrollo y mejora de equidad (BID, 2016). Como se ve en el gráfico a continuación

la región ahorra entre 10 y 15 puntos porcentuales del producto interno bruto (PIB) menos que los países más dinámicos de Asia emergente.

Fuente: Banco Interamericano de Desarrollo (2016)

Entre los factores que limitan el incremento de las tasas de ahorro en la región están (1) la ausencia de instrumentos de ahorro adecuados, (2) el estado de los sistemas jubilatorios, (3) la política fiscal, (4) las distorsiones en los mercados financieros, entre otros.

Respecto al primer punto, solo alrededor de 16% de la población adulta de América Latina y el Caribe declara que tiene ahorros en un banco, comparado con un 40% en Asia emergente y un 50% en las economías avanzadas (Banco Mundial). Esto se debe a diversos factores, entre ellos la desconfianza en las instituciones financieras, que llevan a los hogares a ahorrar a través de mecanismos informales o a simplemente no ahorrar. Respecto al segundo punto, los sistemas jubilatorios cubren a menos de la mitad de la población y su sostenibilidad a largo plazo es un problema generalizado que enfrenta la región. Respecto a la política fiscal, el BID (2016) señala que los incentivos distorsionados producen un sesgo en el gasto público hacia los gastos corrientes y lo alejan de la inversión a lo largo del ciclo económico.

Educación financiera

Existen retos importantes en términos de ahorro a nivel hogar en América Latina y el Caribe. Entre ellos están los altos costos para acceder y usar el sistema financiero, la falta de confianza en dicho sistema, la regulación financiera deficiente, el escaso conocimiento sobre cómo funcionan los bancos, las presiones sociales y los sesgos de conducta (BID, 2016).

Una manera de crear una cultura del ahorro en América Latina y el Caribe es la educación financiera. El informe Determinantes Socioeconómicos de la Educación Financiera, realizado por CAF (2016),  afirma que la educación financiera puede tener un gran impacto en el bienestar de las familias, así como en la inclusión social, ya que facilita el uso efectivo de los productos financieros y ayuda a que las personas desarrollen las habilidades para comparar y seleccionar los que mejor se adapten a sus necesidades.

El informe está centrado en los casos de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú. Señala que las personas con un nivel educativo bajo, los residentes en zonas rurales, los jóvenes y los adultos mayores son los grupos con menos capacidades financieras y, por lo tanto, los que menos ahorran. Por último, también afirma que, para mejorar las decisiones financieras de los individuos, los gobiernos deberían crear estrategias diferenciadas para fomentar el ahorro en cada segmento de la población, particularmente es los sectores con menores capacidades financieras. En general, es un hecho que el ahorro en la región es escaso y existen limitaciones para incrementarlo. Promover más y mejor ahorro es una necesidad urgente.


Fuentes:
Valeria Jarama
Economista de la Universidad del Pacífico. Escribe sobre temas de economía del desarrollo, educación y políticas públicas.
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