ECONOMÍA

Opinión: Cómo ser hospitalarios no nos hace tontos

RPP, 2017

“Hemos expulsado a más de cien extranjeros ilegales. Serán más de 300 en julio y 600 a fin de año. PERÚ ES HOSPITALARIO PERO NO TONTO”.

Esta fue la frase con la que nuestro ministro del Interior nos coronó en abril de este año. Más allá de las graves deficiencias diplomáticas de su comportamiento; su expresión permite el escarnio de quienes opinan que los extranjeros son delincuentes y roban puestos de trabajo. Sin embargo, lo cierto es que la inmigración no es per se perjudicial para nuestro país.

La lógica económica simple dicta lo siguiente: cuando los inmigrantes entran en el país, la oferta de mano de obra se expande y el salario de mercado cae. Los inmigrantes compiten con los trabajadores nacionales por un puesto de trabajo. De esta manera, los trabajadores nacionales podrían ser desplazados si es que no compiten adecuadamente con esos migrantes, o en términos económicos, si su productividad marginal es menor. Bajo esta lógica, ¿deberíamos permitir la libre inmigración?

En un país como el nuestro, donde gran parte de la población no es educada, la mano de obra calificada es escasa. Por ello, la inmigración resulta beneficiosa al reducir la escasez de habilidades y aumentar la productividad promedio. Asimismo, al aliviar los cuellos de botella de mano de obra, los migrantes permiten que las empresas sean más eficientes y mantengan los precios bajos de bienes y servicios.

Del mismo modo, diversos estudios mostraron que si los inmigrantes traen consigo el capital humano o físico (estudios, vivienda, pensiones, acciones, etc.), la migración puede aumentar la velocidad de convergencia del PBI de un país en aproximadamente 10 por ciento (Barro & Sala-i-Martin, 1995).

¿Entonces por qué tanta oposición a la inmigración? Muchos trabajadores nacionales ven la inmigración incontrolada como la inevitable ruptura de un contrato implícito: aquel en donde el Estado se ocupa de ellos. Se presenta así, una tensión entre la inmigración y el estado de bienestar. Estos temores son totalmente válidos en un país que aún es pobre institucionalmente y que, por ende, debe implementar una buena regulación para que la inmigración de trabajadores no se convierta en un arma de doble filo.

Ciertas recomendaciones de políticas públicas pueden catalizar los beneficios y disminuir los daños de la inmigración:

  • Primero, imponer beneficios a los inmigrantes, de forma condicionada a haber contribuido al sistema. Contribuciones como las de cualquier ciudadano: impuestos, prestaciones sociales, etc.
  • En segundo lugar, mejorar la tasa de participación de los migrantes. Si los migrantes altamente calificados están empleados en puestos de trabajo que son proporcionales a sus habilidades, y si los rendimientos de las habilidades son compartidos con la población nacional; el PBI per cápita del país puede mejorar.
  • Finalmente, es necesario establecer los requisitos de entrada para que las personas que ingresen al país tengan las aptitudes y características que se solicitan en el mercado de trabajo.

No se puede permitir la ilegalidad en los inmigrantes; sin embargo, no se debe tampoco permanecer necio ante las realidades internacionales. Hace un poco más de 20 años que el Perú se sumía en una profunda recesión, y que Venezuela se constituyó en la cuna de muchos peruanos migrantes. Ahora, el actual proceso migratorio, nos ha convertido en anfitriones. Este proceso ha obedecido, en mi opinión, a distancias políticas o diferencias de riqueza respecto de nuestros vecinos. Estas distancias bien pueden revertirse en unos años. Es momento de aceptar el capital humano y físico que recibimos y adaptarlos de tal modo, que los hagamos beneficiosos para nuestros fines como país.

Barro, R., & Sala-i-Martin, X. (1995). Economic Growth. Londres: McGraw-Hill.

Moody, C. (2006). Migration and Economic Growth: A 21st Century Perspective. Wellington: New Zealand Treasury.

 

Naara Cancino
Estudiante de Economía de la UP. Pienso que la economía es la herramienta perfecta para entender la realidad, y las políticas públicas los medios por el cual se la transforma. Considero que mi línea de pensamiento es lo más cercano al progresismo. Apasionada por la historia y la política. También fotografío retratos y vida cotidiana de nuevos lugares como aficionada pero con muchas ganas.
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