ECONOMÍA

¿Cómo acabamos con la corrupción?

Fuente: Canal N

En los últimos días, IDL-Reporteros difundió un reportaje en el que destapan una red de tráfico de influencias en el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), que incluye la negociación de una sentencia a favor del violador de una niña de 11 años. Sí, así de graves son los hallazgos de esta investigación. Hallazgos que confirman, una vez más, por qué es casi imposible hacer justicia en el país, así como lo estructural que es este problema. Necesitamos una reforma del sistema de justicia y de las instituciones que lo conforman. No podemos seguir por este camino.

Fuente: América TV Noticias

Desde una mirada académica, quiero compartir algunas ideas que podrían tener resultados positivos para acabar con la corrupción. No pretendo ser reduccionista; la solución implica mucho más que implementar estas experiencias.

Olken (2007), en Indonesia, encuentra resultados positivos del monitoreo de programas sociales en los niveles de corrupción (inflación presupuestal), cuando este es realizado por supervisores del programa o actores externos. Los resultados son positivos frente al monitoreo realizado por pares o beneficiarios del programa. El estudio implementa un diseño experimental y encuentra, además, que la posibilidad de recibir un monitoreo (a pesar de no recibirlo), también reduce el nivel de inflación presupuestal.

De manera similar, Ferraz y Finan (2011) encuentran en gobiernos locales de Brasil que las reelecciones reducen la cantidad de recursos apropiados por los gobernantes en su primer mandato. Los resultados son más potentes en aquellos distritos en los que existe más cobertura mediática; es decir, en los que existe más acceso a la información para los ciudadanos. Ashworth (2012), por su parte, muestra que mayor competencia entre candidatos políticos y mayor acceso a información reducen la corrupción en gobiernos locales. Ambos autores concuerdan en que la información permite a los ciudadanos “castigar” a los gobernantes en siguientes elecciones.

Algunas aplicaciones como “The Integrity App”, “Cityflag” o “Yo di un moche (soborno)” utilizan reportes ciudadanos y bases de datos del sector público para identificar la corrupción. En el Perú, propuestas como el “Observatorio de Integridad” (Transparencia, Proética, Universidad del Pacífico y PUCP), la aplicación “FINALCAD” o la “Iniciativa Funes” de Ojo-Público hacen esfuerzos similares.

Sin embargo, los resultados siguen siendo desalentadores. De acuerdo con el Índice de Percepción de la Corrupción 2017 (IPC) de Transparencia Internacional, Perú se ubica en el puesto 96 de 180 países. La corrupción le cuesta al país entre 3% y 5% del PBI cada año y, según un estudio de Yamada y Montero (2011), los más afectados son los trabajadores independientes e informales, que destinan alrededor del 5% de sus ingresos anuales al pago de coimas.

Más aún, un estudio cualitativo de la psicóloga Susana Frisancho (2015) con 13 jueces especializados en anticorrupción (Perú) encontró que los participantes no eran capaces de identificar la corrupción como una transgresión moral. Sus principales reacciones emocionales se activaron por temor a las sanciones y no de manera intrínseca. Es decir, no reconocen que la corrupción está mal, ni que le hace daño al funcionamiento de la sociedad.

Por último, pero no menos importante, la educación es un camino indiscutiblemente necesario para erradicar la corrupción en el largo plazo. Particularmente, el enfoque de Educación Moral de Lawrence Kohlberg, con bases en la psicología del desarrollo moral, es una alternativa muy potente. Según Kohlberg, las escuelas deben convertirse en espacios democráticos en los que se tomen decisiones a través de procesos de razonamiento moral en el que estén involucrados los estudiantes. La comunidad educativa debe funcionar de esta manera para poder trascender y transformar la sociedad. En África, a través de las Naciones Unidas se viene utilizando un enfoque similar para reducir los niveles de corrupción en Tanzania.

Es necesario acabar con la corrupción. El daño a la sociedad es enorme y no solo limita el desarrollo del país, si no que afecta a las personas más vulnerables. Como a una niña de 11 años que probablemente no haya encontrado justicia debido a una negociación clandestina entre jueces. Por ella y por todas las víctimas de la corrupción de las instituciones del país, es hora de cambiar.

Fuentes:

  • Olken, B. A. (2007). Monitoring corruption: evidence from a field experiment in Indonesia. Journal of political Economy, 115(2), 200-249.
  • Ferraz, C., & Finan, F. (2011). Electoral accountability and corruption: Evidence from the audits of local governments. American Economic Review, 101(4), 1274-1311.
  • Ashworth, S. (2012). Electoral accountability: recent theoretical and empirical work. Annual Review of Political Science, 15, 183-201.
  • Yamada, G. y Montero, R. (2011). Corrupción e inequidad en los servicios públicos en el Perú. Lima: Universidad del Pacífico, CIES. Documento de Trabajo nº87
  • Frisancho, S. (2015). Jueces y corrupción: algunas reflexiones desde la psicología del desarrollo moral. En: Marianella Ledesma Narváez (coordinadora): Justicia, Derecho y Sociedad. Debates interdisciplinarios para el análisis de la justicia en el Perú. Lima: Tribunal Constitucional del Perú, Centro de Estudios Constitucionales, pp. 99-115.
  • Power, C.; Higgins, A. & Kohlberg, L. (1991). Lawrence Kohlberg’s Approach to Moral Education. Columbia University Press.
Hans Frech
Psicólogo dedicado a disminuir las brechas de la pobreza a través de políticas educativas y sociales. Fanático del fútbol, el cine y la naturaleza. Ciclista entusiasta.
Click to comment

Deja tu comentario

Loading Facebook Comments ...

Leave a Reply

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

To Top